¿Qué creían los apóstoles acerca de Dios?

¿Qué viene a su mente cuando piensa en Dios? ¿Una trinidad? ¿Cree que su idea de Dios concordaría con lo que pensaban y enseñaban los discípulos de Cristo?

Luego de la muerte y resurrección de Jesús, teólogos, sacerdotes y obispos debatieron durante siglos acerca de la naturaleza de Dios el Padre, Dios el Hijo y el Espíritu Santo.

¿Qué? ¿Acaso esto tuvo que debatirse? ¿No sabían ya los apóstoles cómo era Dios y enseñaban a otros sobre esto? ¿Por qué estas cosas no quedaron claras desde el principio?

En realidad, las creencias que existen actualmente sobre la naturaleza de Dios son producto de numerosos concilios realizados a través de los años. Pero, ¿reconocerían los apóstoles de Dios, que caminaron y hablaron personalmente con Jesús, el Dios descrito en concilios posteriores?

Analicemos los escritos de los apóstoles y entendamos lo que ellos mismos creían acerca de la naturaleza de Dios y de la Deidad.

La familia de Dios

Cuando los apóstoles se referían a la Deidad, ¿acaso la describían como una trinidad? Según lo que vemos en sus escritos, los apóstoles claramente entendían que la Deidad se compone de Dios el Padre y Dios el Hijo. Ambos Seres pertenecen a la familia divina y reconocen al Padre como la cabeza, con autoridad aun sobre el Hijo, aunque los dos están unidos y de acuerdo en todo, con una misma mente y propósito. Por otro lado, los apóstoles nunca reconocieron al Espíritu Santo como un tercer miembro de la familia de Dios.

El término “Divinidad” o “Deidad” es usado sólo tres veces en la versión Reina Valera de la Biblia:

• En Hechos 17:29, el apóstol Pablo empleó la palabra theios (Divinidad) para nombrar al verdadero Dios cuando hablaba con un grupo de atenienses. Según el Online Bible Greek Lexicon (Diccionario Griego Bíblico en Línea), theios es “un nombre genérico utilizado por lo griegos para referirse a deidades o seres divinos”. Pablo decidió adaptar su mensaje (1 Corintios 9:22) usando una palabra que los griegos empleaban comúnmente al referirse a sus propios dioses. Pero él también reveló características de la Deidad que la diferenciaban de los ídolos paganos adorados por los griegos—Dios es espíritu y no habita en lugares construidos por el hombre, es el Creador de todas las cosas, es el Dador de vida y es el Ser Supremo que tiene poder sobre la muerte y que juzgará al mundo entero (Hechos 17:24-31). Pablo describió la naturaleza de Dios (espiritual), sus atributos divinos, su poder y su autoridad.

• En Romanos 1:20, Pablo usó el término theiotes (Deidad) para describir características de la divinidad de Dios—sus cualidades divinas—que son evidentes a través de la creación. Su poder eterno es incuestionable al observar lo que ha creado.

• En Colosenses 2:9, Pablo utiliza el término theotes para referirse a la esencia de Dios—su divinidad—cuando describe a Cristo: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Es evidente que Pablo creía que Jesucristo pertenecía a la Deidad, pero ¿cómo?

Mientras el Espíritu Santo nunca se describe en la Biblia como un ser de la familia de Dios, Pablo sí explica claramente cómo la Iglesia del primer siglo entendía la naturaleza de Dios en 1 Corintios 8:5-6:

“Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores) para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él”.

En esta escritura, el apóstol se refiere al Padre como el único Dios. Pero, ¿qué quiso decir con esto? ¿Acaso los apóstoles creían que la Deidad estaba compuesta literalmente por un solo Ser ? Esto era lo que creían los judíos y es lo que creen los musulmanes en la actualidad. ¿No entendían que el Padre es la cabeza de la familia divina y que Jesús también es parte de ella? Dejemos que la Biblia nos dé la respuesta.

El Verbo que fue hecho carne—un miembro de la familia de Dios

Según las Sagradas Escrituras, los apóstoles entendían claramente que Jesús había sido Dios y había estado con Dios antes de su nacimiento físico. El apostól Juan escribió :

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho…. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1-3, 14).

Juan fue muy claro al decir que el Verbo era Dios. El Verbo fue el miembro de la Deidad que fue concecibo en el vientre de María y nació como un ser humano de carne y hueso, llamado Jesucristo (Lucas 1:31-35; Juan 1:14). Juan también explicó que el Verbo había estado con Dios—el Dios Altísimo—desde el principio y que todas las cosas fueron hechas por medio de Él. El Verbo que fue hecho carne fue el miembro de la familia de Dios que llevó a cabo la creación de todas las cosas (Juan 1:10).

La Iglesia del primer siglo entendía esta importante verdad—que el Verbo, quien llegó a ser Jesucristo, fue el Creador de todo. Y los apóstoles sabían que Dios el Padre era la cabeza de la familia divina, pues se referían a Él como el único Dios, mientras que el Verbo o Jesucristo, también pertenecía a la Deidad.

Dios, el Altísimo, había dado la orden de crear y el Verbo la cumplió.

Pablo dijo en Efesios 3:9: “y de aclarar a todos cuál sea la comunión del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas por Jesús, el Cristo” (Versión Sagradas Escrituras).

La Biblia reitera que Jesucristo fue el Creador de todas las cosas en Colosenses 1:15-16 y Hebreos 1:1-2.

Y en Hebreos 1:5, 8 Dios mismo dijo lo siguiente de su Hijo primogénito:

“Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, Y él me será a mí hijo?... Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino”.

El Padre claramente enfatizó el hecho de que su Hijo es un miembro de la Deidad o la familia de Dios. ¡No puede haber duda de ello!

Dios, nuestro Salvador

El Verbo fue el miembro de la familia de Dios que se despojó de su divinidad para convertirse en ser humano, Jesucristo, y morir por nuestros pecados. En Filipenses 2:5-8, el apóstol Pablo habla de este trascendente hecho:

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Entonces, aunque se referían a Dios el Padre como el único Dios, los apóstoles y la Iglesia del primer siglo claramente entendían que Jesucristo también era parte de la Deidad—la familia de Dios; es decir, comprendían que la Deidad se componía de dos Seres. Esta verdad se repite y se aclara varias veces en las Escrituras.

Pero ¿acaso hay un tercer miembro de la familia de Dios? Los apóstoles nunca escribieron algo semejante.

Referencias al Padre y al Hijo en las cartas de los apóstoles

Las cartas que los apóstoles escribieron a las distintas congregaciones son prueba de su creencia en que la Deidad se compone de dos Seres. El Espíritu Santo se menciona en pocas ocasiones como el instrumento o poder a través del cual Dios el Padre o el Hijo llevan a cabo su trabajo.

El saludo normal de Pablo que encontramos en la mayoría de sus cartas es: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (1 Corintios 1:3; 2 Corintios 1:2; Gálatas 1:3; Efesios 1:2; Filipenses 1:2; Colosenses 1:2; 1 Tesalonicenses 1:1; 2 Tesalonicenses 1:2; Filemón 1:3).

En las cartas a Timoteo, el apóstol escribe algo similar: “a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor” (1 Timoteo 1:2); “a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor” (2 Timoteo 1:2).

E igualmente, en la carta de Pablo para Tito leemos: “a Tito, verdadero hijo en la común fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 1:4).

En todos estos pasajes Pablo sólo menciona al Padre y al Hijo, quien también es conocido como el Señor Jesucristo. Pero no menciona el Espíritu Santo, lo cual sería de esperarse si el Espíritu tuviese la misma naturaleza que Ellos, es decir, si el Espíritu fuese el tercer miembro de una trinidad. ¿Deshonraría el apóstol Pablo a un miembro de la familia de Dios al no nombrarlo?

Otros apóstoles

Pablo no fue el único que omitió mencionar el Espíritu Santo cuando se refería a la familia de Dios; los demás apóstoles tampoco lo hicieron en sus cartas.

Santiago, hermano de Jesucristo, escribió: “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud” (Santiago 1:1).

En 1 Pedro 1:3, leemos que Pedro comenzó una de sus cartas diciendo: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”.

Y más adelante lo hizo con un saludo similar: “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:2-3).

También en las cartas escritas por el apóstol Juan leemos: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3) y “Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor” (2 Juan 1:3).

Y en Judas 1:1-2, “Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo: Misericordia y paz y amor os sean multiplicados”.

En 1 Juan 2:21-23, el apóstol Juan, por inspiración de Dios, nuevamente hace hincapié en la relación familiar que existe entre los dos miembros de la Deidad: “No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Éste es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre”.

El Padre y el Hijo, los dos miembros de la Deidad, tienen una relación familiar. Dios es espíritu y el Espíritu Santo es su poder; es el medio por el cual trabaja con los seres humanos, mora en nuestro interior y sustenta la creación. Para ser de Dios, necesitamos tener el Espíritu Santo y ser guiados por él (Romanos 8:9). ¡Pero los apóstoles nunca creyeron que el Espíritu Santo era un ser independiente dentro de una trinidad divina!

Hijos de Dios

Aunque parezca increíble, el plan de Dios para la humanidad consiste en agregar más hijos a su familia. Es por esto que en 2 Corintios 6:17-18 leemos lo siguiente: “por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.

¡Y esto no es una metáfora! Si desea, en este sitio podrá encontrar más información acerca del asombroso plan que Dios tiene para usted, lo que realmente significa llegar a ser uno de sus hijos, lo que implica la promesa de la resurrección y cómo puede heredar todas las cosas (Apocalipsis 21:7) siendo un hijo de Dios en su Reino.

Por supuesto que un ser humano jamás podrá ser igual al Dios eterno y todopoderoso Creador pero, al ser sus hijos, nuestro potencial nos permitirá hacer mucho más que flotar por las nubes tocando un arpa. ¿Alguna vez ha estudiado a profundidad lo que dice la Biblia acerca de los “hijos de Dios”?

Cuando Pablo escribió “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios” en 1 Corintios 8:6, no estaba diciendo que la familia de Dios se compone de un solo Ser. Como ya hemos comprobado, los apóstoles entendían que el Verbo, quien luego llegó a ser Jesucristo, también pertenece a la familia divina. Entendían que el Verbo es Dios y que Él llevó a cabo la creación de todas las cosas por orden del Dios Altísimo. Es decir, entendían que la Deidad es una familia compuesta por Dios el Padre y Dios el Hijo.

Dios desea que usted también lo reconozca como Padre y tenga una profunda relación personal con Él (Romanos 8:15; Gálatas 4:6) y quiere que acepte a Jesucristo como Salvador, Hermano mayor y amigo (Juan 15:15). ¡Atrévase a conocer a Dios como lo hicieron los apóstoles!