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Un movimiento civil de justicia

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El lunes 15 de enero, en Estados Unidos se celebra un día de fiesta nacional para conmemorar la vida del líder de derechos civiles Martin Luther King Jr. Irónicamente, un día antes se celebró el 55 aniversario del discurso que definió la vida de George C. Wallace, quien fue tal vez el ícono más famoso de todo a lo que se oponía King.

Como gobernador recién electo del estado de Alabama, el 14 de junio de 1963, Wallace declaró en un enérgico discurso inaugural que él estaba a favor de la “segregación ahora, segregación mañana, segregación por siempre”. En esta corta frase, muchos historiadores afirman que Wallace fortaleció la mano de aquellos que estaban perpetrando violencia contra quienes luchaban por la igualdad de derechos. Ante los ojos del público en general, Wallace era la figura representativa de todo racista que quería mantener a los negros “en su sitio” —si no tal vez en una esclavitud literal, o por lo menos en una represión económica, política y social.

Al mismo tiempo, King era la figura representativa del movimiento para liberar a los negros de sus cadenas económicas, políticas y sociales. Sólo siete meses después de la inauguración de Wallace, el 28 de agosto de 1963, King dio su apasionado discurso “Tengo un sueño”, por el cual es tan famoso.

Una rara epifanía

Ambos hombres se habían enfrentado a la violencia y a sus causas. King fue asesinado por una bala el 4 de abril de 1968, hace 50 años, mientras estaba en el balcón de un hotel en Memphis, Tennessee. Cuatro años después, el 15 de mayo de 1972, mientras hacía campaña por la presidencia en Laurel, Maryland, Wallace logró sobrevivir después de que le disparan en cinco ocasiones. Él estuvo el resto de su vida, 26 años, con dolor, paralizado y confinado a una silla de ruedas.

Pero algo cambió a Wallace, nada menos que una epifanía. Sus perspectivas cambiaron, habló de remordimiento y renunció a su posición anterior frente a la segregación. Él confesó que necesitaba buscar amor y reconciliación y que no quería reunirse con su Hacedor cargando con un pecado sin perdonar. Él fue a las iglesias de los negros, buscó a los líderes de los derechos civiles y les pidió perdón.

Tal vez eso explica por qué, cuando Wallace ganó su última gobernatura en Alabama en 1982, lo logró con más de 90 por ciento del voto de los de raza negra.

¿Por qué todavía luchamos?

Entonces, ¿por qué, después de todos esos años, hay tantas personas en el mundo que continúan luchando contra el prejuicio y el fanatismo? ¿Por qué no son estas maldiciones recuerdos distantes de una edad que hace mucho pasó?

Nuestro artículo principal en este número, que comienza en la página 4, ofrece un análisis totalmente renovado. La respuesta sencilla radica en un principio que usted ha leído antes en las páginas de Discernir pero que vale la pena repetir: nuestros problemas son de naturaleza espiritual, ¡y los problemas espirituales requieren soluciones espirituales!

Lo que muchas personas no ven es la raíz de todo: ¡odio, injusticia, discriminación, complejos de superioridad, ira e irrespeto, son todos temas espirituales! Y las soluciones, también: —paz, bondad y autocontrol, y el amor y el perdón que George Wallace entendió que necesitaba.

En un momento dijeron que el movimiento de derechos civiles era el último paso para que los negros en los Estados Unidos salieran de una época de esclavitud. Pero, ¿hemos podido comprender el tema espiritual que el apóstol Pablo explicó hace casi dos mil años atrás? “No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Romanos 6:16).

¿No hemos entendido aún, es lo que Pablo estaba preguntando, que si no nos hemos arrepentido y cambiado, todavía estamos en la esclavitud del mal? Aparentemente no, por el grado de prejuicio que continúa azotando todas las sociedades en la actualidad. Hasta que podamos ver que todos estos males se producen porque escogemos el pecado por encima de la justicia, continuaremos llevando las cadenas del pecado y cosechando sus consecuencias.

Cincuenta años atrás estábamos en medio de un movimiento por los derechos civiles que tuvo un éxito limitado. Si queremos que realmente terminen el prejuicio y el fanatismo, entonces es el momento para el movimiento de justicia civil —salir del pecado a la justicia.

Clyde Kilough

Editor

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