El quinto sello: tribulación y martirio

Apocalipsis 6:9-11   

Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

Únicamente Jesucristo, el Cordero de Dios, pudo abrir el libro de la profecía descrita en Apocalipsis 5. Este libro estaba cerrado por siete sellos —como el equivalente antiguo de documentos ultra secretos guardados en un portafolio.

Los primeros cuatro sellos de Apocalipsis 6 fueron abiertos para revelar cuatro jinetes correspondientes a la profecía de Jesucristo en Mateo 24:4-7:

  • Religión falsa (el caballo blanco).
  • Guerra (el caballo bermejo).
  • Hambre (el caballo negro).
  • Muerte por enfermedades epidémicas y otros medios (el caballo amarillo cuyo jinete es la “Muerte”).

Lea más acerca de esto en nuestro artículo “Los cuatro jinetes del Apocalipsis

El quinto sello se enfoca en el martirio de los santos, que aparentemente corresponde con el tiempo de la ira de Satanás cuando él sabe “que tiene poco tiempo” y hace guerra contra los santos “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:12-17). Dios protege a algunos de su pueblo, pero permite que algunos sean martirizados (Apocalipsis 12:14-16; 6:11).

Este período de tiempo correspondería también al tiempo de la Gran Tribulación de la cual Jesucristo habló en Mateo 24:21-22 (descrita también en Daniel 12:1 y Jeremías 30:7), conforme la ira de Satanás también es experimentada por los descendientes físicos de Israel, el pueblo de Dios.

Es horrible pensar en cosas como tribulación, persecución y martirio, pero Dios las permite aún sobre su pueblo para completar su asombroso plan. Así como Jesucristo sufrió y murió, los cristianos sufren al hacer la obra de Dios y al prepararse para su glorioso Reino. Pedro dijo, “gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pedro 4:13).

Pablo también alentó a los cristianos con este pasaje vehemente e inspirador: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. Pablo concluye que nada “nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35-39).

Para más información acerca de por qué Dios permite ahora el sufrimiento y cómo lo removerá en el futuro, vea los artículos en nuestra sección acerca de “¿Por qué permite Dios el mal y el sufrimiento?”.