La Iglesia de Dios: ¿Qué es en realidad?

Jesucristo profetizó el origen de la Iglesia cristiana diciendo que “edificaría su iglesia”. ¿Qué es la Iglesia en realidad?

Muchos barrios tienen una gran variedad de iglesias entre las cuales la gente puede escoger. Y comúnmente se incentiva a las personas a “ir a la iglesia de su preferencia” o simplemente a “asistir a la iglesia”. 

Casi cada comunidad cuenta con iglesias grandes y pequeñas, iglesias instaladas en antiguos locales, iglesias campestres e iglesias elegantes.

Pero, ¿son estos edificios “iglesias”, en el sentido correcto de la palabra? Toda persona que profese una religión responsablemente debería preguntarse: ¿qué es la Iglesia en realidad?

¿Es la Iglesia un edificio?

Todos necesitamos saber en qué consiste la Iglesia de Dios. ¿Es acaso un edificio, o es algo más? ¿Qué dice la Biblia sobre la Iglesia de Dios? ¿Qué dijo Jesucristo acerca de su Iglesia? En Mateo 16:18, Jesús profetizó: “edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades [el sepulcro] no prevalecerán contra ella”.

En otras palabras, la verdadera Iglesia de Dios se mantendría en pie durante mucho tiempo después de la muerte de Jesucristo. Pero, ¿qué es la Iglesia y cómo saberlo? ¿Qué es aquello que se ha mantenido en pie?

¿Qué dice la Biblia?

El libro de Hechos relata la historia de los primeros años de la Iglesia cristiana. En el capítulo 11 de este libro, vemos que Bernabé y Saulo (conocido luego como Pablo) pasaron un año en Antioquía, al inicio del ministerio de Pablo; “se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente” (v. 26).

Y es interesante notar que la palabra utilizada es “con la iglesia”—no “en” o “dentro de”—lo cual implica que Bernabé y Pablo estaban junto a algo o participando de algo. Entonces, la Iglesia de Antioquía era un grupo de personas, no un edificio.

Luego, en 1 Corintios 14:23, el apóstol Pablo aclara aún más el concepto bíblico de “iglesia”: “Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar…”. Claramente, si la iglesia puede “reunirse” en un lugar, no estamos hablando de un edificio.

Origen de la palabra “iglesia”

La palabra griega (ya que el Nuevo Testamento fue escrito en griego) traducida como “iglesia” es ekklesia, que significa “llamado”, específicamente “congregación religiosa, asamblea” (Strong’s Exhaustive Concordance [Concordancia exhaustiva de Strong], #1577). En otras palabras, la “Iglesia” es el grupo de creyentes del cual Jesucristo es Cabeza. Este término puede designar a la Iglesia en el sentido global o a una congregación específica. Por lo tanto, cuando Bernabé y Pablo “se congregaron con la iglesia”, se estaban reuniendo con los seguidores de Jesucristo para predicarles la palabra de Dios.

Cuando comenzó la Iglesia del Nuevo Testamento, “el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Esto no significa que Dios los pusiera dentro de un edificio, sino que pasaban a ser parte del grupo de llamados que conformaban su Iglesia. Entonces, debería ser obvio que el concepto bíblico de iglesia no se refiere a un edificio o catedral, sino a un grupo de personas.

La Iglesia es un grupo de personas “llamadas” por Dios para un propósito especial. Un verdadero miembro de la Iglesia de Dios ha sido llamado por Él para ser parte de este grupo especial. Estas personas son apartadas del mundo para convertirse en seguidores de Jesucristo—o “cristianos”—y llevar una vida distinta a la anterior.

Dios es quien llama a su Iglesia

¿Quién llama a las personas a la Iglesia de Dios? Como leímos en Hechos 2:47, el Señor añade a la Iglesia los que han de ser salvos; es Dios quien llama a las personas a su Iglesia a través de Jesucristo (Juan 6:44). Nadie puede simplemente construir un edificio y llamarlo “iglesia”, como muchos lo han hecho. Sólo Dios puede llamar a los miembros de su Iglesia, quienes a su vez deben atender a este llamado tal como una persona contesta un llamado telefónico. Un verdadero cristiano es aquél a quien Dios ha elegido y “convocado”. Pero este proceso no consiste en “unirse a la iglesia de su preferencia”; ser parte de la Iglesia de Dios no es una decisión propia—sólo podemos adquirir este compromiso si primero Dios nos llama a través de Jesucristo.

Como leemos en Colosenses 1:18: “él [Jesús] es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia”. Esto es un hecho de gran importancia: la Iglesia de Dios es un solo cuerpo con una Cabeza, Jesucristo.

Una Iglesia “ganada” por la sangre de Cristo

La Iglesia de Dios fue ganada con la sangre de Jesucristo. En Hechos 20:28, el apóstol Pablo se dirigió a los ancianos de la congregación de Efeso para instarlos a cuidar el rebaño “en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (énfasis añadido).

La unión de los miembros de la Iglesia de Dios se basa en Jesucristo; quienes sean llamados por Dios a formar parte de ella seguirán y obedecerán a Jesús juntos. Y, al mismo tiempo, la Iglesia será “apacentada”, guiada, dirigida y protegida por Cristo y los pastores que Él designe.

Los últimos versículos de Efesios 5 nos explican esta verdad a través de una analogía donde Cristo y su Iglesia son ejemplo de la relación matrimonial: “Así que, como [de la misma manera en que] la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén [sujetas] a sus maridos en todo”. Entonces, la Iglesia verdadera, el conjunto de llamados que siguen a Jesucristo, es aquella que se sujeta a Él en todo. En otras palabras, la Iglesia de Jesucristo siempre se esforzará por comportarse como Él lo hizo cuando vino a la tierra. Pero esto nos plantea varios interrogantes:

  • Si la Iglesia debe “seguir a Cristo”, ¿por qué hay tantas iglesias con creencias tan diversas?
  • ¿Importa la religión que profesemos?
  • ¿Cómo saber a qué Iglesia asistir?
  • ¿Qué sucedió con la Iglesia del Nuevo Testamento?

Le invitamos a leer los artículos que muy pronto estarán disponibles en nuestro sitio para responder estas preguntas y más.

¿Qué sucede con los edificios?

Como hemos estudiado, la Iglesia de Dios es un grupo de personas llamadas que siguen a Jesucristo. Pero entonces, ¿qué sucede con los edificios de reunión? ¿Qué dice la Biblia acerca de esto?

En una de sus cartas a la Iglesia en Roma, Pablo mandó saludos a varios de los miembros: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús” (Romanos 16:3). Luego, continúa diciendo: “Saludad también a la iglesia de su casa” (v. 5).

Y, en Colosenses 4:15, Pablo también pide que saluden por él “a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa”. 

Luego, en su carta a Filemón, el apóstol envía saludos “al amado Filemón, colaborador nuestro, y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa” (Filemón 1:1-2).

Todos estos pasajes indican que la Iglesia se reunía en la casa de una persona; no existía un “edificio” especial para este fin. Y en otros pasajes del Nuevo Testamento vemos que la Iglesia también se reunió en alguna de las sinagogas judías y otros lugares. El lugar de reunión de la Iglesia no era lo importante; lo importante era que se predicara de acuerdo con las enseñanzas y comportamiento de Jesucristo. Pero esto no parece ser el caso en la actualidad.

Hoy en día, la gente elige una iglesia con base al tamaño o belleza de su edificio y las actividades sociales, musicales y deportivas que realiza. Pero el valor de una iglesia no se mide según la ubicación o tamaño del lugar de reunión, el estatus social de sus miembros, los programas que ofrece, los adornos que posee ni cualquier otra cosa física. Un edificio es solo un edificio—un cascarón vacío.

La Iglesia de Dios no es un edificio; es un grupo de individuos llamados por Él que dedican sus vidas a seguir a Jesucristo, que es Cabeza de su Iglesia.

Si desea saber más acerca de la Iglesia de Dios y cómo formar parte de ella, le invitamos a seguir leyendo los artículos que podrá encontrar en la sección de “Cambio” de nuestro sitio.