La verdadera paz, ¿se estableció en Colombia?

Imágen: Wikimedia Commons, Gobierno de Chile CC BY 2.0 
“Poco después de las 19:00 de este pasado miércoles 24 de agosto en la Habana, Cuba, las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC llegaron oficialmente a su fin con el anuncio de un acuerdo histórico.” Así lo anuncia el noticiero escrito de la BBC.

Esta guerra interna dentro de Colombia había estado vigente por más de 50 años y había dejado oficialmente 260.000 muertos y unos siete millones de desplazados. La esperanza de una paz duradera está ahora en las mentes de muchos colombianos que felizmente recibieron esta noticia el día miércoles pasado. Aunque todavía quedan por completarse algunos otros requisitos para la implementación de este acuerdo, la parte principal del proceso ha quedado cumplida.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dijo este miércoles lo siguiente a su pueblo: “Colombianos, hoy puedo decirles, desde el fondo de mi corazón, que cumplí con el mandato que me dieron. Hoy les presento este acuerdo que nos permite la paz. Hoy comienza el fin del sufrimiento, del dolor y de la tragedia de la guerra.”

Las FARC, para poder garantizar su desarme, han iniciado un proceso hacia su inserción en la política, logrando, por decreto, algunos puestos en el congreso colombiano. Por supuesto que estos curules en el congreso colombiano únicamente los tendrán los líderes principales de la ex guerrilla, pero, ¿qué pasará con todas las personas que pelearon en la guerrilla por décadas y que se quedarán sin curules en el congreso, sin preparación para lograr un empleo digno y sin entrenamiento para insertarse en la vida social del país?

Mi familia y yo* estuvimos presentes en Guatemala cuando se firmó el acuerdo del final del conflicto armado interno en aquel país. Era supuestamente el final de la guerra en un país desangrado por el conflicto entre el gobierno y los guerrilleros. Allá la guerra interna duró un poco más de 30 años y también hubo decenas de miles de muertos de ambos bandos. Cuando se firmó el fin del conflicto había mucha esperanza también por el final del sufrimiento, final de los homicidios, de los hurtos, etcétera.

La verdad es que en Guatemala solamente cambió la razón del conflicto interno y tal vez cambiaron algunos de los actores en el conflicto. Muchas de las personas que habían participado en la guerrilla por décadas simplemente no tenían la preparación para insertarse en la vida de trabajo digno. Muchos de ellos solamente habían experimentado la guerra durante toda su vida. Al terminar la guerra oficialmente, muchos de los guerrilleros al no encontrar trabajos dignos, empezaron a dedicarse a otras formas de “guerra” que también ha hecho sufrir por muchos años a la población. Empezaron a dedicarse al narcotráfico, a los asaltos, a las pandillas, a ser guardaespaldas de políticos, etcétera. El sufrimiento de la población inocente solamente cambió de procedencia.

Hagamos una pregunta sincera: ¿Puede el ser humano lograr la paz duradera a través de acuerdos firmados ante testigos? Creo que la mejor y más contundente respuesta la podemos escuchar de Aquel que nos hizo y que nos dejó un Manual de Instrucciones, la Biblia. Veamos lo que dice este libro divino en Isaías 59:2, 8  “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír…No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz.”

La paz del hombre empieza por la mente. Y la mente del hombre solamente la puede cambiar Dios. La paz mental es una parte del fruto del Espíritu Santo y por lo tanto esta paz mental únicamente tiene que ver con una relación estable con Dios. Como bien dijera un cantante mexicano en una de sus canciones: “La paz del alma no se compra con dinero. La paz del alma la regala solo Dios.” Sabias palabras del autor de esta canción.

Si una persona no tiene paz mental, ¿cómo puede estar en paz con las demás personas? Notemos cómo el apóstol Santiago —medio hermano de Jesucristo— enfocó el tema de las guerras en Santiago 4:1-2  “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.”

Para que haya una paz firme y duradera tenemos que empezar por tener paz en la mente por medio de una relación personal con el Dios verdadero. No puede ser de otra manera. La persona que busca esta tipo de relación con Dios hace el esfuerzo profundo y genuino de buscar el bienestar de todas las personas. Como dice el apóstol Pablo en Filipenses 2:3-5  “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.”

Sinceramente le deseamos todo lo mejor a Colombia en esta nueva etapa de su historia. Pero al mismo tiempo debemos estar seguros que no podemos esperar de Colombia —ni de cualquier otro país del mundo— la paz firme y permanente. La verdadera paz en el mundo la tendremos cuando venga de nuevo el Único que puede establecerla: Jesucristo, el Mesías, el Príncipe de Paz (Isaías 9:6).

Usted puede leer el siguiente artículo La paz mundial: Cómo vendrá para profundizar más acerca de este tema.

*El autor de este artículo vivió entre los años 1991 y 2001 en Guatemala, viviendo el periodo en que se firmó el acuerdo de paz entre la Guerrilla y el Gobierno de Guatemala.