Las promesas de Dios: una esperanza cierta

Dios ha hecho muchas promesas, pero, ¿qué implicaciones tienen para nosotros en la actualidad?

En Hebreos 10:23, Dios nos exhorta a no perder la esperanza ni la fe en Él y confiar en sus promesas, manteniendo “firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”.

Sus promesas incluyen desde pactos que hizo con individuos y el pueblo de Israel, hasta profecías que inspiró a sus profetas y las palabras de Cristo y los apóstoles. Todas ellas son promesas que siguen vigentes hasta el día de hoy y nos dan una esperanza cierta en la cual podemos basar nuestras vidas confiadamente.

Promesas a individuos

Uno de los primeros pactos que Dios hizo con individuos se encuentra en Génesis 9:8-17, donde promete a Noé, sus hijos y todos sus descendientes, que nunca volvería a destruir la Tierra con un diluvio. Como señal del pacto, Dios dejó el arcoíris —un constante recordatorio de que nunca habrá una inundación tan grande como aquella.

Más tarde, Dios hizo una promesa aún más trascendental a Abraham anunciando la venida de Jesucristo, el Mesías.

La promesa original se encuentra en Génesis 22:18: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”; luego, Gálatas 3:16 explica que “a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. En otras palabras, Dios prometió a Abraham que el Mesías saldría de sus descendientes. Y además de esta maravillosa promesa, el patriarca recibió muchas otras bendiciones y promesas físicas, como la de una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y la arena del mar y la eventual posesión de Canaán (la Tierra Santa), “tierra que fluye leche y miel” (Génesis 22:17; 17:7-9; Deuteronomio 6:3).

Dios luego confirmó sus promesas al hijo de Abraham, Isaac y a su nieto Jacob, cuya familia se estableció en Egipto en los tiempos de José y creció hasta convertirse en el pueblo de Israel de los tiempos de Moisés (Génesis 26:2-4; 28: 12-14).

Promesas al pueblo de Israel

Tras muchos años de esclavitud en Egipto, Dios escogió a Moisés para llevar al pueblo de Israel a la tierra prometida. Pero antes, hizo otro pacto lleno de promesas con ellos en el monte Sinaí.

En Éxodo 19:5-6, Dios comienza a describir el acuerdo diciendo: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa”. Luego dio directamente al pueblo los Diez Mandamientos y otras leyes a través de Moisés. Y si obedecían, Dios además les prometió lo siguiente (Éxodo 23:22-28):

  • “Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren” (v. 22).

  • “Mas al Eterno vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti” (v. 25).

  • “Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti” (v. 28).

Ante tantas promesas, el pueblo aceptó el pacto con gozo y prometió obedecer a Dios, “todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que el Eterno ha dicho” (Éxodo 24:3).

Lamentablemente, no obedecieron por mucho tiempo. Israel pecó quebrantando el pacto y, por lo tanto, fueron ellos los responsables de su fracaso, no Dios.

Pero aun así, Dios prometió seguir trabajando con ellos en el futuro a través de un nuevo pacto.

“Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, éste es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo” (Hebreos 8:8-10).

Todo lo que Dios prometió a Israel se cumplirá cuando ellos finalmente tengan sus leyes escritas en la mente y el corazón y estén dispuestos a obedecer. Y cuando esto suceda, Dios además promete extender sus maravillosas bendiciones al mundo entero (Isaías 56:6-7; Romanos 10:11-13).

Aún cuando los seres humanos fallamos, Dios es fiel a sus promesas.

Promesas a los profetas

Podríamos llenar muchas páginas con las promesas que Dios hizo a los profetas. Primero están las profecías de una futura época de dolor y sufrimiento. Luego, las de un tiempo de paz para el mundo entero, donde no habrá miedo ni ansiedad y la muerte eventualmente será destruida. Y a medida que la humanidad comience a obedecer los mandamientos Dios, todos recibirán sus promesas de alimento, agua y prosperidad abundante.

Veamos algunas de las promesas que se cumplirán después de que Cristo regrese y reine en la Tierra junto a sus santos —periodo que la Biblia describe como los mil años o el Milenio:

  • No habrá más guerra: “no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4).

  • Habrá paz: “han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas” (Zacarías 8:4-5).

  • Los animales serán inofensivos: “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará” (Isaías 11:6).

  • Abundará el agua: “los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa del Eterno, y regará el valle de Sitim [ubicado al norte del mar muerto]” (Joel 3:18).

  • Abundará la comida: “He aquí vienen días, dice el Eterno, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente... plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos” (Amós 9:13-14).

Pero la promesa más importante de todas es que Jesucristo gobernará al mundo entero como Rey de reyes y “la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Zacarías 14:9; Isaías 11:9).

Promesas a través de Cristo y los apóstoles

Aunque el mensaje principal de Cristo era acerca de ese reino futuro y su labor era ir “por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios” (Lucas 8:2), también hizo promesas de esperanza y consuelo para esta vida que aún están vigentes:

  • Nos da paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

  • Nos da gozo: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11).

  • Nos da amor: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21).

Si Cristo —nuestro Sumo Sacerdote que ahora se sienta a la diestra del Padre— hizo estas promesas, podemos estar seguros de que las cumplirá; “porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 4:14; 13:5-6).

Como dice el autor de Hebreos, Jesús además es “mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (Hebreos 8:6). Veamos algunas de ellas en las palabras de los apóstoles:

  • Si nos arrepentimos y cambiamos, nuestros pecados son perdonados: “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado... Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:7, 9).

  • Dios nos da el Espíritu Santo: “por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gálatas 4:6).

  • Seremos resucitados en el futuro: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16).

  • Dios nos dará vida eterna: “Y ésta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna” (1 Juan 2:25).

  • Tendremos la naturaleza de Dios: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:3-4).

Tengamos fe en sus promesas

Como vimos al principio, Dios quiere que mantengamos firme nuestra esperanza y confiemos en Él. Dios no puede mentir y todas sus promesas “son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (Tito 1:2; 2 Corintios 1:20).

Es por esto que la Biblia nos exhorta diciendo: “Creed en el Eterno vuestro Dios” y “Esperad en él en todo tiempo” (2 Crónicas 20:20; Salmos 62:8).

Por último, veamos lo que Cristo nos dice sobre su venida:

  • “¡He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Apocalipsis 3:11).

  • “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:21-22).

Dios es fiel a sus promesas y podemos estar seguros de que las cumplirá. La pregunta es qué tan importantes son para nosotros y cuánto influyen en nuestra vida.

Le invitamos a conocer las historias de personas que han vivido y cambiado sus vidas por fe en los artículos de la sección “Fe” en nuestro sito web Vida Esperanza y Verdad.