Tercer mandamiento: No tomarás el nombre del Eterno tu Dios en vano

El tercer mandamiento prohíbe el lenguaje profano, la blasfemia y las maldiciones: “No tomarás el nombre del Eterno tu Dios en vano”.

El tercer mandamiento está registrado en Éxodo 20:7. No tomar el nombre de Dios en vano significa no tomarlo a la ligera y nunca usar el santo nombre de Dios para maldecir irreflexivamente. Éste es quizás el pecado más común en la actualidad, ya que el lenguaje profano es ampliamente utilizado en la televisión y en la industria cinematográfica. Pero Dios nos dice que dejemos de usar las blasfemias y el lenguaje obsceno y que bendigamos en lugar de maldecir.

El apóstol Pablo escribió a los cristianos de Colosas: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca” (Colosenses 3:8). Él también dio esta instrucción a la iglesia en Roma, “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis” (Romanos 12:14).

Reverenciando y representando a Dios apropiadamente

En lugar de usar su nombre en vano con lenguaje profano, nosotros debemos reverenciar a Dios y representar su nombre bien. Jesucristo exhortó a sus seguidores a dar el ejemplo correcto para que la gente glorificara el nombre de Dios. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).

En contraste, Pablo advirtió que nuestras acciones erróneas podían difamar el nombre de Dios: “Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros” (Romanos 2:23-24, aludiendo a pasajes del Antiguo Testamento tales como Isaías 52:5 y Ezequiel 36:22).

Oraciones y alabanza en lugar de lenguaje profano

Jesús nos dijo que el nombre de Dios debe ser “santificado” en nuestras oraciones (Mateo 6:9). Es decir, debe ser guardado santo.

El libro de Salmos y muchas otras partes de la Biblia dan ejemplos de la alabanza y honor que se deben dar al nombre de Dios. He aquí algunos pocos ejemplos:

  • “¡Oh Eterno, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!” (Salmo 8:1).
  • “Tributad al Eterno, oh hijos de los poderosos, dad al Eterno la gloria debida a su nombre; adorad al Eterno en la hermosura de la santidad” (Salmo 29:1-2).
  • “Bendice, alma mía al Eterno, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, al Eterno, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila” (Salmo 103:1-5).
  • “Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. Él revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz” (Daniel 2:20-22).
  • “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11).

Orar en el nombre de Jesús

¡Es sorprendente que Jesucristo de a sus seguidores el gran privilegio de orar usando su nombre! “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:14).

Nosotros no debemos usar mal este privilegio; no es como un genio en una botella. Debemos pedir sólo de acuerdo a su voluntad, no egoístamente. Como escribió el apóstol Juan, “Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15).

En lugar de usar lenguaje profano, debemos “hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él” (Colosenses 3:17).

Si usted desea estudiar más acerca del uso respetuoso del nombre de Dios en oración, busque en este sitio el artículo “Cómo orar”.