Misericordia y gracia: ¿hay alguna diferencia?

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). ¿Qué son la misericordia y la gracia?

En la Biblia, las palabras “misericordia” y “gracia” a menudo se mencionan dentro de un mismo contexto y, a veces, incluso dentro una misma frase. Pero, ¿significan estos conceptos lo mismo? Si no es así, ¿en qué se diferencian el uno del otro?

Lecciones del libro de Jonás

La historia de Jonás es probablemente una de las más conocidas de la Biblia. Seguramente todos hemos oído el relato de cómo este profeta recibió un mensaje de Dios, fue tragado por un gran pez y predicó el mensaje al pueblo de Nínive. Sin embargo, muchos pasan por alto una de las lecciones más importantes que podemos aprender de esta historia: Dios es un Dios de misericordia y desea que nosotros también la desarrollemos.

Tras intentar huir de la tarea que Dios le había encomendado, Jonás fue tragado por un gran pez que lo llevó a las cercanías de Nínive (Jonás 1, 2). Finalmente, predicó al pueblo de Nínive el mensaje de arrepentimiento que Dios le había mandado, y cuando lo hizo, sucedió lo inesperado: los habitantes de Nínive se arrepintieron y Dios los perdonó (Jonás 3).

Enfadado, Jonás decidió sentarse a la afueras de la ciudad a esperar la destrucción que nunca llegó (Jonás 4). Dios hizo crecer una planta que lo protegiera del sol, pero luego hizo que la planta se secara para enseñarle una lección (vv. 6-8). Cuando Jonás se lamentó por la planta, Dios le dijo: “¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” (Jonás 4:11). En otras palabras, Jonás debía aprender misericordia.

La misericordia es parte del carácter de Dios. Pero, ¿qué tan importante es para nosotros y qué tiene que ver con la gracia?

¿Qué es la misericordia?

La misericordia generalmente se define como paciencia o benevolencia, y a menudo se manifiesta cuando alguien merece una pena severa. Además, es una de las cualidades del carácter de Dios, quien muestra misericordia a la humanidad constantemente, como lo hizo con el pueblo de Israel:

“Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz; porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres” (Deuteronomio 4:30-31).

Muchas veces, la misericordia se demuestra a través del perdón. Perdonar a alguien que nos ha hecho daño, por ejemplo, es un acto de misericordia.

El libro de Números ilustra esto a través de un relato. Cuando los israelitas mandaron espías a explorar la tierra prometida, diez de ellos volvieron con malas noticias. Al oírlas, el pueblo entero se lamentó y se quejó hasta el punto de querer elegir a un nuevo líder que los llevara de vuelta a Egipto, aun después de todos los milagros que Dios había hecho por ellos.

Dios se enojó tanto por esta rebelión que decidió destruir al pueblo por completo. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, Moisés intervino apelando a su misericordia:

“Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo:

Eterno, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable... Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí” (Números 14:17-19).

“Entonces el Eterno dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho” (v. 20)

Si bien la Biblia a menudo relaciona la misericordia con pecados y transgresiones, no siempre ocurre de esta forma. Como leemos en Proverbios 14:21, también podemos mostrar (o recibir) misericordia en situaciones de prueba o dificultad: “Peca el que menosprecia a su prójimo; mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado”.

En síntesis, todos estos pasajes describen la misericordia como un acto de benevolencia o perdón hacia quien lo necesita. Pero, ¿qué papel juega la gracia? ¿Es la gracia lo mismo que la misericordia?

La gracia

Gracia y misericordia son conceptos diferentes. La misericordia es sin duda parte importante de la gracia de Dios, pero el concepto de gracia va mucho más allá. La palabra “gracia” proviene del griego charis, que, entre otras cosas, significa “don”, “favor” y “benevolencia”. Describe el favor inmerecido de Dios hacia la humanidad, por el cual perdona nuestros pecados (si nos arrepentimos) y nos permite tener una relación provechosa y edificante con Él. El perdón de pecados por la gracia de Dios es lo que nos abre la puerta a la salvación (Tito 2:11).

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos” (1 Pedro 1:10-11).

La gracia a menudo se menciona en el contexto de la culpa. Todos hemos pecado y, por lo tanto, todos merecemos la muerte. Pero nuestra pena fue pagada con el sacrificio de Jesucristo; “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:23-24).

La gracia es el perdón inmerecido de nuestros pecados, el cual es posible sólo por medio de la muerte de Cristo.

Dios eventualmente extenderá su gracia a toda la humanidad. Cuando los apóstoles discutían si los gentiles podían recibir la salvación al igual que los israelitas, Pedro afirmó: “creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos [los gentiles]” (Hechos 15:11). Luego todos escucharon cómo Dios había trabajado con los gentiles, perdonando sus pecados y dándoles el Espíritu Santo.

La gracia permite que seamos limpios de pecado y reconciliados con Dios; “la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:6-7).

Misericordia y gracia

Ahora veamos cómo el apóstol Pablo relaciona estos dos conceptos: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús” (1 Timoteo 1:12-14). Es evidente que el significado de gracia es más amplio que el de misericordia.

Por haber sido un perseguidor implacable de la Iglesia, Pablo tenía buenas razones para creer que recibiría un castigo o mal trato. Sin embargo, no recibió sino benevolencia y perdón inesperados; Dios no sólo lo llamó a ser un cristiano, sino también un ministro de la verdad. Pero este acto de misericordia no perdonó sus pecados ni lo justificó ante Dios; tales cosas sólo son posibles por medio de la gracia —por medio del sacrificio de Cristo. Todos necesitamos de la gracia de Dios; pero ninguno de nosotros puede ganarla ni dársela a otro. La gracia viene sólo a través del sacrificio de Cristo. La misericordia, en cambio, es algo que necesitaremos muchas veces en la vida y que Dios espera que desarrollemos.

En el Sermón del Monte, Cristo dijo: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7). Todos hemos necesitado misericordia en ciertas ocasiones. ¿Cuánta misericordia mostramos hacia los demás?

La gracia de Dios hace posible que recibamos el regalo de la salvación, entre muchas otras cosas. Pero no debemos olvidar que todos estos regalos conllevan ciertas responsabilidades y expectativas por parte de nuestro Creador.

Si desea saber más sobre la gracia de Dios, le invitamos a leer “¿Qué es la gracia?”.