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By the Way With Joel Meeker

Almuerzo en Asia, cena en Europa

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En cierta ocasión invité a mi esposa a desayunar en Europa, luego a almorzar en Asia, y en el mismo día volvimos a Europa para cenar. No tuve que contratar un jet para poder hacerlo. De hecho ni siquiera salimos de la ciudad.

¿Cómo lo hice? Verán, Estambul se extiende hacia ambos lados del Bósforo —el canal turco que conecta el Mar de Mármara con el Mar Negro—, y este estrecho es la frontera entre ambos continentes. Por lo tanto, el occidente de Estambul pertenece a Europa, mientras el oriente a Asia, ambos separados sólo por un corto viaje en ferri.

La historia de dos continentes

El Bósforo se reconoce como una frontera continental desde el siglo VI a.C., cuando los geógrafos griegos dividieron el mundo en tres partes: Europa, Asia y África. Mas tarde, estos territorios recibieron el nombre de “continentes” (del latín para “tierra continua”), con la definición tradicional de ser grandes extensiones de tierra continuas y separadas de otras por un cuerpo de agua importante.

Esta definición, sin embargo, ha sido un problema para los cartógrafos a la hora de ilustrar la división entre Europa y Asia. Tal vez los estrechos turcos sean un límite más o menos claro, pero en Rusia no hay ninguna frontera real. A través de los años se han propuesto siete ríos y cadenas montañosas que podrían cumplir esta función, pero hasta ahora no hay un acuerdo unánime acerca de en dónde está la frontera en el territorio ruso.

En realidad, Europa y Asia son un territorio continuo y, por definición, deberíamos hablar de un continente euroasiático.

¿Por qué Europa se considera un continente aparte?

Debido a que los antiguos geógrafos griegos se sentían muy diferentes y culturalmente superiores a los mongoles bárbaros (según los griegos) que habitaban el otro lado de los Montes Urales, ellos vieron la necesidad de establecer esta distinción en sus mapas. Otros europeos siguieron este mismo razonamiento a través de los siglos y fueron ellos los que imprimieron la mayoría de los mapas. Entonces, a pesar de la definición de “continente”, los mapas del GEOSAT y todo lo demás, voilà, Europa aún se considera un continente aparte.

Pero en lugar de burlarnos de los orgullosos geógrafos, sinceramente pienso que deberíamos ser comprensivos y misericordiosos con ellos.

Los seres humanos por naturaleza tendemos a pensar que nuestra forma de hacer las cosas —nuestras costumbres, cultura, preferencias y tal vez idioma— es mejor que la de otros. Esta es una suposición casi universal, aunque generalmente equivocada.

Muchos pasajes de la Biblia, de hecho, nos recuerdan que no debemos tener un concepto demasiado alto de nosotros mismos y de nuestras propias ideas. Pablo por ejemplo escribe: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3). Y más adelante nos aconseja: “No seáis sabios en vuestra propia opinión” (v. 16).

Por supuesto, esto es más fácil de decir que de hacer, como el mismo apóstol Pablo anotó: “no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (Romanos 7:15). Hacer lo correcto y ser humildes, como Dios quiere que seamos, es algo que requiere de esfuerzo constante y de la ayuda continua de Dios.

Siempre que recuerdo nuestra visita a Estambul y la manera en que se formó el continente europeo, pienso en cuán fácil olvidamos las reglas de la humildad los seres humanos cuando pensamos en nosotros mismos.

—Joel Meeker

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