Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Septiembre/Octubre 2018 de la revista Discernir

¿Sin remordimientos?

Esas decisiones que tomamos en la vida y que no son tan buenas, pueden permanecer en nuestra vida por años. Aun después de que los efectos han desaparecido, los remordimientos pueden permanecer. Afortunadamente, hay pasos que podemos dar para vivir sin remordimientos.

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Es fácil sentir remordimientos acerca de esos momentos en que pensamos: “no puedo creer que yo hiciera eso”. Y no está mal rechazar esos errores. Sin embargo, tenemos problemas cuando los remordimientos se enseñorean de nuestra vida.

Decisiones no muy buenas

Las malas decisiones pueden causar remordimientos. Decisiones como mentiras, sexo premarital, robo o aun asesinato pueden, y ciertamente deberían, causar remordimientos. Seamos ricos o pobres, famosos o personas corrientes, todos somos susceptibles al remordimiento cuando no tomamos buenas decisiones.

David fue escogido por Dios para que fuera rey en Israel. Dios escogió específicamente a David (Hechos 13:22). Sin embargo, David cometió grandes errores como rey —errores que disgustaron a Dios y le causaron a David un gran remordimiento. En su actuar, David cometió adulterio con la esposa de un siervo fiel, firmó la sentencia de muerte de un siervo fiel para esconder su propia culpa y así hizo que la esposa de ese siervo quedara viuda. Él quebrantó los mandamientos de Dios y finalmente causó la muerte de su propio hijo (2 Samuel 12:9-18).

David tenía razones legítimas para albergar remordimientos.

Y, desafortunadamente, David no es la única persona escogida que ha tomado decisiones desafortunadas.

Perseguidor

¿Cuánto le gustaría a usted ser recordado como la persona que más persiguió la Iglesia?

Saulo, más tarde conocido como el apóstol Pablo, fue ese perseguidor. Saulo aprobó que Esteban fuese apedreado hasta morir y además “asolaba la iglesia” (Hechos 8:3). Muchos de la Iglesia primitiva fueron puestos en prisión y algunos murieron, todo debido a la persecución de Saulo (Hechos 9:1; 26:10).

¡Si alguien tendría razones para estar lleno de remordimientos, era el hombre que más tarde llegó a ser el apóstol Pablo!

Pero, ¿por qué no lo estaba?

¿Cómo superó Pablo los remordimientos de su pasado? ¿Y cómo superó David las tragedias que él desencadenó?

Cómo sobreponerse a los remordimientos

Primero, veamos a David. Él podría haber permitido que los efectos de sus malas decisiones lo apartaran de Dios —pero no fue así. David llevó sus remordimientos a Dios.

¿Qué hizo David cuando tuvo ese momento en que todos decimos: “no sé cómo pude hacer tal cosa”? David se humilló a sí mismo delante de Dios. La oración de David en el Salmo 51 nos muestra tres pasos fundamentales para superar los remordimientos. Estos son:

  • Reconocer: David confesó que había pecado contra Dios. También admitió que Dios era justo, que juzgaba rectamente, lo que es algo importante que debemos recordar cuando sufrimos las consecuencias de nuestras malas decisiones (vv. 3-4).
  • Arrepentimiento: David comenzó su oración pidiendo misericordia —perdón. David entendió que él no se podría recuperar y avanzar sin la ayuda de Dios.
  • Compromiso: David le pidió a Dios que lo liberara de su culpa y restaurara su gozo. A su vez, él alabaría la justicia de Dios y les enseñaría a otros a hacer lo mismo (Salmo 51:12-15). Para quitar los remordimientos, debemos cambiar —ser convertidos— y entender que nuestro Padre justo nos ha dado una nueva vida y entonces luchamos para convertirnos en un ejemplo positivo para otros en nuestras palabras y nuestras acciones. Estos ejemplos jugarán un papel importante para ayudar a otros afectados por nuestras decisiones erróneas a sanar y a que encontremos perdón también. Si desea profundizar acerca del perdón, vea el recuadro “Seis pasos al perdón”.

David se sobrepuso a los remordimientos por su fe en el perdón de Dios y el entendimiento de su llamado a ser un ejemplo de justicia para todos.

De perseguidor a apóstol

Entonces, ¿cómo pudo vivir Pablo una vida sin remordimientos insoportables?

Pablo reconoció su pasado (1 Corintios 15:9). También reconoció que su llamado no fue por sus propias obras, sino por “la gracia de Dios” que lo ayudó a él a “trabajar más” (v. 10). El verdadero arrepentimiento y la aceptación del Espíritu Santo de Dios le permitieron a Pablo ver más allá de sí mismo —y el plan que Dios tenía para su vida.

La diferencia entre arrepentimiento y remordimiento es que el arrepentimiento nos conduce al cambio físico y espiritual, en tanto que el remordimiento sólo nos lleva a la culpa.Sin verdadero arrepentimiento, Pablo habría quedado a merced de sus remordimientos. La diferencia entre arrepentimiento y remordimiento es que el arrepentimiento nos conduce al cambio físico y espiritual, en tanto que el remordimiento sólo nos lleva a la culpa: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7:10).

Pablo encontró la forma de avanzar más allá del remordimiento arrepintiéndose y después aceptando que las cosas viejas habían muerto por el perdón de Jesucristo (2 Corintios 5:16-19). Pablo dejó su pasado atrás y se mantuvo enfocado en lo que él podía cambiar, no en lo que no podía (Filipenses 3:13).

Esperanza para vivir sin remordimientos

Los pasos que dio David para sobreponerse a sus remordimientos son los mismos que dio el apóstol Pablo para salir de su pasado. Nosotros también tenemos la capacidad de seguir los mismos pasos.

Sí, los remordimientos tienen la peculiaridad de durar más tiempo que los errores que los causan. Los remordimientos también pueden hacernos sentir sin valor o incapaces de hacer enmiendas. Las buenas noticias son que hay esperanza para dejar atrás nuestros remordimientos. Debemos aceptar el hecho de que cometimos errores —que hemos afectado negativamente la vida de otros, nuestra propia vida y, más importante aún, nuestra relación con nuestro Padre en los cielos. Debemos pedirle perdón a nuestro misericordioso Creador, así como también pedirles perdón a quienes hemos afectado. Y debemos tener fe en la misericordia de Dios.

Todos tomamos malas decisiones. Es lo que hacemos después lo que determina la dirección de nuestra vida. No estamos condenados a vivir una vida de autodesprecio sin esperanza de clemencia —si avanzamos, luchando por ser mejores, luchando por vencer, luchando por vivir cada día como un ejemplo de justicia para otros. Si seguimos estos pasos, podemos eliminar de verdad los remordimientos. 

Recuadro: Seis pasos al perdón

¿Se ha encontrado usted alguna vez en una situación en la que era necesario pedirle perdón a Dios y a otros? Veamos algunos pasos para recordar:

  • Aceptar la responsabilidad: el primer paso para obtener perdón es admitir que hicimos algo malo. Con demasiada frecuencia las personas caen en la negación o el juego de culpar a otros cuando hacen algo que afecta a los demás. La Palabra de Dios nos dice: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).
  • Arrepentirse: cuando admitimos que cometimos un error, nuestro siguiente paso debe ser ir delante de Dios. Nada importa más que hacerle saber a nuestro Padre que entendemos que cometimos un error y que queremos estar bien con Él. Debemos expresar un arrepentimiento según Dios y pedirle que nuestros pecados sean cubiertos por el sacrificio de Jesucristo. Arrepentirse significa cambiar —mostrar la determinación de no repetir los pensamientos y acciones pecaminosos.
  • Pedir perdón: pedirle a alguien perdón por algo grave que hayamos hecho puede ser estresante y aun aterrador. Cuando enfrentemos la gran tarea de pedir perdón, recordemos las palabras del apóstol Pablo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).
  • Reconciliarse: el acto de ser reconciliado o restituir es un elemento fundamental del perdón. La escritura nos muestra la importancia de hacer las paces con nuestro hermano antes de poder relacionarnos correctamente con nuestro Padre Celestial (Mateo 5:23-24). La restitución puede darse de muchas maneras. Puede ser restituyendo el dinero o propiedad personal, o aun tratar de remediar el dolor causado por palabras dolorosas. Se debe hacer lo que se pueda para corregir una situación, o la otra persona no estará dispuesta a perdonar y a reconciliarse.
  • Orar por un corazón perdonador: sólo por el hecho de que hayamos seguido los pasos anteriores, esto no significa que la persona que hayamos ofendido esté lista y dispuesta a perdonarnos. También es importante orar para que la otra parte también esté dispuesta a perdonarnos. Las oraciones del justo pueden tener un efecto positivo (vea nuestro artículo en línea: “Cinco claves para que nuestras oraciones sean respondidas”).
  • Aceptar el desenlace: podemos seguir todos estos pasos y sin haber logrado borrar los sentimientos heridos y la desconfianza que la otra persona sienta. Tal vez no quieran perdonarnos. Si éste es el caso y usted ha hecho todo lo posible por arreglar la situación, entonces deje el asunto en manos de Dios. Dios sana el corazón quebrantado y sana las heridas (Salmo 147:3), pero todos tienen la responsabilidad de acudir a Dios pidiéndole la sanidad. En este punto tenemos la responsabilidad de continuar orando por la actitud correcta de todos los involucrados (incluyéndonos a nosotros mismos) y dar el ejemplo correcto al avanzar.

El perdón es una característica divina. Nuestro Padre nos perdona cuando buscamos su perdón de una forma adecuada, y Él también nos ofrece su guía para saber cómo dar y recibir perdón. El perdón es un elemento clave en el plan de Dios para la humanidad. Estudie más al respecto en nuestros artículos en línea: “Cómo debemos arrepentirnos” y “¿Qué es el perdón?”.

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