La imposición de manos

La necesidad del arrepentimiento y del bautismo fue claramente enseñada por Cristo y los apóstoles. Pero, ¿necesitan las personas que se les impongan las manos para recibir el Espíritu Santo?

Cuando Juan el Bautista comenzó a predicar, él exhortó a quienes lo oían a que se arrepintieran: “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:1-2). El arrepentimiento es necesario antes del bautismo. (Vea nuestro artículo “¿Qué es el arrepentimiento?”).

Es claro que muchos de los que oyeron a Juan el Bautista entendieron de qué se trataba el arrepentimiento. Ellos vieron el pecado, se arrepintieron y luego se bautizaron. “Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados” (v.v. 5-6).

Pero, ¿todavía les hacía falta algo? ¡La respuesta es sí!

¿Qué se necesita además del arrepentimiento y el bautismo?

¿Completan nuestra transformación y cambio el arrepentimiento y el bautismo, o necesitamos algo más, vitalmente importante de parte de Dios?

Veamos lo que preguntó el apóstol Pablo cuando estuvo con algunos discípulos en Éfeso: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo” (Hechos 19:2).

Pablo hizo una pregunta importante: “¿Recibieron el Espíritu Santo”? Ellos se habían arrepentido y fueron bautizados, pero le dijeron a él que no habían recibido el Espíritu Santo.

Veamos la respuesta de Pablo: “¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (v.v 3-6, énfasis añadido).

¿Qué es exactamente la imposición de las manos?

En términos sencillos, las manos son impuestas en una persona por alguien en autoridad, con el fin de apartar a esa persona delante de Dios para su atención especial o bendición. La imposición de manos en si no provee el Espíritu Santo. De forma similar al bautismo, la imposición de manos es una acción física con un componente espiritual. Cuando un ministro impone las manos en una persona después del bautismo, es Dios (no el ministro) quien da el Espíritu Santo.

Hay muchos ejemplos de imposición de manos en el Nuevo Testamento. Las manos se imponían en las personas (usualmente en la cabeza) para sanidad, por medio del proceso de la unción (Santiago 5:14), para la bendición de los niños (Mateo 19:13-15), para la ordenación de un ministro (1 Timoteo 4:14), y para recibir el Espíritu Santo, como ya lo hemos visto en Hechos 19.

La imposición de manos con oración, pidiéndole a Dios para que dé su Espíritu Santo, también lo encontramos en el siguiente pasaje: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8:14-17).

Después de que una persona es bautizada, se hace una oración especial, pidiéndole a Dios que ponga su Espíritu Santo en aquel que se ha arrepentido y ha aceptado a Jesucristo como su salvador personal. Sólo los representantes autorizados de Dios —la mayoría de los ejemplos de las Escrituras son de ministros ordenados— deben imponer las manos en la persona recién bautizada. Dios es quien da el don de su Espíritu Santo. No puede ser negociado ni comprado.

“Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”

Cuando una persona se arrepiente, cree y se bautiza, es por medio de la imposición de las manos que esa persona recibe el Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios estará entonces en esa persona como el “Consolador” prometido (Juan 14:16), el cual es necesario para que una persona sea un verdadero seguidor de Jesucristo y en últimas para nuestra verdadera salvación (Vea Romanos 8:9-11). Si desea más información acerca del Espíritu Santo, vea nuestros artículos en la sección del Espíritu Santo.

Después, nosotros no podemos ser negligentes con el Espíritu de Dios que está en nosotros y permitir que se apague (1 Tesalonicenses 5:19). En vez de ello, debemos hacer lo que Pablo nos advierte en Timoteo: “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:6-7).

¿Es la imposición de manos una enseñanza de la Iglesia del Nuevo Testamento?

La imposición de manos es una de las doctrinas fundamentales que aparecen en el libro de Hebreos: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno” (Hebreos 6:1-2).

Cuando ya se han definido las piezas básicas del entendimiento, se espera que crezcamos hacia la “perfección” (que puede significar algo completo o madurez). Dios quiere que nos mantengamos en este fundamento y después a partir de allí, construir una vida convertida.

Con la imposición de manos después del bautismo (y recibiendo por lo tanto el Espíritu Santo de Dios), una nueva vida comenzará delante de nosotros, a medida que entendemos lo valioso que es ese Espíritu. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

¿Le falta el Espíritu Santo de Dios?

Sin el Santo Espíritu de Dios, nuestra “transformación” por medio del proceso de conversión (cambio) es incompleto. Recibir el don del Espíritu Santo de Dios por medio de la imposición de manos es sólo el comienzo. El proceso de conversión y desarrollo del carácter de Dios, santo y justo, es un proceso que toma tiempo. Para aprender más acerca de esto, lea nuestros artículos: “¿Qué es conversión?”, y “¿Cómo sabe que usted tiene el Espíritu Santo?”.