La maldición de la ley: ¿Qué quiso decir Pablo?

Muchas personas se sienten confundidas con la referencia del apóstol Pablo a “la maldición de la ley” en Gálatas 3:13. ¿Qué quiso decir?

Algunos piensan erradamente que esta maldición se refiere a los diez mandamientos y que el obedecer las leyes de Dios nos pone en peligro de sufrirla.

Pero, obedecer las leyes de Dios no es perjudicial en lo absoluto; por el contrario, conlleva muchos beneficios. Como lo explicamos en otra pregunta acerca de la enseñanza de Pablo respecto a la ley de Dios, los diez mandamientos nos dan parámetros para vivir una vida plena y abundante. Nuestro Padre celestial nos ha dado estas instrucciones por que nos ama y quiere lo mejor para nosotros, sus hijos. Sus mandamientos son equivalentes a las normas que los padres sabios establecen para sus hijos en una familia física. Guardar la ley de Dios sólo trae beneficios.

Por otra parte, ¡desobedecer los mandamientos de Dios trae consecuencias que nadie desea para su vida! Adán y Eva, por ejemplo, fueron desterrados del jardín de Edén debido a su desobediencia (Génesis 3:17, 22-24), y las naciones de Israel y Judá fueron conquistadas por sus enemigos y llevadas cautivas fuera de la tierra prometida por haber desobedecido y rechazado las leyes de Dios en repetidas ocasiones.

Obviamente, todos queremos recibir los beneficios que nuestro Padre desea darnos y no el castigo que conlleva la desobediencia, pues la consecuencia final de infringir la ley de Dios es realmente seria. Como indica 1 Juan 3:4, “la infracción de la ley” es sinónimo de “pecado”, y la consecuencia del pecado (el rechazo a la ley de Dios) es la muerte eterna sin posibilidad de resurrección (Romanos 6:23).

En Romanos 7:12, el apóstol Pablo dijo que la ley de Dios es santa, justa y buena. Entonces ¿qué quiso decir con “la maldición de la ley”? Para comprender este versículo, y cualquier otro pasaje bíblico, primero debemos analizar su contexto inmediato y su relación con el resto de las Escrituras. Sólo así estaremos usando “bien la palabra de verdad”, como Pablo instruyó a Timoteo que lo hiciera (2 Timoteo 2:15).

El contexto

Comencemos por leer el pasaje en cuestión: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gálatas 3:10-14).

Ahora analicemos esta Escritura punto por punto:

En la primera parte del versículo 10, “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición”, el apóstol Pablo se estaba refiriendo a quienes erróneamente enseñaban que la salvación podía ganarse al guardar la ley de Dios. Equivocadamente, estas personas creían que los seres humanos eran capaces de obedecer cada mandamiento perfectamente, pero la realidad es que ningún ser humano ha sido capaz de hacer esto por sí mismo. Exceptuando a Cristo, quien pudo resistir al pecado por el poder de Dios, todos los seres humanos han pecado (Romanos 3:23). Pero esto no significa que no debamos arrepentirnos por infringir la ley de Dios y luchar por obedecerla, pues Dios espera que guardemos sus mandamientos y sigamos el ejemplo de Cristo con la ayuda del Espíritu Santo. El arrepentimiento, la fe en Jesucristo y el bautismo son prueba de que deseamos obedecer a Dios y, además, corresponden a los pasos necesarios para recibir el regalo de la salvación (Hechos 2:38; 8:37).

Más adelante, Pablo cita el Antiguo Testamento dos veces, enfatizando que Dios espera que le obedezcamos. El primer pasaje citado es Deuteronomio 27:26, el cual está relacionado con un incidente muy importante en la historia del pueblo de Israel que se narra en los versículos 9 y 10 del mismo capítulo: “Y Moisés, con los sacerdotes levitas, habló a todo Israel, diciendo: Guarda silencio y escucha, oh Israel; hoy has venido a ser pueblo de Jehová tu Dios. Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy”.

Dios había rescatado al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto y ahora la segunda generación de israelitas estaba a punto de entrar a la tierra prometida. La advertencia contundente que Dios les hizo fue básicamente: “¡Guarden los mandamientos!”.

Reconociendo la importancia de esto, Moisés ordenó a las tribus de Israel que se dividieran en dos grupos después de entrar a la tierra de Canaán. Uno de los grupos debía subir a la cima del monte Ebal y el otro al monte Gerizim, los cuales se encuentran prácticamente en la mitad de la tierra de Canaán. Las personas que estaban en uno de los montes debían gritar una serie de frases relacionadas con las “maldiciones” que resultan de infringir la ley de Dios, en tanto que quienes estaban en el otro monte debían responder, “¡Amén!”. Pablo citó las últimas palabras que los israelitas gritaron en esa ocasión. ¡Qué forma tan dramática de enfatizar la importancia de obedecer la ley de Dios!

El segundo pasaje del Antiguo Testamento que Pablo utiliza para resaltar la importancia de obedecer la ley de Dios es más bien una paráfrasis de Deuteronomio 21:23, que una cita directa. En esa ocasión, Dios había ordenado que quien infringiera su ley debía sufrir la pena de muerte y ser colgado en un madero. Esto no se refería a la muerte en la horca, pues los antiguos israelitas acostumbraban apedrear a quien merecía la pena de muerte y luego exhibían su cuerpo en un árbol durante un día como recordatorio de que el pecado conduce a la muerte.

En Gálatas 3:13, Pablo se refiere a Cristo y luego cita “Maldito todo el que es colgado en un madero”. Esto se debe a que el cuerpo de Cristo fue exhibido públicamente en una cruz hecha de madera. Pablo no estaba estableciendo una nueva doctrina ni cambiando la enseñanza bíblica en cuanto a obedecer la ley de Dios; estaba utilizando el simbolismo de la crucifixión pública de Cristo para resaltar el hecho de que los pecados de toda la humanidad habían sido perdonados a través de su muerte. ¡La muerte de Cristo “nos redimió de la maldición de la ley”, que es la pena de muerte!

Entonces, “la maldición de la ley” es la pena de muerte que todos merecemos por infringir la ley de Dios. Esta frase no desacredita la santa, justa y buena ley de Dios ni modifica las expectativas que Dios tiene de su pueblo. Gálatas 3:13 habla sobre la idea equivocada de que la salvación puede ganarse sin la gracia de Dios y, además, ratifica la importancia de obedecer su ley.

La muerte de Cristo, en la cual sufrió la maldición de ser colgado en un madero, hizo posible el perdón de nuestros pecados. Si nos arrepentimos, nos comprometemos a vivir obedeciendo la ley de Dios y permitimos que el Espíritu Santo guíe nuestra vida, Dios nos da el regalo de su gracia.

¡La muerte de Cristo no nos da licencia para infringir los mandamientos! Tal interpretación contradice las enseñanzas que encontramos en la Biblia. La muerte de Cristo permite que seamos perdonados por quebrantar la ley de Dios para entonces poder comprometernos a obedecerla. Además, hizo posible que Dios escriba sus leyes en nuestros corazones y nos de su Espíritu Santo para ayudarnos a vivir como Cristo vivió, en total obediencia a la ley santa de Dios (Hebreos 8:10; 1 Juan 2:6). Sin embargo, todavía necesitamos el perdón y la gracia de Dios , pues la obediencia a su ley no compensa nuestros pecados pasados.