¿Perdonarse a sí mismo?

¿Quiere Dios que estemos sumidos en la culpa y el remordimiento, o por el contrario nos ofrece una salida? ¿Qué necesita saber acerca de perdonarse a sí mismo?

Nuestras acciones del pasado nos pueden pesar bastante. No hay forma de que podamos viajar al pasado y deshacer las cosas que ya hicimos, aunque a muchos de nosotros nos gustaría.

La pesadumbre del apóstol Pablo

Incluso el gran apóstol Pablo miraba su pasado con gran tristeza. “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios” (1 Corintios 15:9).

Pablo escribió estas palabras cerca de 20 años después de haber perseguido a los primeros cristianos, y nos indican de manera muy clara que nunca olvidó el vergonzoso y destructivo comportamiento que tuvo cuando era joven. En la Biblia podemos ver que Pablo dejó esa vida atrás y se encaminó a una mucho más constructiva y productiva. Y como veremos, tuvo mucho que decir acerca del perdón y cómo no quedarse anclados a los sentimientos de culpa.

¿Qué podemos hacer cuando la culpa y el remordimiento de nuestras acciones pasadas nos impiden seguir adelante con nuestra vida, como deberíamos? ¿Cómo podemos aprender a dejar esas cosas atrás y seguir adelante? La Biblia no habla en términos de perdonarse a sí mismo, pero si nos da un punto de partida para seguir y liberarnos de nuestras culpas y poder recuperar nuestra salud mental.

Podemos empezar dándonos cuenta que perdonar, ya sea que conlleve perdonar a otros o a nosotros mismos, no se trata de aprobar malas acciones. No se trata de una falta de responsabilidad. Se trata de entender que Dios perdona a los pecadores que se arrepienten de sus pecados y se convierten a él, y que Dios entonces les permite y quiere que sigan adelante.

La culpa de Manasés

La vida de Manasés, rey de Judá, es muy instructiva para darnos cuenta cómo ve Dios a un pecador arrepentido. Manasés era hijo del justo rey Ezequías, que fue considerado uno de los mejores reyes de Judá. Manasés, por otro lado, fue considerado uno de los peores. Su reinado sobre Judá, irónicamente, fue el más largo que haya tenido cualquiera de los reyes —¡55años!

La Biblia registra algunas de las malas acciones de Manasés en 2 Crónicas 33. El versículo 2 comienza diciendo que Manasés hizo cosas perversas ante los ojos de Dios. Él reedificó los lugares de adoración paganos que su padre había derribado (versículo 3). Sacrificó sus propios hijos a los ídolos y consultó adivinos (v. 6). Puso un ídolo en medio del templo de Dios (v. 7).

El versículo 9 termina diciendo que Manasés sedujo al pueblo de Judá para que hiciera cosas aún más perversas que las que hacían las naciones paganas que los rodeaban. ¡Ésta es una terrible acusación!

Según el historiador judío Josefo, Manasés fue responsable de un terrible derramamiento de sangre de aquellos que querían seguir a Dios: “Su desprecio por Dios llego a tales extremos que condenó a muerte cruelmente a los más virtuosos de los hebreos, sin perdonar ni aun a los mismos profetas. Todos los días había degüellos, de tal manera que la sangre corría por Jerusalén” (Flavio Josefo, Antigüedades de los judíos, tomo 2, p. 214).

¡Es difícil de imaginar un pasado más abrumado por la culpa que el de Manasés!

En ese tiempo Dios permitió que la nación de Judá fuera llevada cautiva por los asirios y Manasés fuera llevado encadenado (2 Crónicas 33:11). Finalmente, Manasés hizo un balance de sus acciones y se arrepintió de sus pecados (v. 12).

¿Cuál fue la respuesta de Dios ante la magnitud de los pecados y crueldad de Manasés? Él vio que Manasés cambió en su corazón y escuchó su ruego. Él “atendió su súplica” y lo restauró a su reino en Jerusalén (v. 13). Manases demostró su verdadero arrepentimiento al destruir todos los altares de los ídolos y reparó el altar de Dios (vv. 15-16). ¡Incluso los pecados de Manases no fueron tan graves como para que Dios no pudiera perdonarlos!

¡El perdón por parte de Dios viene primero!

Debemos buscar primero el perdón de Dios, como lo vimos con el ejemplo de Manasés. El común denominador que vemos en las personas que son perdonadas por Dios, sin importar cuan deplorables hayan sido sus acciones, es el arrepentimiento (arrepentirse de sus pecados y volverse a Dios).

La Biblia describe el arrepentimiento de Manasés: “Mas luego que fue puesto en angustias, oró al Eterno su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres” (2 Crónicas 33:12).

El arrepentimiento consiste en lamentarse realmente de las acciones pasadas y aprender de ellas para vivir la vida de una manera diferente. Según las palabras del apóstol Pablo: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Pablo continúa diciendo que Dios ha escogido un día en el que juzgará a todo el mundo.

La opinión que Dios tenga de nosotros es lo que realmente va a importar, y Él está dispuesto a perdonar si nos arrepentimos. Entender esto debería ayudarnos a seguir adelante con nuestra vida, sin importar que hayamos hecho en el pasado (para mayor información acerca del el arrepentimiento delante de Dios, vea el artículo “Como arrepentirse”).

Cuando nos hemos arrepentido de nuestros pecados, Dios no sólo los olvida, sino que los quita de nosotros. Saber esto es el punto de partida fundamental para empezar a perdonarse a uno mismo.

El Salmo 103:11-12, explica la maravillosa verdad del perdón de Dios: “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”

¡La misericordia de Dios hacia nosotros nos da la posibilidad de seguir adelante con nuestra vida, haciendo borrón y cuenta nueva!

El problema con la culpa

La culpa puede ser un sentimiento saludable para avisarnos que hemos cometido errores, y debemos hacer cambios en la forma como tratamos a otras personas o en la forma como vivimos nuestra vida. Pero si mantenemos sentimientos de culpa después de arrepentirnos y de haber hecho los cambios necesarios, si se puede convertir en un sentimiento poco saludable.

El Diccionario Médico de Merriam-Webster da esta definición de culpa: “sentimientos de culpabilidad especialmente de ofensas imaginadas o de un sentimiento de incompetencia; un auto reproche mórbido se manifiesta en una preocupación marcada por la corrección moral de la conducta de uno”.

Aferrarse a sentimientos de culpa (sean reales o imaginarios) pueden evitar que usted se perdone a sí mismo y siga adelante viviendo una vida productiva. Es importante establecer cual opinión es la que realmente importa y saber cómo nos ve Dios. El apóstol Pablo explicó que Dios: “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31).

Vendrá un momento en el que todos tendremos que responderle a Dios y seremos juzgados por Él. Para aquellos que están siendo llamados en la actualidad, el momento de rendir cuentas y ser juzgados es ahora (1 Pedro 4:17). Dios ha hecho posible que nosotros, por medio del sacrificio de Jesucristo y a través del arrepentimiento y el bautismo, podamos ser perdonados de nuestros pecados. (Para mayor información acerca de esto, lea el artículo “¿Qué es el bautismo?”).

Cuando nos hemos arrepentido de corazón y hemos sido bautizados, somos perdonados completamente y reconciliados ante Dios. Leamos en Colosenses 1:21-22: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él”

¡Cuando Dios nos ha perdonado y reconciliado con Él por medio de la muerte de su hijo, no hay ninguna razón por la cual debamos seguir aferrados a un sentimiento de culpa por algo que hayamos hecho en el pasado!

En palabras del apóstol Pablo, “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).

Proseguir

Cuando nos hemos arrepentido de nuestros pecados, hemos sido bautizados y hemos hecho los cambios necesarios en nuestra vida, es momento de dejar el pasado atrás y continuar con nuestra vida. Incluso después del bautismo siempre debemos ser conscientes de las veces que nos quedamos cortos y siempre tendremos la necesidad de arrepentirnos del pecado cada vez que se presente en nuestra vida. Nuestro enfoque, sin embargo, deberá ser el mirar siempre hacia adelante, y siempre debemos tener en mente que cuando Dios perdona los pecados, lo hace completamente y quiere que sigamos adelante.

Una escritura muy alentadora en el libro de Jeremías es repetida en el libro de Hebreos: “Éste es el pacto que haré con ellos, Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:16-17).

¿Qué hay del concepto de perdonarse a sí mismo? La Biblia nos ha mostrado que el camino a seguir es arrepentirse ante Dios, cambiar nuestro curso y estar seguros que cuando Dios perdona, quita las transgresiones de nuestra vida.

Miremos una escritura más del apóstol Pablo: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).

Lea más acerca del maravilloso regalo del perdón de Dios, en nuestro artículo “¿Que es el perdón?