El nacimiento de Jesús

Jesucristo y los cristianos del primer siglo jamás celebraron Navidad. ¿Por qué? Si estudiamos el tema, descubriremos que en realidad, la Navidad se trata de comercio, tradiciones pre-cristianas y ambigüedades. ¿Qué implica todo esto?

Hoy en día, la Navidad se ha convertido en el cuadro nostálgico de un pasado que nunca existió. En vísperas navideñas, las vidas de hogares cristianos y no cristianos giran en torno a Santa Claus, árboles de Navidad y regalos por montón.

Pero, todas estas tradiciones tienen muy poco que ver con la Biblia. Se alejan mucho de la verdadera historia del nacimiento de Cristo y el mensaje y significado de su primera venida. Si bien el relato bíblico del nacimiento de Jesús nos revela muchas cosas acerca su identidad y su mensaje (“Cristo” significa “Mesías” o “Ungido”), ¡las tradiciones navideñas a menudo confunden, tergiversan e incluso contradicen las Escrituras!

¿Le sorprendería saber que la Biblia nunca menciona la fecha del nacimiento de Cristo, que la Iglesia del primer siglo nunca celebró Navidad y que algunos cristianos tampoco la celebran en la actualidad por razones bíblicas y doctrinales?

¿Por qué?

¿Honrando a Jesucristo?

El mayor problema es que, en realidad, la Navidad no proviene del cristianismo, sino de tradiciones religiosas politeístas y paganas. La Iglesia del primer siglo tenía la convicción de que Jesucristo había sido enviado para librarnos del error, la oscuridad y el pecado. Por lo tanto, habiendo dejado atrás el paganismo para seguir a Cristo, ¡los primeros cristianos jamás hubieran continuado con sus tradiciones paganas tratando de honrarlo!

Es por esto que el apóstol Pablo escribió: “en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Efesios 5:8-11).

Si los cristianos del primer siglo hubiesen seguido practicando “obras infructuosas de las tinieblas”, continuando con sus tradiciones basadas en el paganismo y la adoración a dioses falsos, ¡habrían ido en contra de la fidelidad y devoción que profesaban a su Salvador y Rey Jesucristo!

Sabiendo esto, no debería sorprendernos que la Iglesia del Nuevo Testamento nunca celebrara la Navidad.

¿Cómo llegó la “Navidad” a ser una tradición “cristiana”?

Según la World Book Encyclopedia [Enciclopedia de literatura universal], “La primera referencia conocida de la Navidad menciona el 25 de Diciembre del año 336 d.C.—según el antiguo calendario romano—como fecha de celebración” (1990, artículo “Navidad”). En otras palabras, ¡la Navidad no fue mencionada sino hasta más de 300 años después de la muerte de Cristo! ¿Por qué eligieron el 25 de diciembre para celebrarla si la Biblia no dice la fecha en que Jesús nació?

“Esta celebración fue probablemente influenciada por festivales paganos (no cristianos) de la época. En el antiguo imperio romano, se realizaban celebraciones de fin de año en honor a Saturno, dios de la cosecha, y Mitra, dios de la luz. Y muchos pueblos del norte de Europa tenían festivales en honor al fin de la época de cosechas a mediados de diciembre…[Sus] tradiciones se fueron mezclando poco a poco con las celebraciones navideñas” (Ibídem).

E incluso personas religiosas que celebran Navidad han escrito sobre sus raíces paganas. En el sitio web Grace to You, encontramos la siguiente historia de esta tradición: “La decisión de celebrar Navidad el 25 de diciembre fue tomada en algún momento del siglo cuarto por obispos de la iglesia en Roma, quienes tuvieron una razón muy específica para hacerlo.

“Habiéndose alejado del único y verdadero Dios y Creador de todas las cosas desde hacía mucho tiempo, varios de los pueblos del antiguo imperio romano comenzaron a practicar la adoración al sol. Reconociendo su dependencia de la trayectoria anual del sol a través de los cielos, realizaban fiestas para celebrar el solsticio de invierno durante el mes de diciembre, en los días más cortos del año. Sus celebraciones incluían la construcción de grandes fogatas con el fin de fortalecer al dios sol y volverlo a la vida. Cuando notaban que los días comenzaban a alargarse, se regocijaban en gran manera.

“Los líderes de la iglesia romana decidieron establecer la celebración del nacimiento de Cristo durante el solsticio de invierno en un intento por cristianizar estas populares tradiciones paganas. Pero sus intentos para complacer a la gente no fueron exitosos en su mayoría y, por lo tanto, las tradiciones paganas continuaron”.

“Un insulto a la gracia de Dios”

Estos festivales romanos se caracterizaban por el libertinaje desmesurado, que también ha estado presente a través del tiempo en la celebración “cristiana” que surgió a partir de ellos.

“Durante la mayor parte del su historia, la Navidad ha sido una época de grandes festejos estridentes e indulgencias bacanales más similares a Martes de Carnaval o Año Nuevo que a una santa noche de paz. De hecho, la reputación de la Navidad era tan mala en América durante la época colonial, que su celebración estaba prohibida en la Nueva Inglaterra puritana, donde el célebre ministro Cotton Mather describía las fiestas navideñas como ‘un insulto a la gracia de Dios’” (Jeffery L. Sheler, “In Search of Christmas” [“En busca de la Navidad”], U.S. News and World Report, Dic. 23, 1996).

Y, a pesar del crecimiento de las ciudades y estos festivales, el mal nombre de la Navidad se mantenía. De hecho, en 1828, “la ciudad de Nueva York organizó el primer grupo de fuerzas policiales en respuesta a una violenta protesta en contra de la Navidad” (Ibídem). Sin embargo, estas vehementes y a veces violentas manifestaciones pronto se transformarían en las cordiales reuniones familiares alrededor del árbol de Navidad que hoy se han convertido en motivo de nostalgia. E, irónicamente, esto se debe en gran parte a la publicidad y comercialización que hoy en día tantos condenan.

“La nueva tradición de intercambiar regalos en Navidad tuvo inmediatas consecuencias positivas para el comercio; debido a esto, tanto negociantes como publicistas comenzaron en seguida a promover esta festividad casi tanto como sus propios productos. Fue tanto así que, según un historiador, para la década de 1870 ‘los grandes almacenes a menudo superaban a las iglesias en decoración y uso de símbolos, valiéndose de órganos, coros,…estatuas de santos y ángeles’ para así disfrazar ‘el consumismo con la gloria de la Navidad’” (Ibídem).

¿Está Cristo presente en Navidad?

En la actualidad, muchas personas intentan “traer a Cristo de vuelta a la Navidad”, pero la verdad es que el 25 de diciembre nunca ha sido una celebración de origen cristiano; más bien, proviene de una tradición politeísta basada en un mito. El solo hecho de llamar a algo cristiano no quiere decir que lo sea, sin importar cuánto lo racionalicemos.. ¿Puede alguien introducir a Cristo en una tradición pagana? ¿Acaso no se opone a la pureza, luz y verdad que Él representa?

A lo largo de las décadas, los padres han contado historias a sus hijos acerca de Santa Claus y su taller ubicado en el Polo norte. ¿Acaso la Biblia justifica la mentira en alguna parte—en especial si se trata de nuestros hijos?

Ni siquiera la tradición de intercambiar obsequios tiene raíces cristianas. En su libro 4.000 Years of Christmas: A Gift From the Age [4.000 años de Navidad: Un regalo de las épocas] (1997), el sacerdote episcopal Earl Count nos cuenta de la conexión histórica que existe entre el intercambio de regalos durante los 12 días de navidad y las tradiciones paganas de la antigua Babilonia. Además, el autor explica que la tradición navideña del muérdago proviene de rituales mistéricos del Druidismo, y el 25 de diciembre es una fecha relacionada con las Saturnales romanas y no con Jesucristo.

¿Qué podemos decir del nacimiento de Jesús?

Pero, ¿qué sucede si nos deshacemos de todas las tradiciones paganas, evitamos el consumismo y nos enfocamos solamente en el nacimiento de nuestro Salvador? ¿No sería la Navidad una buena oportunidad para hacerlo?

Como hemos visto, el 25 de diciembre no fue un día escogido específicamente para honrar a Cristo; es una fecha escogida por quienes no querían abandonar sus tradiciones paganas. Y, de hecho, las Escrituras comprueban que Jesús no nació en esta fecha ni cerca de ella.

Veamos el relato en Lucas 2:8-11: “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”.

Según el Adam Clarke’s Commentary [Comentario de La Santa Biblia de Adam Clarke], “Ya que los pastores aún no habían llevado sus rebaños de vuelta a casa, es bastante probable que este evento hubiera sucedido antes del mes de octubre. Por lo tanto, el Señor no nació un 25 de diciembre, pues ya no habría ganado en los campos para entonces. Debido a esto, la fiesta de Navidad de diciembre no debería ser celebrada” (comentario de Lucas 2:8).

Y el Interpreter’s One-Volume Commentary [Comentario bíblico del intérprete de un volumen] concuerda con esto: “Estos humildes pastores estaban en el campo con sus rebaños de noche—lo cual es un aspecto de la historia que se opone a la creencia de que el nacimiento (de Cristo) ocurrió un 25 de diciembre, pues, durante esa fecha, el clima no hubiese permitido tal cosa” (1971, comentario de Lucas 2:4-7).

¿Y qué hay de los magos?

Pero la fecha del día de Navidad no es el único aspecto de esta celebración que se aleja de la realidad. En su libro Deslumbrado por la Biblia, Joe Kovacs nos dice “Si alguien preguntara cuántos magos estuvieron presentes frente al pesebre de Belén cuando Cristo nació, seguramente la mayoría de las personas respondería ‘tres’. Pero estarían equivocados. En realidad, ¡a respuesta correcta según la Biblia es…cero!” (2008, p.3).

Esta es la verdadera historia—la que no encontraremos ilustrada en ninguna representación navideñas: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,… Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:1, 11).

Como vemos, la Biblia no indica el número de magos que visitaron a Jesús y tampoco dice que lo encontraron en un pesebre, sino en una casa. En otras palabras, el popular relato de los tres magos que llegaron al pesebre donde Cristo nació simplemente no es bíblico. Además, en Mateo 2:16 leemos que el rey Herodes mandó matar a todos los niños de Belén que tuvieran dos años o menos, lo cual también implica que había pasado algún tiempo entre el nacimiento de Jesús y la visita de los magos a aquella casa.

Si Dios hubiera querido que conmemorásemos el nacimiento de Jesucristo, ¿no nos habría dicho cuándo sucedió y cómo deberíamos hacerlo? En la Biblia, Jesucristo sí nos pide recordar su muerte y el significado espiritual de esta, pero por otro lado, ni Él ni sus discípulos dan a entender que debamos hacer lo mismo con su nacimiento—por importante y milagroso que haya sido.

Pero, ¿qué diferencia hay?

Algunos se preguntarán: “¿Qué diferencia hay? Actualmente, esas tradiciones paganas se han convertido en ‘cristianas’. ¿No las hace eso aceptables?”

Si tratamos de encontrar la respuesta usando nuestro razonamiento humano, discutiríamos interminablemente. Pero Dios dio instrucciones específicas para adorarle. Es en la Biblia donde debemos buscar la respuesta.

Y la encontramos en Deuteronomio 12:29-32: “Cuando el Eterno tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas…guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así al Eterno tu Dios; porque toda cosa abominable que el Eterno aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses. Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás”.

Además, en Marcos 7:6-9, Jesús mismo dijo lo siguiente a los muy religiosos fariseos: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres…dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes”.

A los ojos de Dios, sí hay diferencia; nuestro Creador quiere que le adoremos como Él nos dice que lo hagamos.

Sin importar lo que piense la mayoría, una costumbre pagana nunca podrá convertirse en una tradición cristiana. Jesucristo es “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6) y debe ser adorado “con integridad y en verdad” (Josué 24:14; 1 Corintios 5:8). Y el paganismo nunca estará basado en la verdad.

Le invitamos a seguir explorando nuestro sitio y a leer nuestros artículos acerca de las fiestas que Dios nos pide observar para adorarlo a Él.