Cuatro leyes espirituales tan importantes como la gravedad

Todos sabemos que el universo se rige por leyes físicas constantes, inalterables y esenciales. Pero las leyes espirituales que no se ven son igualmente importantes. ¿Conoce las leyes espirituales de la vida?

Lo que más me gusta de la gravedad es que puedo confiar en ella. Cuando mi pan salta del tostador, sé que no seguirá subiendo hasta llegar al techo. Cuando abro un grifo para lavarme las manos, las gotas de agua no empiezan a flotar lánguidamente por toda mi cocina. Y, cuando me tropiezo, sé que no quedaré flotando por la atmósfera como un globo.

La gravedad es una ley fundamental de la naturaleza y, como tal, funciona a la perfección las 24 horas del día, día tras día, sin excepción. Y menos mal que es así. No sé qué pasaría si la gravedad se tomara un día libre, pero seguramente no sería nada agradable.

En primer lugar, nuestra atmósfera sería succionada por el espacio y todo lo que no esté pegado a la tierra comenzaría a flotar, incluyendo los océanos (que comenzarían a hervir por la ausencia de presión atmosférica). Para empeorar las cosas, las capas fundidas de la Tierra probablemente saldrían a la superficie destruyendo el planeta entero en un remolino apocalíptico de lava y muerte.

De hecho, según James Overduin, físico de la Universidad de Towson (Maryland, EE.UU.), el universo entero se volvería “completamente plano y uniforme” sin gravedad.

Además, estaríamos muertos; entonces no lo veríamos.

El poder de la consistencia

¿No debiéramos preocuparnos un poco? Sabiendo que tan sólo unos momentos sin gravedad podrían ser tan desastrosos, ¿cómo es que no tenemos un plan de contingencia por si la gravedad deja de funcionar?

Pues en realidad no es necesario. Estamos hablando de la gravedad, una constante fundamental del universo que funciona en todo momento y siempre de la misma forma -podemos contar con ello.

La gravedad es tan predecible que los científicos incluso han desarrollado ecuaciones que podemos usar para calcular sus efectos en cualquier situación. Las ecuaciones de campo de Einstein lucen así:

Gµv=8πTµv  = Rµv– ½ gµv R

Para las personas que las entienden, estas ecuaciones son herramientas poderosas que les permiten examinar los efectos de la gravedad en casi cualquier escenario, en cualquier lugar del universo.

Interpretando el universo

Lo mismo sucede con el resto de las leyes físicas. El universo es consistente desde la electromagnética hasta la termodinámica. Gracias a ello, los científicos pueden definir leyes y ecuaciones que a menudo nos permiten crear nuevas tecnologías y avances en la ciencia.

Pero hay algo muy importante que debemos recordar: las ecuaciones son conformadas por el universo, no al revés.

En otras palabras, la ley de la gravedad ya era la ley de la gravedad antes de que los científicos la descubrieran. No son las ecuaciones de los libros lo que atrae a los objetos a la tierra, sino la gravedad en sí. Alterar nuestras ecuaciones no modifica la realidad, sólo hace que las ecuaciones estén incorrectas. Las fórmulas nos permiten comprender el universo a nuestro alrededor, pero no nos permiten cambiarlo.

Un paréntesis…

Quisiera hacer un pequeño paréntesis para relatarles la historia del personaje ficticio que acabo de inventar. Su nombre es Juan.

Juan está a punto de tener un mal día. Él trabaja en un segundo piso y, por alguna razón, se le ha metido en la cabeza que la ley de la gravedad no puede ser tan cierta como todos dicen. Entonces, a pesar de las desesperadas advertencias de sus compañeros, Juan se levanta de su asiento y camina con toda confianza hacia una de las ventanas de su oficina.

“¡Juan!”, le gritan todos. “¡¿Estás loco?!”.

Pero, con un pie casi afuera, Juan voltea y les dice con una sonrisa: “¡No se preocupen! Ya no creo en eso de la gravedad”.

Dos tipos de leyes

Lamentablemente, nadie puede evitar que Juan ignore la ley de la gravedad; pero él tampoco podrá evitar que la gravedad sea la causa de un montón de costillas rotas. La gravedad no depende de si creemos en ella o no, y sea cual sea nuestra opinión, siempre que saltemos volveremos a caer. No hay alternativa, todo el que crea lo contrario tiene que estar loco.

¿Por qué pues, día tras día miles de millones de personas insisten en creer algo tan absurdo y mucho más peligroso que esto?

Hay algo más que compone el universo que las leyes de la física por sí solas. El mismo Dios que estableció las leyes físicas también estableció una serie de leyes espirituales, que son tan reales y tan importantes como aquellas.

El problema es que tendemos a pensar que este segundo grupo de leyes no puede ser tan importante como el primero. Nadie puede negar la importancia de la fuerza nuclear que mantiene a nuestros átomos en su lugar, pero el mundo entero no colapsaría por ignorar las instrucciones de la Biblia… ¿o sí?

Constantes inalterables

De hecho, eso es exactamente lo que sucedería, y está sucediendo frente a nuestros ojos. Aunque el mundo espiritual no sea tan tangible como el mundo físico (no podemos tocarlo, verlo ni oírlo), ignorar las leyes espirituales del universo puede tener consecuencias aún más dolorosas que ignorar las leyes de la física. Multiplique esas consecuencias por miles de años de desobediencia y tendrá una idea de la razón por la cual el mundo está como está.

Tal como nuestro amigo Juan, el ser humano ha estando ignorando las leyes de Dios durante milenios ―y las consecuencias han sido desastrosas. La gente podrá tener muchas excusas para ignorar la ley de Dios, pero ninguna de ellas aminorará el daño que se ha causado por ignorarla.

Las leyes de Dios son tan constantes e inalterables como la ley de la gravedad: funcionan perfectamente todo el día, día tras día, sin excepción. Y así como las ecuaciones de los científicos explican leyes físicas, Dios nos ha dejado instrucciones de cómo interactuar con el mundo espiritual que nos rodea. Cambiar o reinterpretar las instrucciones de la Biblia no modifica las fuerzas espirituales que describe, sólo hace que nuestras interpretaciones sean incorrectas.

Ecuaciones espirituales básicas

Dicho eso, veamos algunas de las “ecuaciones espirituales” que el Creador del universo nos ha revelado (ésta no es una lista exhaustiva en lo absoluto, pero es un buen lugar para comenzar).

1. Cosechamos lo que sembramos

Aunque puede haber muchas expresiones que describen este principio, todas apuntan lo mismo:

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).

Muchos quisieran pensar que Dios tiene un gran botón rojo de “ANIQUILAR” y sólo está esperando que nos equivoquemos para apretarlo y aplastarnos con algún castigo divino. Pero la verdad es que, la mayoría de las veces, no es Dios quien nos castiga, sino nosotros mismos.

Las leyes de Dios no son arbitrarias y están ahí para protegernos de decisiones y comportamientos que de otra forma tendrían consecuencias dolorosas tanto para nosotros como para los demás.

Éste es un principio fundamental para comprender muchos de sus mandamientos.

Nuestro Padre no desea que nos lastimemos, sino que sembremos semillas que producirán verdadera felicidad. Probablemente le haríamos más caso si comprendiéramos que las cosechas no siempre se logran de un día para otro.

2. Los resultados toman tiempo

Bien dijo el sabio rey Salomón que: “Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal” (Eclesiastés 8:11). Todos hemos visto personas que hacen maldad tras maldad y, en lugar de ser incineradas por un aniquilante rayo divino, parecieran prosperar.

Es hasta frustrante.

Afortunadamente Salomón no terminó ahí. Viendo el panorama completo, el sabio rey también nos asegura que: “Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia” (Eclesiastés 8:12).

La maldad y la bondad no siempre serán recompensadas de inmediato, pero podemos estar seguros de que toda acción es una semilla sembrada y la cosecha llegará.

3. El pecado no resta, destruye

Hablar de cosechas y semillas podría hacernos pensar que las buenas y malas obras son como dinero en una cuenta bancaria espiritual: cada buena obra aumenta nuestro depósito y cada mala obra lo disminuye. Pero la cosa no funciona así. El pecado no es una simple “resta” en nuestra cuenta espiritual, sino que la elimina por completo.

Como explica el apóstol Pablo: “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). No hay buena obra que pueda borrar un pecado, y basta con un pecado para merecer la pena de muerte eterna que sólo puede pagarse con el sacrificio de Jesucristo. (Para más detalles acerca de esto, no dude en leer nuestro folleto gratuito: El último enemigo: ¿qué sucede realmente después de la muerte?)

Ser bueno casi todo el tiempo no es suficiente. Con la ayuda de Dios, debemos esforzarnos por ser completamente buenos todo el tiempo.

4. La justicia nos transforma

El profeta Malaquías describe a Dios como un “fuego purificador” que refina a su pueblo como a oro y plata limpiándolo de impurezas hasta alcanzar la perfección (Malaquías 3:2-3). Puede que nada de esto suene muy placentero o agradable, pero el resultado final hace que todo valga la pena.

En Malaquías 3:16-18, Dios promete que quienes “temen a [el Eterno], y… piensan en su nombre… serán para mí especial tesoro… en el día en que yo actúe… Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”.

Isaías, otro profeta de Dios, describe una imagen similar de un momento en el que “habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32:16-17).

La justicia —obediencia a Dios— nos cambia tanto a nosotros como al mundo que nos rodea. Descubra todo lo que la obediencia puede hacer en su vida en nuestro folleto gratuito El Misterio del Reino.

Su decisión

Ahora conoce algunas de las ecuaciones espirituales que Dios ha revelado en la Biblia. Puede creerlas o no y puede creer en Dios o no, pero, haga lo que haga, éstas son leyes ciertas e invariables que rigen el universo que Dios creó.

Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros; es por eso que nos da los principios espirituales necesarios para vivir plenamente ahora y por la eternidad.

No deje pasar la oportunidad.

Descubra más acerca de las beneficiosas leyes de Dios en nuestro folleto gratuito Los Diez Mandamientos: todavía importan.