Vida, Esperanza y Verdad

La ley y la gracia: ¿Jesús contra Pablo?

En la actualidad algunas personas piensan que la enseñanza de Pablo en cuanto a la ley y la gracia modifican lo que Cristo enseñó. ¿Acaso Pablo contradijo a Jesús? ¿Qué dice la Biblia sobre esto?

Parte de la razón por la cual algunos creen que Pablo cambió las enseñanzas de Jesús tiene que ver con la idea de que el apóstol negó la vigencia de las leyes de Dios. Pero antes de analizar la veracidad de esta creencia tan difundida, estudiemos lo que Jesucristo instruyó acerca de la ley y la gracia.

Instrucción de Jesucristo acerca de la ley y la gracia

Uno de los episodios bíblicos que mejor ilustran la enseñanza de Jesús sobre estos importantes conceptos es aquel en el cual le llevaron a una mujer adúltera para ver si la castigaría conforme a la ley—apedreándola hasta que muriera (Juan 8:1-11). Cuando esto sucedió, Cristo guardó silencio y escribió algo en el suelo con su dedo. Luego, cuando los acusadores lo presionaron exigiéndole un juicio, les dijo, “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (v. 7).

Ante esta respuesta, nadie se movió; en cambio, cada uno de ellos desapareció entre la multitud. Y cuando los acusadores se habían ido sin condenar a la mujer, Jesús—el único verdaderamente libre de pecado—tampoco la condenó, sino que le dijo “vete, y no peques más” (Juan 8:11).

La mujer adúltera era indudablemente culpable, sin embargo, Jesús perdonó su vida por gracia—el amor benevolente de Dios. En otras palabras, la gracia de Dios permitió que la mujer no recibiera el castigo que merecía por su comportamiento.

Pero entonces, ¿qué enseñó Jesús acerca de la ley? El episodio de la mujer adúltera también revela esto. Cristo no dijo a la mujer que podía seguir actuando de la misma manera que antes, como si no hubiese sido perdonada; Él le dijo que debía cambiar su manera de vivir, es decir, debía arrepentirse. En esencia, le dijo “Anda y compórtate bien”.

Los Diez Mandamientos

Pero, ¿acaso ella debía comportarse según las cambiantes reglas de lo que la sociedad considera aceptable? ¿O debía comportarse según su propia idea de lo que era correcto? La respuesta a ambas preguntas es no.

La palabra “pecado” revela la verdadera respuesta. El pecado es cualquier acción o pensamiento contrarios a la ley de Dios (1 Juan 3:4; 2 Corintios 10:4-6), y no a parámetros humanos. Por lo tanto, Cristo dijo a la mujer que debía vivir según los Diez Mandamientos. Hay otros ejemplos bíblicos que confirman esta enseñanza.

En Mateo 19:16-21, leemos que Cristo instruyó a un joven acaudalado sobre el camino a la salvación y le dijo que para alcanzarla era necesario obedecer los Diez Mandamientos. Además, Jesucristo mismo guardó estos mandamientos, incluyendo el mandamiento del sábado como el día de reposo (Lucas 4:16). Evidentemente, Cristo no estaba diciendo que la salvación podía ser ganada con solo guardar los Diez Mandamientos. Sin embargo, sí enseñó y confirmó con Su ejemplo que Dios espera que sus hijos cumplan ciertos estándares de comportamiento razonables; estos estándares son sus Diez Mandamientos.

Cuando un grupo de fariseos quiso engañar a Cristo para que dijera algo en contra de la ley, Él no la menospreció: “Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:35-39). En cambio, Jesús citó algunas escrituras del Antiguo Testamento que resumen el mensaje de los Diez Mandamientos.

En esta ocasión, Cristo tuvo la oportunidad perfecta para anunciar que su muerte anularía por completo la necesidad de obedecer los Diez Mandamientos. Pero Él nunca dijo algo así, pues hubiese sido una mentira. Al hacer un paralelo de estas escrituras, es evidente que Cristo no sólo guardó los Diez Mandamientos, sino que además instruyó a otros que debían hacerlo. Esto pone en una encrucijada a quienes piensan que la ley de Dios fue abolida. ¿Cómo reconcilian la enseñanza de Cristo sobre obedecer la ley con la idea de que Pablo enseñó que la gracia anula los mandamientos de Dios?

Según estas personas, el concepto teológico que explica por qué la enseñanza de Pablo difiere de la de Cristo es lo que se conoce como revelación progresiva. Como su nombre lo indica, este concepto básicamente se basa en la idea de que Dios, a través de nuevos escritos, actualizó gradualmente las doctrinas que Cristo había enseñado durante su ministerio en la tierra y añadió otras nuevas. Según esta teoría, el apóstol Pablo fue el primero en hacer estas modificaciones a través de sus cartas, las cuales corresponden a la mayor parte del Nuevo Testamento y, por lo tanto, los cristianos de hoy deberían obedecer las leyes actualizadas de Pablo en lugar de las que Cristo enseñó y obedeció.

Este error ha hecho que muchas personas piensen que Pablo modificó y remplazó las enseñanzas de Cristo. Sin embargo, el apóstol fue muy claro con respecto a este tema.

La enseñanza de Pablo acerca de la ley y la gracia

Evidentemente, Pablo se consideraba a sí mismo como un transmisor de las enseñanzas y prácticas de Cristo, pues en cierta ocasión dijo a los corintios “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). Estas palabras demuestran que el apóstol reconocía que su misión era perpetuar las doctrinas que Cristo enseñó, y no contradecirlas.

Y, con palabras aun más fuertes, Pablo hace énfasis en esto cuando escribe lo siguiente a la Iglesia en Galacia: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1:6-9).

En los versículos 8-9, ¡Pablo incluso maldice a cualquiera que se atreviese a enseñar un evangelio diferente al de Cristo! Y luego repite esta maldición para enfatizar su advertencia en contra de modificar las enseñanzas de Jesús. Al leer estas fuertes palabras, es de esperarse que la enseñanza de Pablo acerca de la ley y la gracia sea igual a la de Jesucristo, y esto es exactamente lo que encontramos en la Biblia. El apóstol Pablo apreciaba profundamente la gracia de Dios y también obedecía sus leyes.

En su carta a los romanos, vemos un claro ejemplo de la enseñanza del apóstol con respecto a la ley y la gracia: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:1-2). Más adelante, el apóstol enfatiza estas palabras diciendo: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera” (vv.14-15).

La ley y la gracia

Desafortunadamente, la mayoría de las personas ha olvidado lo que Cristo y Pablo enseñaron acerca de estos conceptos. En algún momento de la historia, la idea de que la ley y la gracia son contradictorias se introdujo al cristianismo. Algunos intentan justificar esta creencia errada diciendo que Dios dio los Diez Mandamientos al antiguo pueblo de Israel exclusivamente, como parte del antiguo pacto, y que el nuevo pacto no incluye todas estas leyes. Este es un grave error, pues la Biblia enseña que los Diez Mandamientos aun están vigentes y que la ley y la gracia se complementan, tal como podrá ver con la ayuda de otros artículos relacionados a este tema.

La verdad acerca de la ley y la gracia de Dios es ilustrada por la forma en que funciona una familia física. Un padre humano establece reglas de comportamiento razonables para sus hijos con el fin de protegerlos e instruirlos. Dios hace lo mismo con su familia a través de los Diez Mandamientos. Además, un padre físico perdona a sus hijos cuando se dan cuenta de sus errores y asumen su responsabilidad, pero no los perdona para que sigan haciendo lo que quieran, sino para que puedan seguir viviendo según las reglas familiares. La gracia de Dios actúa de la misma forma en su familia; por medio de ésta, Dios perdona a sus hijos cuando se arrepienten de sus pecados para que puedan seguir tratando de vivir según sus expectativas. Esta enseñanza en cuanto a la ley y la gracia no es solo razonable, sino que además es bíblica, lo cual es más importante.

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