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“Verdadero o falso”: una prueba para el cristianismo

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“Sé que Dios tiene una Iglesia verdadera. No sé dónde encontrarla, ¡pero sí sé dónde no está!”

Algunas veces es más fácil identificar lo falso que lo verdadero. Pero el proceso de eliminación puede servirnos para reducir la búsqueda.

Así fue para un hombre que, hace casi 60 años, le hizo el comentario anterior a un predicador que lo invitaba a su congregación. El hombre y su esposa buscaban seriamente una iglesia. Pero no cualquier iglesia, sino “la Iglesia verdadera”.

Siempre habían sido religiosos y, por algún tiempo, estuvieron muy seguros de sus creencias. Pero todo cambió cuando descubrieron que la Biblia enseñaba cosas que contradecían las doctrinas de su iglesia, y el pastor no pudo responder sus preguntas satisfactoriamente.

El proceso de eliminación

Era algo difícil de admitir: algunas de las cosas que siempre habían creído ciertas, no lo eran. Eso les molestó mucho, y así comenzó su búsqueda de la verdad y un proceso de eliminación.

Ellos habían comprobado que Dios existe y que la Biblia es su Palabra. También sabían que Cristo prometió edificar una Iglesia, mientras otros edificarían iglesias falsas en su nombre. Y, ya que existían tantas iglesias falsas en el mundo, ¿no era lógico que existiera la Iglesia verdadera? Así establecieron un filtro de búsqueda muy sencillo: si las enseñanzas de una iglesia no concordaban con la Biblia, esa iglesia era eliminada.

Una de las cosas que les sorprendió, por ejemplo, fue que la Biblia claramente revela que el sábado es el día de adoración, y la historia demuestra que fueron los hombres quienes lo cambiaron por el domingo. Pero quizá lo más sorprendente fue escuchar a un respetado pastor decir: “Siempre he sabido que el sábado es el día de reposo, pero eso ya no tiene importancia”. ¡Eliminado! ¡Ellos habían comprobado que el sábado era importante para Dios! 

Y claro, siempre hay quienes razonan: “No importa lo que creas, siempre y cuando seas sincero”. Pero ¿es eso bíblico? ¿Qué pasa si uno está sinceramente equivocado? ¡Eliminado!

La verdad, decisiones y cambios

Al leer los artículos de este número, empezando por “Momentos decisivos: crisis y compromisos que transforman nuestra vida”, mucho del pasado se me vino a la mente. El hombre y la mujer que buscaban la verdad hace todos esos años eran mi papá y mi mamá. Mis padres eventualmente encontraron una Iglesia que no pudieron eliminar, porque enseñaba justo lo que la Biblia decía, y ese momento decisivo para ellos —aceptar el desafío de vivir según la verdad— definió mi vida también.

Otra cosa que mis padres descubrieron fue la prueba y el significado de las fiestas y los días santos de Dios. Leer “Escondidas a plena vista: las fiestas que Jesús guardó” me recordó cómo esa verdad cambió nuestra comprensión de la vida para siempre.

El artículo “¿‘Bueno’ sin Dios?” también me trajo recuerdos. Es un reflejo claro del estándar que tuvieron mis padres: nadie más que Dios puede decir lo que debemos hacer. Y cuando uno deja que la Biblia guíe su vida, todo se vuelve claro, como explica el artículo “La simplicidad del cristianismo”.

¿Una prueba de “Verdadero o falso” para la religión?

La verdad nunca ha sido popular. Incluso cuando Jesucristo dijo “Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz”, Pilato le respondió con desdén: “¿Qué es la verdad?”. Hoy en día, si afirmamos que la verdad existe nos considerarán intelectualmente ingenuos o poco sofisticados. Si decimos que conocemos la verdad, no debe sorprendernos que nos acusen de ser arrogantes o de mentalidad estrecha.

El problema es que Dios dice que la verdad sí existe. Cristo dijo que la tenía y que su Iglesia sería edificada sobre ella.

Los artículos de este número comprueban que, cuando intentamos desenredar el revoltijo de creencias religiosas actuales, la única fuente confiable para diferenciar la verdad de la falsedad es la Biblia. Si los estudiantes de los colegios tienen que pasar las pruebas de “verdadero o falso”, ¿no deberían las doctrinas de cada religión cristiana ser sometidas a esta prueba también?

Tal vez usted esté en la misma situación que estuvieron mis padres hace tiempo: sabe que Dios tiene una Iglesia verdadera, pero no sabe dónde encontrarla. Si ese es el caso, lea también el artículo: “Cómo desenmascarar una iglesia falsa”.

El proceso de eliminación, y el proceso de descubrimiento, ¡sin duda lo llevarán a un viaje revelador que cambiará su vida!

Clyde Kilough

Editor

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