La ira de Dios: cómo sobrevivir a ella

Hasta ahora Dios ha sido muy paciente, pero llegará el momento en que su paciencia se va a agotar y va a descargar su ira sobre el mundo entero.

En Apocalipsis 6, el apóstol Juan describe una visión en la que Jesucristo abre los siete sellos de un rollo profético, de los cuales los primeros cinco desatan grandes desgracias causadas principalmente por el hombre y agravadas por Satanás.

Si desea más detalles de la profecía de los siete sellos, consulte el artículo “Los siete sellos”.

Mártires

Cuando Cristo abrió el quinto sello, un grupo de personas (figurativamente) clamó desde sus tumbas diciendo: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?... y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6:10-11)

Esta parte de la visión representa a los santos que han sido martirizados por obedecer a Dios y creer en Jesucristo y recibirán la vida eterna junto a los otros fieles.

Pero la visión también indica que en los últimos tiempos habrá más santos que deberán dar sus vidas como testimonio de su fe antes del regreso de Cristo. No en vano Jesús anima a su pueblo a soportar con paciencia durante los tiempos del fin, cuando “os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre” (Mateo 24:9).

Señales en el cielo

Cuando los eventos del quinto sello hayan ocurrido, el sexto sello se abrirá para dar paso a un gran terremoto y señales cósmicas que aterrorizarán al mundo entero (Apocalipsis 6:12-14; Mateo 24:29-30; Lucas 21:25; Joel 2:30-32; Isaías 43:4).

De esta forma Dios anunciará su pronta intervención en los asuntos de la humanidad para humillar a las naciones antes de establecer su Reino en la tierra.

La ira de Dios

El séptimo sello consiste en una serie de castigos de Dios para la humanidad a causa de su desobediencia, castigos tan terribles que diezmarán poblaciones enteras: “porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Isaías 13:12; Apocalipsis 6:17).

La ira de Dios es la etapa final de las catástrofes que culminarán con el regreso de Cristo y se trata de un terrible castigo para la obstinada humanidad, que se ha rehusado a escuchar las advertencias de Dios. Lamentablemente, ni siquiera este castigo logrará que el mundo se arrepienta de su idolatría, homicidios, paganismo y robos, y la mayoría de los seres humanos simplemente seguirá blasfemando y culpando a Dios por su sufrimiento (Apocalipsis 9:20-21; 16:9, 11).

Pero a partir del momento en que comience la ira de Dios, ésta no terminará hasta haber cumplido su propósito: “verá toda carne que yo el Eterno encendí; no se apagará” (Ezequiel 20:48).

Como dice el profeta Jeremías, “No se calmará el ardor de la ira del Eterno, hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de su corazón; en el fin de los días entenderéis esto” (Jeremías 30:24).

Cómo escapar de la hora del juicio

Por otro lado, la Biblia nos habla de un grupo de personas que logrará escapar de este terrible tiempo de angustia, y Cristo le promete: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra” (Apocalipsis 3:10).

La frase “la hora de la prueba” indica que el mundo será probado con angustia y sufrimiento sólo por un corto periodo de tiempo.

En Isaías 26:20-21, Dios además habla de un lugar de refugio para su pueblo en ese futuro tiempo de castigo: “Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos”.

Pero la protección de Dios no es algo que podamos comprar a último momento cuando veamos venir su castigo; no habrá boletos que podamos comprar para ir al lugar de protección ni contraseñas secretas para obtener inmunidad ante la ira de Dios. ¿Cuál es la condición de Dios para protegernos entonces? ¿Qué debe hacer para ser parte de los protegidos? La respuesta está en la Biblia.

Las condiciones

Dios revela sus condiciones en el mensaje del profeta Sofonías para nuestros días: “Congregaos y meditad, oh nación sin pudor, antes que tenga efecto el decreto, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira de Jehová, antes que el día de la ira del Eterno venga sobre vosotros. Buscad al Eterno todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo del Eterno” (Sofonías 2:1-3).

En otras palabras, Dios está buscando a quienes se arrepientan humildemente, vivan conforme a su voluntad, le busquen constantemente y le pidan ser tenidos por dignos de su gracia ahora.

Es por esto que Jesucristo nos advierte: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:34-36).

Como dice el apóstol Pablo: “El Señor... es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche... ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir! (2 Pedro 3:9-11).

Si queremos escapar del castigo que Dios tiene preparado para los desobedientes, debemos comenzar a obedecer su ley desde ahora.

¡Prepárese!

Nadie quiere que la ira de Dios caiga sobre un mundo desprevenido ni que su castigo lo tome por sorpresa. Ni siquiera Dios quiere que esto suceda, y es por eso que nos ha revelado su plan a través de sus profetas con la esperanza de que hagamos caso y le busquemos (Amós 3:7).

La única manera de escapar de la ira de Dios es comenzar una relación cercana con Él obedeciendo sus leyes desde ahora: “él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Eterno de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).

¿Por qué dejar al azar la oportunidad de escapar de la ira de Dios cuando Él nos está ofreciendo un llamado al arrepentimiento ahora? Si desea comenzar a fortalecer su relación con Dios, no dude en leer los interesantes artículos de la sección “Cambio”.