Jesucristo estaba centrado en el Padre, ¿usted también?

Aunque buena parte de la cristiandad profesa creer en el Padre, raramente se enfocan realmente en Él y no lo menciona mucho. ¿Qué reveló Jesús acerca del Padre?

En el número de Enero-Febrero de la revista Discernir, hablamos acerca de por qué el término padre en un contexto religioso debería reservarse únicamente para Dios el Padre. Me gustaría comenzar esta columna con una pregunta: ¿cuánto sabemos acerca de Dios el Padre?

Muchas de las personas que van a la iglesia creen que Dios el Padre es parte de una trinidad imposible de comprender. (Lea lo que la Biblia enseña acerca de esto en nuestro artículo de Vida, Esperanza y Verdad, “La trinidad: ¿qué es?”). Muchos piensan también que Él es el Dios estricto del Antiguo Testamento, en contraste con Cristo, del que se piensa que es el amoroso y misericordioso Dios del Nuevo Testamento. O tal vez usted simplemente admita que sabe muy poco de Él.

Aunque el cristianismo acepta la existencia del Padre, la realidad es que Él es relegado a un segundo plano en muchas iglesias. Los evangélicos hacen énfasis en Jesús como el Señor, tratando de conocerlo, relacionándose con Él, aun orándole a Él. Por momentos se tiene la impresión de que Dios el Padre ha desaparecido calladamente.

Una de las frases de moda del cristianismo actual es “Centrado en Cristo”. Las iglesias se llaman a sí mismas comunidades “centradas en Cristo”. Los ministros hablan de guiar a las personas a Cristo y enseñarles a vivir una vida “centrada en Cristo”. Los escritores hablan de un enfoque “centrado en Cristo” en todo, desde la labor de ser padres hasta el yoga.

No existe ninguna duda: Jesús es vital para el verdadero cristianismo. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Él es el camino a la salvación. Él es la fuente de la verdad. Él es el camino hacia una vida abundante. Pero veamos lo que Cristo dijo al final de este versículo:

“Nadie viene al Padre, sino por mí”.

Jesús no vino únicamente para llevarnos hacia él mismo. Él dijo que una de las principales razones por las que vino fue para llevarnos al Padre.

De hecho, la tarde anterior a su crucifixión, Jesús afirmó esto en una oración a su Padre: “Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3, énfasis añadido).

Piense acerca de esta afirmación. Jesús dijo que Él vino para revelar y ayudarnos a conocer a Dios el Padre, y sabía que conocer a Dios era necesario para la vida eterna. Sin embargo, muchas iglesias que afirman seguir a Cristo hablan muy poco acerca del Padre. Ellos no hablan de ser “centrados en el Padre” o tener la misión de “llevar a las personas al Padre”. Ellos descuidan al Padre. Pero Cristo dijo que conocer al Padre era esencial para tener vida eterna.

¿Conoce usted al Padre?

Para aprender acerca de Él, examinemos algunos hechos importantes que Jesús nos enseña acerca del Padre en los relatos de los Evangelios.

1. El padre no era conocido ampliamente antes de que Cristo viniera.

Una de las verdades más fascinantes del Nuevo Testamento es que el Dios que los judíos profesaban adorar —aquel que les habló a las personas en el Antiguo Testamento— realmente fue aquel que vino a la Tierra como Jesucristo.

Juan 1 revela que este ser era “el Verbo”. “Todas las cosas por Él fueron hechas (v. 3) y luego: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (v. 14) —viniendo a la Tierra como Jesucristo. Pero cuando Jesús se reveló a sí mismo como el “Yo soy” del Antiguo Testamento, casi le costó la vida porque una turba judía quería matarlo ahí mismo (Juan 8:58-59; vea además Éxodo 3:14).

Jesús también dijo: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

No fue sino hasta que Cristo vino que la identidad del Padre fue plenamente revelada a los seres humanos (Lucas 10:22). De hecho, el Antiguo Testamento nos habla primordialmente acerca del ser que más tarde se convirtió en Cristo, en tanto que el Nuevo Testamento es el que principalmente revela al Padre. Sí, la realidad es exactamente lo opuesto de lo que el cristianismo percibe en general.

Si desea aprender más acerca de este tema crucial, lea nuestro artículo: “Jesucristo fue el Dios del Antiguo Testamento”.

2. Jesús hizo énfasis en el Padre.

El cristianismo se trata de mucho más que solo Jesucristo. Esta declaración tal vez pueda destruir el paradigma de algunos en el mundo cristiano. Pero si examinamos honestamente las palabras de Cristo, vemos que esto es exactamente lo que Él enseñó.

Sí, Jesús es absolutamente esencial. Sin su sacrificio y su vida, moriríamos en nuestros pecados (Juan 3:16; Hechos 4:12). Él es nuestro Salvador, y sin Él no tenemos ninguna esperanza. No podemos subestimar su importancia. Pero si creemos lo que Él dijo, tendremos que aceptar que Jesús enseñó que debíamos buscar primero al Padre. Él estaba constantemente haciendo énfasis y resaltando al Padre. Él no vino para hacer su propia voluntad, sino “la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30).

Jesús dijo que una de las señales que distinguían a sus verdaderos seguidores era que “los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23). Esto es un desafío directo para aquellos que descuidan al Padre.

Jesucristo dirigió la adoración y la atención al Padre. Nos enseñó que debíamos “orar a tu Padre” (Mateo 6:6; vea también Lucas 11:2). Nos enseñó a guardar “los mandamientos de mi Padre, y [permanecer] en su amor” (Juan 15:10). Dijo que al dar un buen ejemplo haremos que “glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

¿Tiene relevancia el Padre en su vida?

3. Jesús habló las palabras del Padre.

La idea de que hay una desconexión entre un Padre duro y distante y un Jesús amoroso y misericordioso es una de las ideas más desafortunadas que han surgido en el cristianismo. Jesús de hecho enseñó que Él y el Padre estaban perfectamente unidos por un carácter idéntico.

Jesús dijo claramente: “yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Él no quería decir que ambos eran el mismo ser, sino que compartían exactamente el mismo propósito y carácter. Su carácter puede resumirse en “amor” (1 Juan 4:8) —preocupación altruista, sin egoísmo por los demás y por la creación.

Cuando algunos de sus discípulos le pidieron que les mostrara al Padre, Jesús explicó que conocerlo a Él era como conocer al Padre (Juan 14:9), porque “la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (v. 24). En otras palabras, Él habló las palabras que le había dado el Padre (Juan 6:38; 7:16-18; 8:28, 38, 40; 12:49; 14:10; 17:8). El llamó a su labor “los negocios de mi Padre” (Lucas 2:49).

Entonces, cuando leemos las palabras de Jesucristo en la Biblia, debemos recordar que fueron inspiradas por el Padre. En esencia, Jesús es el vocero del Padre, que comunica su mensaje a los seres humanos. Por lo tanto, una de las mejores formas en que podemos aprender acerca del Padre es estudiando cuidadosamente la vida y las enseñanzas de Jesucristo.

No hay desconexión entre el Padre y Cristo.

4. El Padre era la fuente del poder que Jesús tenía para hacer milagros.

Con frecuencia, Jesús ha sido visto como un hacedor de milagros, con poderes sobrenaturales. Pero hay otro hecho que hace añicos este paradigma: cuando Cristo caminó en la Tierra, dependía del Padre para tener el poder de hacer milagros. Cuando vino a la Tierra, Él se despojó de sus poderes divinos y vino a ser un hombre mortal, de carne y hueso, y se sometió a las limitaciones de la vida física (Filipenses 2:6-8; Juan 1:14).

Jesús dijo en múltiples ocasiones que Él no tenía poder para hacer nada sobrenatural por sí mismo (Juan 5:19, 30, 8:28). Entonces, ¿qué podemos decir de todos sus milagros —transformar el agua en vino (Juan 2:1-11), resucitar a los muertos (Mateo 9:18-26; Lucas 7:11-17; Juan 11:1-44) o caminar sobre las aguas (Mateo 14:22-26)?

Jesús dijo abiertamente cómo era que podía realizar estos milagros: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Juan 14:10).

Era el Padre quien realizaba los milagros a través de Jesús, por la fe viva de Cristo (Mateo 17:20). Pedro más tarde confirmó que las obras de Jesús y las sanidades habían sido posibles porque “Dios estaba con él” (Hechos 10:38).

Todo es acerca del Padre

Es claro por las palabras de Jesús que el Padre era el centro de sus pensamientos, enseñanzas, oraciones y adoración. Jesús vino para revelarnos al Padre, ¡y para llevarnos a Él! Es por el sacrificio de Cristo que podemos tener acceso a Dios el Padre (Efesios 2:18; 1 Pedro 3:18). Por esto es que oramos al Padre en “el nombre” de Jesucristo. De hecho, el plan de salvación de Dios para la humanidad culminará cuando Cristo le entregue “el reino al Dios y Padre” (1 Corintios 15:24).

Todo lo que Jesús dijo e hizo , y de hecho toda la Biblia, nos lleva al Padre. ¿Está usted centrado en el Padre?.

Para aprender más acerca de los importantes papeles de Dios el Padre, visite el sitio en la red de Vida, Esperanza y Verdad, y vea nuestros artículos: “¿Qué hace Dios el Padre?, parte 1 y parte 2”.