¿Es el Espíritu Santo una persona?

¿Cómo describe la Biblia el Espíritu Santo? ¿Lo describe como una persona, un miembro de la trinidad? Veamos lo que la Biblia nos enseña.

Si el Espíritu Santo es una persona, ¿por qué Pablo, Pedro y Juan no lo incluían cuando enviaban sus saludos a las Iglesias? ¿Por qué la doctrina de la trinidad no se enseña en la Biblia?

La palabra “persona” ha tenido diferentes significados a lo largo de las épocas. La Nueva Enciclopedia del Mundo anota: “Tertuliano comenzó a utilizar la expresión de ‘tres personas’ (en Latín: tres personae). En la época de Tertuliano la palabra latina persona no significaba una persona individual con autoconciencia, que es el significado usual en los tiempos modernos. En aquellos días, sólo significaba propiedad legal o una máscara utilizada en el teatro. Por ello tres personas diferentes pueden ser de una substancia (en latín: una substantia). Fue en este contexto que Tertuliano también utilizó la palabra trinitas (palabra clave “trinidad”). En la doctrina de la trinidad, una “persona” es como una personalidad o “máscara”.

Adicionalmente, “la palabra trinidad no se encuentra en la Biblia, y aunque fue utilizada por Tertuliano a finales de la última década del segundo siglo, no encuentra formalmente un lugar en la iglesia hasta el siglo cuarto” (Nuevo Diccionario de la Biblia).

La doctrina de la trinidad se desarrolló a lo largo de los siglos como un intento de los seres humanos para explicar la naturaleza de Dios. ¿Qué nos revela la verdadera fuente de toda la doctrina correcta acerca de la naturaleza del Espíritu Santo?

Cómo se refiere la Biblia al Espíritu Santo

Si vamos a las Escrituras, veremos que el Santo Espíritu de Dios es el poder de Dios y no es (como se enseña erróneamente por muchas personas) una persona—un miembro de la “trinidad”. El Espíritu Santo es el medio poderoso por el que los dos miembros de la familia de Dios revelados en la Biblia—Dios el Padre y Jesucristo, el hijo de Dios—proyectan su voluntad, su influencia, su naturaleza y su poder creativo en todo el universo, incluyendo la interacción con las mentes de los seres humanos.

Jesús les dijo a sus discípulos que ellos serían llenos de poder—poder espiritual—cuando recibieran el Espíritu Santo (Hechos 1:8). En el Día de Pentecostés, Dios envió su Espíritu acompañado de manifestaciones de gran poder como, por ejemplo, el sonido de “un viento recio que soplaba” (Hechos 2:1-3). El apóstol Pablo fue inspirado a explicar que los cristianos habían recibido este Espíritu, y que éste no es “un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). El efecto del poder del Espíritu Santo en un cristiano es impartir y desarrollar una nueva naturaleza, la naturaleza divina en su vida—haciendo de un cristiano una “nueva creación” a la imagen del carácter de Cristo (2 Pedro 1:3-4; 2 Corintios 5:17).

La Biblia se refiere al Espíritu Santo como un “don” que Dios va a “derramar” en las personas (Hechos 2:38; 2:17). Éste es un lenguaje apropiado para describir una cosa en lugar de una persona. Sin embargo, estas analogías por sí mismas ni prueban ni refutan que el Espíritu Santo sea una persona. La prueba proviene de muchas otras escrituras en la Biblia.

Si bien es cierto que el Padre y Cristo son adorados como los dos seres eternos de la divinidad (Juan 4:23-24; 20:28; Hebreos 1:6), no hay ningún lugar en la Biblia que nos indique que el Espíritu Santo es adorado. Esto es apropiado, ya que el Espíritu Santo no es una persona, sino el poder de dos seres: Dios el Padre y Jesucristo, el hijo de Dios. Ellos comparten el Espíritu y la naturaleza (Efesios 4:4; Juan 10:30).

Si el Espíritu Santo fuera una persona, el apóstol Pablo le faltó al respeto y lo pasó por alto cuando en los saludos que normalmente hacía a las iglesias, él nunca mencionó al Espíritu Santo. Él mencionaba al Padre y al Hijo (Jesucristo) cuando saludaba, pero siempre omitió al Espíritu Santo (Romanos 1:7; 1 Corintios 1:3; 2 Corintios 1:2; Gálatas 1:3; Efesios 1:2; Filipenses 1:2; Colosenses 1:2; 1 Tesalonicenses 1:1; 2 Tesalonicenses 1:1-2; 1 Timoteo 1:1-2; 2 Timoteo 1:2; Tito 1:4; Filemón 1:3). Los apóstoles Pedro y Juan también saludaron a los hermanos en sus epístolas en el nombre de Dios el Padre y Jesucristo, pero tampoco mencionaron al Espíritu Santo—algo bastante irrespetuoso si el Espíritu Santo fuera también una persona (2 Pedro 1:2; 2 Juan 1:3).

Hay también otro rompecabezas sin resolver para aquellos que creen que el Espíritu es una persona. Jesús oró al Padre (Juan 17:1), pero su madre, María, cuando lo estaba esperando, quedó embarazada por medio del Espíritu Santo: “…se halló que había concebido del Espíritu Santo” (Mateo 1:18). Esto haría que el Padre de Jesucristo fuera el Espíritu Santo, si es que el Espíritu Santo fuera una persona. Esta posible confusión de entendimiento es fácilmente evitada al comprender que la Biblia enseña que el Espíritu Santo no es una persona sino el poder por medio del cual el Padre hizo que surgiera la vida humana de Jesús en el vientre de María.

Gramática y asuntos de traducción

Hay ciertos pasajes en algunas traducciones de la Biblia en donde se utilizan los pronombres “él” y “de él”, en referencia al Espíritu Santo, pero es algo de gramática y traducción, no una enseñanza bíblica. En muchos idiomas, tales como el español y el griego, los sustantivos tienen género. Son gramaticalmente femeninos, o masculinos o neutros, aunque se refieran o no a seres vivientes, ya sean hombres o mujeres.

Por ejemplo, en español una puerta es un sustantivo femenino, y cuando uno se refiere a la puerta es apropiado referirse a ella utilizando el pronombre femenino.

Una situación similar se presenta en el lenguaje griego—el lenguaje en el que fue originalmente escrito el Nuevo Testamento. Jesús se refiere al Espíritu Santo como parakletos (el “consolador”, porque es el poder por el cual Dios consuela y anima las mentes y vidas de aquellos que lo reciben). En el lenguaje griego, parakletos es un sustantivo masculino. Por lo tanto, en griego, para referirse a parakletos es adecuado utilizar un pronombre masculino. Nuevamente, estos son asuntos gramaticales y de traducción, no de teología bíblica.

Las palabras agregadas en 1 Juan 5

Finalmente, nos damos cuenta de que algunas personas están confundidas por lo que leemos en 1 Juan 5:6-8. Estos versículos parecen referirse al Espíritu Santo como uno de los miembros de las tres personas de la “Trinidad”. Este pasaje es desorientador, ya que prácticamente todos los eruditos bíblicos están de acuerdo en que esas palabras (las de los versículos 7-8): “en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra”, no son parte del texto original escrito por el apóstol Juan, sino que fue agregado mucho más tarde (tal vez en un intento para respaldar la doctrina de la Trinidad). La mayoría de las traducciones modernas no incluyen estas palabras.

Con todo esto en mente, debemos tener claras dos cosas. Primero, el hecho de que estos versículos agregados no bíblicos sean la única declaración que respalde la Trinidad es algo que muestra la debilidad de esta doctrina. No está enseñada en ninguna otra parte de las Escrituras. Segundo, cuando se borran todas las palabras espurias, las palabras restantes de 1 Juan 5:6-8, mencionan al Espíritu Santo dentro de una lista de cosas—no de personas—que incluye el agua, la sangre y el Espíritu.