¿Qué hace Dios el Padre? Parte 2

En la primera parte vimos, basados en Romanos 8, la participación tan íntima de Dios el Padre en nuestro llamamiento. ¿Qué otras cosas nos dice la Biblia que hace el Padre?

En el primer artículo de esta serie de dos, examinamos cinco cosas que hace el Padre, de acuerdo a lo estudiado en Romanos 8:29-30. En este artículo queremos analizar varias cosas más que la Biblia dice que el Padre hace.

El Padre trabaja a través de las personas

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2).

Piense en lo que implican estas palabras. Acá, “Dios” se refiere claramente al Padre. Él fue el Creador, pero Él decidió crear a través de aquel que se convirtió en Jesucristo (conocido como “el verbo”, Juan 1:1). Este mismo ser, el Verbo, es también al que se refieren como “Dios” en el Antiguo Testamento (vea “Jesucristo fue el Dios del Antiguo Testamento”). El Verbo era el vocero principal, interactuando con la humanidad.

Entonces el Padre, trabajó con el hombre a través de los años por medio de aquel que se convirtió en Cristo. En ocasiones trabajó con individuos, como Noé, Abraham y Moisés. En ocasiones gobernó a través de jueces y reyes. El antiguo Israel, como pueblo escogido por Dios, creció en número y Dios les habló por medio de líderes y profetas —personas escogidas por Dios para que transmitieran su palabra.

Los primeros versículos del libro de Hebreos nos muestran que desde que comenzó el ministerio de Jesús, el Padre ha continuado hablándole a la humanidad a través de Jesús. Por supuesto, estas instrucciones también son repetidas por aquellos hombres que Dios ha guiado hasta Jesús para que sean designados como ministros.

Jesús escogió a los 12 apóstoles después de orarle toda la noche al Padre para que lo guiara (Lucas 6:12-13). El Padre, a través de Jesús, envió a estos hombres a que predicaran el Reino de Dios y sanaran a los enfermos (Lucas 9:1-2). Más adelante y de una manera similar, el Padre delegó y trabajó a través de 70 hombres que Jesús designó para que llevaran las buenas noticias (Lucas 10:1).

Históricamente, el Padre ha trabajado a través de otros. Él no necesita hacerlo, pero ha escogido hacerlo así como parte del entrenamiento para el futuro. (Lea acerca de los propósitos que Dios tiene para los que llama en “Nacidos para ser reyes”.)

El Padre nos da su Espíritu Santo

Dios el Padre es el que nos da el Espíritu Santo (Juan 14:16-17). Al darnos el regalo de su Espíritu Santo, es similar a un engendramiento espiritual. En una familia humana, el proceso de nacimiento comienza con el Padre. Una de las razones por la cual Dios instituyó la familia humana es para que entendiéramos que es lo que Él está haciendo con su familia. Dándonos una porción de su Espíritu Santo, comenzamos el proceso de convertirnos en hijos suyos y hermanos de Jesucristo. Pablo escribió que al recibir el Espíritu Santo, nos convertimos en hijos y herederos de Dios, y coherederos con Cristo (Romanos 8:16-17).

Éste es un concepto muy importante que debemos entender. Somos hijos de Dios en el mismo momento en que recibimos su Espíritu Santo, pero el proceso de nuestra salvación está muy lejos de ser completado. Sólo empieza en el momento en que Dios, nuestro Padre, nos llama, nos concede el don del arrepentimiento, nos perdona nuestros pecados y, a través del bautismo y la imposición de las manos, nos da el Espíritu Santo. (Lea “¿Basta con que ‘aceptemos a Jesucristo?’”).

El Padre hace todo esto con el fin de que entendamos cuan profundo es su amor por nosotros. Con el entendimiento y el poder de su espíritu, permanecemos fieles a su camino de amor hasta el final de nuestra vida o hasta que Cristo regrese. Sólo en ese momento, en la última trompeta, nuestra conversión y salvación estarán completas. En ese momento los santos serán transformados en seres espirituales, seremos inmortales (1 Corintios 15:51-55).

El Padre no es un juez monstruoso, severo, siempre crítico, distante, como algunos se imaginan que es. Él nos ama profundamente y está involucrado íntimamente con cada uno de sus hijos que han sido llamados y escogidos. Debido a que la gente sabe muy poco acerca del Padre, este concepto puede ser difícil de entender para algunos. ¡Dios es un padre tierno, cariñoso y atento!

El Padre responde a nuestras oraciones

Parte de las últimas instrucciones que Jesús les dio a sus discípulos antes de ser crucificado, incluye esta promesa: “para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16).

“En el nombre de Jesucristo” quiere decir “por la autoridad de Jesucristo”. Ésta es una buena razón para que incluyamos siempre una frase más en nuestras oraciones. El mismo Jesús la utilizó antes de su terrible muerte por crucifixión. Jesús oró: “pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39; Lucas 22:42).

Es sabio que agreguemos “según tu voluntad” a nuestras oraciones. El Padre tiene una única e impresionante perspectiva. Él tiene en cuenta muchos factores que nosotros tal vez no percibimos. Los cristianos fieles, pueden estar seguros de que Él responde nuestras oraciones teniendo en mente lo mejor para nosotros.

Algunos piensan que debemos orarle directamente a Cristo siempre, pero eso no fue lo que Él nos dijo que hiciéramos. Jesús mismo nos dijo que deberíamos orarle al “Padre nuestro que estas en los cielos” (Mateo 6:9; Lucas 11:2). Por supuesto, Jesús, que se sienta a la diestra del Padre, intercede por nosotros (Romanos 8:34). Además, el Espíritu Santo nos ayuda a transmitir pensamientos, sentimientos y necesidades que se nos dificulta expresar en palabras (Romanos 8:26).

El Padre instruye, corrige, prueba y nos anima con amor (Hebreos 12:5-10)

El contexto de este pasaje nos indica claramente que Dios el Padre nos disciplina, de la misma forma que un padre sabio disciplina a sus hijos. Un padre corrige a un niño cuando es necesario para él que cambie una actitud o acción incorrecta. Desafortunadamente debido al mal ejemplo mostrado por algunos padres abusivos, la palabra disciplina hace que algunas personas se imaginen a nuestro Padre celestial como alguien severo. Aunque estos versículos hablan de “castigar” con amor, que es la forma en que un padre humano debería corregir siempre a sus hijos. El versículo 10 básicamente dice que nuestros padres humanos “hicieron lo mejor que pudieron”, lo que implica que cometieron errores. Contrasta con la forma en que Dios nos corrige, que siempre es “para lo que nos es provechoso”.

Pero hay algo más que se quiere decir aquí. La palabra castigo viene del griego paideuo, y tiene un amplio significado: “Originalmente [significaba] criar a un niño, educarlo, el uso de la actividad dirigida a la disciplina moral y espiritual y la formación del niño, para influir en la voluntad y la acción consciente” (Spiros Zodhiates, Complete Word Study Dictionaries [Diccionarios del estudio completo de la palabra, Spiros Zodhiates]).

Entonces, el castigo de Dios incluye su instrucción, educación, influencia y ánimo para que alcancemos el destino espiritual por el cual Él nos creó. Esto nos confirma que tenemos libre albedrio. Dios guía pero no nos obliga a hacer lo correcto. Tenemos que escoger hacer el bien y poner todo nuestro esfuerzo en seguir haciéndolo continuamente, con la ayuda de Dios. (Lea para más información sobre este tema poco comprendido, “Libre albedrio: ¿Qué es?”.)

El resultado de recibir todos los aspectos que comprenden el castigo del Padre es que estamos mejor equipados para crecer espiritualmente, para desarrollar carácter y la naturaleza de Dios. Si respondemos al castigo amoroso de nuestro Padre, cambiamos lo que sea necesario y nos mantenemos fieles a su camino de vida, eventualmente nos convertiremos en miembros permanentes de su familia y de su Reino. Tenemos el potencial de vivir para siempre, sirviendo a nuestro Padre bajo Jesucristo, para ayudar a otros a que vengan al Reino de Dios.

Pablo cita profecías del antiguo Testamento del ofrecimiento del pacto de Dios. Si respondemos y permanecemos fieles a su llamado, “Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:18).

El Padre asigna a sus ángeles para que nos sirvan

Los ángeles son seres espirituales poderosos que fueron creados por Dios para que le sirvan. Por el momento, son infinitamente más fuertes que cualquier ser humano. Pero, de acuerdo con la Biblia, ¡los santos que resuciten tendrán autoridad sobre los ángeles! Pablo preguntó: “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Corintios 6:3).

Eso solo va a ser posible cuando los santos sean transformados en los eternos hijos e hijas espirituales de Dios.

Debido al amor de Dios por nosotros y a nuestro potencial, Él ha asignado a estos poderosos seres espirituales para que le sirvan a sus creyentes. Hablando de la grandeza de los ángeles comparada con la debilidad de los humanos, el autor del libro de Hebreos pregunta: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” (Hebreos 1:14). El significado general de “ministradores” y “ministro” es servir.

El Padre supervisa personalmente nuestro bienestar espiritual

Jesús hizo una dramática petición al Padre en su última oración con sus discípulos, lo que nos muestra la manera tan profunda en la que el Padre está involucrado con nuestra salvación. “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Juan 17:11).

El Padre nos guarda a través de su nombre, puesto de manera indeleble en su Iglesia, la que a lo largo de todo el Nuevo Testamento es llamada “la iglesia de Dios”. El nombre del Padre implica toda la autoridad de su cargo, y su naturaleza divina también. Es difícil para nuestras mentes limitadas asimilar la inmensidad del compromiso y el amor que tiene el Padre hacia nosotros.

Jesús agregó: “Santifícalos en tu verdad” (Juan 17:17). Como explicamos en el primer artículo de esta serie, el Padre nos abre la mente de una manera sobrenatural para que entendamos la verdad. Sólo si aceptamos la Palabra del Padre y vivimos fielmente de acuerdo a ella, podremos ser “santificados” o ser apartados para la salvación.

Al comienzo de su ministerio, hablando acerca de esta unidad, Jesús reveló: “Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:29-30). Podemos tener la absoluta confianza de que el Padre nos está observando de manera protectora, trabajando con y dentro de nosotros. Eso es correcto —dentro de nosotros. Jesús le prometió a los creyentes que Él y el Padre vivirían en nosotros a través de la presencia del Espíritu (Juan 14:23, 26).

La última petición que hizo Jesús en la oración de Juan 17, fue que el Padre nos hiciera uno con Él y con Cristo, unidos por el Espíritu de Dios y el amor. ¿Podría haber un objetivo más impresionante, alguna esperanza más grande para los creyentes?

Tenemos que ver y entender que el Padre es nuestro Padre personal. Debemos pensar en Él en esos términos, porque esa es la parte más importante de qué y quien es Él. Nos tienen que recordar a menudo que es lo que Él hace por nosotros, y también lo que hace por el mundo. A través de su plan perfecto, Él va a extender el mismo ofrecimiento de la salvación y el mismo cuidado paternal al mundo entero (Juan 3:16). Asegurémonos de honrar y adorar a nuestro Padre celestial por todo lo que Él hace por nosotros.

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