¿Cuándo serán reunidos Israel y Judá?

La división de Israel y Judá tiene un rol muy importante en la historia y la profecía bíblicas. ¿Qué nos dicen las escrituras acerca de estos pueblos?

Luego de la muerte del rey Salomón, las doce tribus de Israel se dividieron en dos reinos. Mientras las tribus del territorio sur —Judá, Benjamín y gran parte de Leví (la tribu encargada del templo)— fueron lideradas por el hijo de Salomón, Roboam, las 10 tribus restantes (ubicadas en el norte) quedaron bajo el mando de un antiguo siervo del rey llamado Jeroboam (1 Reyes 11 y 12). Así, aunque todas las tribus descienden de Jacob (también llamado Israel, Génesis 32:28; 35:10), fueron parte de la nación de Israel y eran consideradas como “israelitas”, este pueblo se dividió en dos naciones distintas.

Sin embargo, la Biblia revela que eventualmente Israel y Judá volverán a reunirse. Pero antes de ir a la profecía, veamos qué sucedió con estos dos pueblos luego de la división.

¿Qué sucedió con Israel y Judá?

Primero, es muy importante comprender la diferencia entre estas dos naciones. Si bien todos los judíos son descendientes de Jacob (Israel) y por lo tanto “israelitas”, no todos los israelitas son judíos, pues no todos pertenecen a las tribus de Judá y Benjamín.

Tras la separación, Dios permitió que el reino norte de Israel fuese llevado a la cautividad por los asirios (siglo VII a.C.) debido a su desobediencia. Los asirios llevaron a los israelitas a “las ciudades de los medos” en varias deportaciones, y, desde entonces, esta parte de los descendientes de Jacob se conoce como las 10 tribus perdidas de Israel (2 Reyes 15:29; 18:9-10).

Menos de 150 años después (siglo VI a.C.), Dios permitió que Judá cayera en manos del imperio babilonio, también a causa de sus pecados. Muchos de los judíos —incluyendo al profeta Daniel y sus tres amigos— fueron llevados cautivos a Babilonia. Pero 70 años después, fueron liberados y pudieron volver a Judá para reconstruir Jerusalén y el templo. Aún permanecían en su tierra cuando los romanos conquistaron Judea en el año 63 a.C.

Israel y Judá en el primer siglo

Aunque durante la cautividad hubo algunas ocasiones en que Israel y Judá se mezclaron entre sí (2 Reyes 18: 9-13; 2 Crónicas 34:9), la división entre estos pueblos aún era clara en el primer siglo. Pablo, por ejemplo, reconoce la diferencia diciendo ser tanto judío (perteneciente a la tribu de Benjamín) como israelita, y Santiago dirige su epístola “a las doce tribus que están en la dispersión” (Hechos 21:39; Filipenses 3:5; Santiago 1:1).

Como el historiador explica, en ese entonces “El pueblo de Israel permaneció en ese país [Media]; sólo hay dos tribus [Judá y Benjamín] en Asia y Europa sometidos por los romanos, mientras que las otras diez se encuentran al otro lado del Éufrates hasta ahora, y son una inmensa multitud que no se puede contar” (Antiguedades judías,11.5.2, Complete Works of Flavius Josephus [Obras completas de Flavio Josefo]trad. William Whiston (1867) y Standard Edition (1960)).

Israel actual

El estado de Israel moderno fue creado en 1948 como hogar de los judíos. Pero contrario a lo que algunos suponen, el hecho de que sus fundadores hayan escogido el nombre “Israel” no significa que todos los descendientes del antiguo Israel vivan ahí. De hecho, existen muchos pasajes bíblicos que contradicen esta idea.

Primero, la Biblia describe a la descendencia de Abraham como un pueblo extremadamente numeroso —incontable “como la arena del mar” (Génesis 32:12). En comparación a los siete mil millones (aproximadamente) de personas que viven en el mundo, creer que el Israel actual con sus ocho millones de habitantes es el cumplimiento de esta promesa de Dios para el patriarca, sería un tanto absurdo.

Además, Dios prometió a Efraín (descendiente de Abraham) que llegaría a convertirse en “multitud de naciones” y a su hermano Manasés que sería un gran pueblo (Génesis 48:19), y, otra vez, Israel no cumple ninguno de los requisitos.

Reunión de Israel y Judá

La Biblia contiene muchas profecías acerca de las desgracias que los descendientes de Israel y Judá deberán sufrir en el futuro a causa de su desobediencia a la ley de Dios. Sin embargo, las escrituras también revelan que habrá un tiempo de restauración para estos pueblos que ocurrirá tras el regreso de Cristo y el establecimiento del Reino de Dios.

Como escribe Jeremías: “En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; e irán andando y llorando, y buscarán a Jehová su Dios. Preguntarán por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntémonos a Jehová con pacto eterno que jamás se ponga en olvido” (Jeremías 50:4-5). Eventualmente, Israel y Judá buscarán juntos a Dios.

En Ezequiel 37, Dios revela su plan de reunir a estas naciones más explícitamente a través de una visión dada a Ezequiel: “Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros. Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.

“Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te propones con eso?, diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano…y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos” (vv.16-19, 21-22).

Llegará el momento en que todos los descendientes del antiguo Israel —hasta ahora divididos entre Israel y Judá— serán reunidos para volver a convertirse en una sola nación.