Cómo estudiar la Biblia

¿Cuál es la mejor forma de estudiar la Biblia? A continuación les daremos unas pautas para estudiar la Biblia y progresar en cuanto a la perspectiva y el entendimiento.

Muchos productos vienen con un manual para el propietario que le explica cómo se debe usar el producto. Desafortunadamente, algunos de estos manuales son muy técnicos y difíciles de entender, lo que hace que el propietario cometa errores y se sienta frustrado. ¿El resultado? ¡Que el producto no funciona bien y el propietario se siente insatisfecho!

Para algunos, el estudio de la Biblia puede ser una experiencia igualmente frustrante. A continuación les daremos algunos principios que debemos tener en cuenta cuando examinamos el manual que Dios nos ha dado de su creación para que podamos evitar esta frustración.

Entender quien es Dios

La Biblia contiene conocimiento que Dios ha inspirado para que aprendamos. Para entender lo que Dios nos está tratando de enseñar, debemos primero reconocer quién y qué es Él.

Como el benevolente creador de nuestro universo, Dios es el ser más poderoso que existe (Génesis 1:1; 1 Crónicas 29:11). Dios es un espíritu invisible y Él gobierna su creación con amor perfecto y sabiduría desde su trono en los cielos. El tiene el poder y la autoridad para fijar estándares para nuestra conducta y exigir que le respondamos cuando estos parámetros son quebrantados. Afortunadamente Él también tiene una increíble capacidad de compasión y misericordia (Salmo 86:15).

Buscar la ayuda de Dios

Las Escrituras describen a Dios como un padre amoroso que disciplina y recompensa a sus hijos, siempre buscando su bien (Hebreos 12:6-7; 1 Juan 3:1). Así como un padre humano desea ayudar a sus hijos para que se conviertan en adultos exitosos, nuestro Padre Celestial desea ofrecernos la ayuda que necesitamos para prepararnos para nuestro destino final—la vida eterna como seres espirituales en su familia (1 Corintios 15:51-53; 1 Juan 2:25).

Cuando escogemos vivir por sus parámetros y aceptar el perdón que Él nos ofrece por haberlos quebrantado, Él promete hacer todo lo que sea necesario para nuestro desarrollo espiritual hasta el final. Pero Él también espera que lo busquemos con todo nuestro corazón. Esto requiere un serio compromiso de nuestra parte a orar y a estudiar la Biblia. A medida que hablamos con Dios y le pedimos que nos ayude a entender su voluntad, crecerá nuestro entendimiento de la Biblia y la forma en que podemos aplicar las verdades que hay en ella (Santiago 1:5).

Tener la actitud de aprender

Al estudiar la Biblia, es esencial que tengamos una actitud dócil, dispuesta a aprender. Así como los niños pequeños creen y aceptan lo que sus padres les enseñan, Dios quiere que nosotros estemos atentos a sus instrucciones y órdenes (Mateo 18: 2-4). Esto significa que debemos aceptar la inspiración divina de las Escrituras y dejar a un lado cualquier idea preconcebida que tengamos y que la Biblia no respalde. Debemos estar dispuestos a ser corregidos en cualquier área en la cual estemos fallando y no vivamos según los parámetros de Dios, para que podemos empezar un proceso personal de cambio, que es lo que Dios espera de nosotros.

Seguir las reglas aceptadas de interpretación

El estudio de la Biblia puede ser una tarea monumental. Fue escrita originalmente en hebreo y griego, en un período de 1.500 años, este libro sorprendente incluye varios estilos de escritura como historia, poesía y revelación profética. Trata una variedad de temas que se entrelazan entre sí y con frecuencia utiliza símbolos que representan sus ideas. Aunque puede ser leída de pasta a pasta, no todos sus libros están en orden cronológico—algunos libros se refieren al pasado, otros al presente y otros al futuro. Algunos se refieren a los tres.

Hallar el sentido de semejante complejidad y tener una perspectiva clara de lo que Dios está tratando de comunicar es un desafío para toda la vida. Sin embargo, tanto los principiantes como los eruditos están sujetos a algunas reglas de interpretación literaria, entre las que se incluyen las siguientes:

La Biblia se interpreta a sí misma

  • Haga un esfuerzo por entender el contexto. Tenga en cuenta el momento histórico, el autor, la audiencia, el tópico que se está discutiendo y cómo fluyen las ideas o el diálogo. Evite leer un significado en una palabra o pasaje que no esté respaldado por el contexto.
  • Lea todas las Escrituras referentes a un tema en particular, no sólo aquellas que parecen respaldar un punto de vista (2 Pedro 1:20).
  • Utilice las Escrituras más claras para interpretar aquellas más difíciles cuando sean aplicables, nunca lo haga de forma inversa.
  • No se conforme con aceptar las contradicciones aparentes—busque explicaciones en las Escrituras para resolver los conflictos potenciales entre dos o más pasajes (Juan 10:35).

Estudie tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento

  • Ambas secciones de las Escrituras están ligadas de manera inextricable, tanto a nivel histórico como teológico. De hecho, en el Nuevo Testamento se citan cientos de frases del Antiguo Testamento. Para entender completamente lo posterior, es necesario tener en cuenta lo anterior (2 Timoteo 3:16-17).

Utilice los recursos adecuadamente

  • Use una concordancia para identificar las palabras originales en hebreo o griego del texto, pero no los traduzca al español.
  • Use un diccionario Bíblico, lexicón o guía de estudio de palabras para aclarar el significado de las palabras y frases originales, pero no pierda de vista el contexto en que éstas aparecen.
  • Compare diferentes traducciones de la Biblia para ver cómo los eruditos han traducido ciertas palabras y frases. Sea cuidadoso y no asuma que todas las interpretaciones son correctas.
  • Compare diferentes comentarios para aprender acerca de varias perspectivas de la Biblia que existen. Sea cuidadoso y no asuma que cualquier perspectiva es correcta sin antes compararla con las Escrituras.
  • Tome notas que le puedan ayudar más adelante en su estudio y análisis.

Al aplicar estos principios básicos de estudio de la Biblia, seremos capaces de entender más claramente lo que Dios nos quiere enseñar acerca de cómo vivir, tanto ahora como eternamente.