Séptimo mandamiento: no cometerás adulterio

El séptimo mandamiento está registrado en Éxodo 20:14: “No cometerás adulterio”.

Dios se propuso que la relación sexual entre un esposo y una esposa sea un vínculo exclusivo e íntimo para fortalecer la relación matrimonial.

El relato de la creación muestra el maravilloso propósito de Dios para hombres y mujeres y para el vínculo matrimonial. “Y dijo el Eterno Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.…

“Entonces el Eterno Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que el Eterno Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.

“Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamad Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:18, 21-24).

Por lo tanto la prohibición del sexo extramarital—adulterio—fue diseñada para proteger la santidad del matrimonio y mostrar la importancia de la fidelidad.

El espíritu del séptimo mandamiento

Jesucristo explicó con más detalle el séptimo mandamiento para mostrar el espíritu de la ley. Él dijo que aún mirar lujuriosamente es adulterio mental: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:27-29).

Algunas personas en el primer siglo, y en la actualidad también, consideraban que se debe dar rienda suelta a los apetitos naturales. El apóstol Pablo describió este enfoque y lo rebatió en su primera carta a los corintios. “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1 Corintios 6:13). Pablo explicó que el Dios que creó nuestros cuerpos y quiere vivir en nosotros, quiere que seamos puros.

Nosotros debemos huir de la inmoralidad sexual: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1Corintios 6:18). No debemos ceder a los deseos sexuales y la tentación; debemos seguir el ejemplo de José quien huyó ante la insinuación sexual de la esposa de su amo (Génesis 39:6-20).

Todo sexo fuera del matrimonio es prohibido

Toda tipo de sexo fuera del matrimonio es prohibido. Pablo dijo que el sexo premarital, el adulterio, la homosexualidad y otros pecados le impedirían a una persona la entrada en el Reino de Dios: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, no los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10).

Pero Dios provee la manera de abandonar las malas prácticas y pecados sexuales a través del arrepentimiento y la conversión: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11). Dios ofrece lavar nuestro pasado pecaminoso y darnos un corazón limpio y puro.

El sexo dentro del matrimonio es puro y bueno: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4). No permita que la sociedad le haga creer que el sexo no tiene ningún valor, y lo convierta en una necesidad fisiológica , algo que tiene que ser satisfecho a toda costa, o un deporte hedonista y extremo. Lea las advertencias de Salomón acerca del atractivo de la inmoralidad y sus consecuencias en comparación con la dicha de un amor comprometido (Proverbios 5:1-20).

La conclusión poética de Salomón es: “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña?” (Proverbios 5:18-20).