¿Qué pasa con el clima?

Huracán Harvey visto desde la Estación Espacial Internacional (NASA)
Quizás no hay nada que tenga repercusiones físicas tan importantes sobre los seres humanos como el clima. Las civilizaciones han estado a merced del buen o del mal tiempo, y de éste ha dependido el surgimiento o caída de imperios.

Los días en que todo un pueblo podía emigrar para evitar sequías, hambres o inundaciones ya son cosa del pasado. Con fronteras fijas y el enorme aumento de la población, hay muy poca tierra disponible en este siglo XXI. Hoy en día el mundo entero depende primordialmente de ciertas partes de Europa Occidental, Argentina, Australia, Canadá y los Estados Unidos para producir los excedentes alimenticios necesarios para cubrir el déficit en el resto del mundo.

Uno o dos años consecutivos de mal tiempo en estos países productores de alimentos, tendrían consecuencias desastrosas para el resto de la humanidad.

El impacto del Huracán Harvey, el más potente que ha azotado a Texas desde el Huracán Rita en 2005, se dejó sentir también en el resto de Estados Unidos. Este huracán descargó cantidades de agua históricas, que han dejado por lo menos 50 muertos y miles de damnificados. Dos de los mayores puertos del continente tuvieron que cerrar operaciones mientras avanzaba el huracán. Se estima que cerca del 22 por ciento de la producción de crudo en la región, equivalente a 375 mil barriles por día, tuvo que ser suspendida.

El área metropolitana de Houston, la cuarta mayor de Estados Unidos, con una economía que se coloca entre las 25 más ricas del mundo, se inundó, llegando a un punto de tener que instaurar un “toque de queda”.

Texas es un nodo vital en la infraestructura energética de Estados Unidos, con cerca del 30 por ciento de la capacidad de refinado. Harvey también forzó el cierre temporal de las plataformas de extracción de petróleo y gas natural en el Golfo de México. El 15 por ciento de la capacidad de refinado de petróleo en Estados Unidos fue suspendida. La mayor refinería de Estados Unidos está localizada en Port Arthur, propiedad de Saudi Arabian Oil, que tiene capacidad para producir el equivalente a 600 mil barriles diarios de combustible. Exxon Mobil opera en Baytown y es la segunda mayor refinería, que procesa 560 mil barriles diarios. Una decena de refinerías quedaron fuera de servicio en Houston, Galveston y Corpus Christi. Juntas producen 2,2 millones de barriles cada día, que incluyen instalaciones de Shell, Valero, Citgo y Petrobras.

Harvey provocó el cierre del puerto de Houston, el segundo mayor del país tras el de Luisiana, en Nueva Orleans. También quedó fuera de servicio el puerto de Corpus Christi, el sexto más importante de Estados Unidos y clave para el transporte de energía. Juntos mueven 319 millones de toneladas, el equivalente al 14 por ciento de todos los puertos de Estados Unidos.

El impacto inmediato de Harvey fue de un incremento del 5 por ciento en el precio de las gasolinas, afectando también a las exportaciones. Por su parte, analistas estimaron un impacto material del huracán entre 30 mil millones y 100 mil millones de dólares.

Aunque los científicos no puedan predecir con exactitud cuáles serán las condiciones climáticas a largo plazo, casi todas sus teorías dan a entender que se acercan tiempos malos, en cuanto al clima se refiere. Los científicos están limitados al análisis del aspecto físico, y este es sólo parte del fenómeno. No obstante, hay una fuente a la que podemos acudir para averiguar el resto de la historia. Esta fuente es la Biblia, la Palabra revelada de Dios.

En ella se afirma que es Dios quien controla el tiempo atmosférico. Es Él quien “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45).

Con el fin de lograr su propósito, Dios le da buen tiempo aún a los ignorantes y malos. Él envía la nieve y el hielo al igual que la sequía y el calor. Baña a la Tierra con suave lluvia para mostrar su amor, pero también envía inundaciones para castigar (Job 37; Deuteronomio 28:22).

Además de los patrones climáticos normales que Él mismo puso en funcionamiento, Dios también permite que la humanidad coseche las consecuencias de sus errores. El hombre provoca irresponsablemente la contaminación y abuso del ambiente que distorsionan el tiempo atmosférico. Pero Dios también se vale del tiempo para castigar los pecados (Deuteronomio 28:15-24).

Nos guste o no escucharlo, los pecados del hombre se encuentran entre las causas primordiales de los trastornos climáticos. Si la humanidad no cambia de rumbo, los trastornos climáticos actuales pronto parecerán insignificantes ante las condiciones que se avecinan.

De hecho, en un futuro no muy lejano el tiempo atmosférico va a ser gravemente alterado (Apocalipsis 6:5-8; 8:4-12). Las poderosas fuerzas de la naturaleza van a ser desencadenadas sobre un mundo desobediente, con el fin de llevarlo al arrepentimiento.

Pero un poco tiempo después de esa crisis atmosférica mundial, la humanidad experimentará vida abundante con un clima ideal. Ese nuevo sistema será implantado por Dios mismo para salvar a la humanidad de su autodestrucción. Entonces los seres humanos estarán dispuestos a reconocer a Dios, con su gobierno y sus leyes. Será una nueva era, cuando el gobierno de Dios será restaurado en toda la Tierra. Oremos porque pronto venga ese maravilloso Reino.