La nueva Jerusalén

Calles de oro y San Pedro haciendo guardia frente a puertas perladas, ¿no es eso lo que muchos cristianos esperan ver al llegar al cielo? Pero, ¿será realmente así la Nueva Jerusalén?

Muchas de las ideas que se tienen sobre el cielo en la actualidad están basadas en Apocalipsis 21, donde encontramos la descripción más detallada de la Nueva Jerusalén. Pero, como veremos, las creencias populares se alejan mucho de la realidad bíblica —¡que es mucho más impresionante!

En el Antiguo Testamento, varias profecías nos dicen que, cuando Cristo regrese a la tierra, Dios transformará y elevará la ciudad de Jerusalén actual convirtiéndola en capital del mundo entero (consulte, por ejemplo, Joey 2 y 3 y Zacarías 12 y 14). Por otro lado, el Nuevo Testamento revela que una Nueva Jerusalén —distinta de la Jerusalén actual— está siendo preparada para el pueblo de Dios.

Hebreos 12:22, por ejemplo, la llama “Jerusalén la celestial”, y Apocalipsis 3:12 la identifica como “nueva Jerusalén”. Aun Abraham, patriarca del Antiguo Testamento, tenía la esperanza de habitar en esta majestuosa ciudad. Como leemos en Hebreos 11:10, “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.

Pero ¿cómos será en realidad la Nueva Jerusalén? Entender la descripción bíblica de esta ciudad es de vital importancia. Como lo revela Apocalipsis 21, la Nueva Jerusalén es una ciudad muy real que eventualmente bajará a la tierra; no es simplemente una recompensa imaginaria para los creyentes, como algunos piensan. Apocalipsis 21 no describe el cielo ni la vida después de la muerte. De hecho, las Escrituras claramente indican que los seres humanos no van al cielo después de la muerte (Juan 3:13; 7:34; 8:22; 13:33; Hechos 2:34). Si desea más información sobre esta verdad bíblica, le invitamos a leer “¿Vamos al cielo cuando morimos?”.

Contexto de la Nueva Jerusalén

El contexto temporal de Apocalipsis 21 —la descripción bíblica más extensa de la Nueva Jerusalén— es bastante diferente al de nuestro mundo actual. En resumen: para cuando lleguemos a Apocalipsis 21, el mundo corrupto que hoy conocemos habrá llegado a su fin, Cristo habrá regresado a la tierra para establecer el Reino de Dios y habrá reinado por 1.000 años —período que comúnmente se conoce como el “Milenio”.

Pasado el Milenio, la gran mayoría de los seres humanos que han existido a través de la historia serán resucitados a una nueva vida física (en la tierra). Pero esta vez Satanás no estará presente y todos tendrán la oportunidad de conocer la verdad de Dios y recibir la vida eterna. Además, Cristo será Rey del mundo entero. Este período de tiempo se conoce como el juicio del “gran trono blanco” (Apocalipsis 20:11-12).

Luego de que el juicio haya terminado, el planeta entero será encendido en llamas y todo lo que haya en el se quemará (2 Pedro 3:10-13). Pero cuando este fuego se consuma, dará lugar a una nueva tierra pura y transformada, una que jamás se corromperá ni se deteriorará (Isaías 65:17; 66:22).

La Nueva Jerusalén desciende a la tierra

Relatando su visión, el apóstol Juan escribe: “vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apocalipsis 21:2). Entonces, Dios el Padre aun estará en el cielo en ese momento, la ciudad proviene de Él y Él está involucrado en su preparación. Además, la ciudad es preparada “como una esposa ataviada para su marido”.

¿Quiénes vivirán en la Nueva Jerusalén? Como explica Apocalipsis 3:12, la cuidad será habitada por los que hayan vencido en esta vida: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios” (énfasis añadido). Confirmando este hecho, Hebreos 11:10 revela que la ciudad está preparada para los elegidos fieles de Dios.

Además, el descenso de la Nueva Jerusalén a la tierra marcará el cumplimiento de una de las profecías más alentadoras de la Biblia. Esta ciudad será “el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3-4).

En otras palabras, Dios el Padre tendrá su nueva morada en la tierra con su familia espiritual, conformada por aquellos seres humanos que hayan sido transformados. Parece increíble, ¿no es así? Aunque Dios mora en el cielo por ahora, ¡nuestra tierra eventualmente se convertirá en su hogar!

Sabiendo esto, promesas de Dios como las que encontramos en Salmos 37 sin duda parecen mucho más reales, pues ahí nos dice que “los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra” (v. 9), “los mansos heredarán la tierra” (v. 11) y “los benditos de él heredarán la tierra” (v. 22).

Descripción de la ciudad

¡La descripción de la Nueva Jerusalén es realmente impresionante!

Iluminación: En Apocalipsis 21:9-10, vemos a un ángel mostrándole a Juan “la esposa del Cordero” y “la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios”. Luego, el apóstol nos dice que esta ciudad tiene “la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal” (v. 11). El brillo o resplandor de la ciudad es como el de una piedra preciosa traslúcida.

También describe que “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (v. 23). Es decir, la luz resplandeciente de Dios y Jesucristo iluminarán la ciudad entera. Pero esto no significa que el sol y la luna no existirán, sólo implica que la Nueva Jerusalén no necesitará de ellos para ser iluminada.

Un muro y puertas: Apocalipsis 21:12-13 revela que la ciudad tiene “un muro grande y alto con doce puertas” custodiadas por doce ángeles que llevan los nombres de las doce tribus de Israel. La palabra griega traducida como “puerta” en este pasaje es pulon, que significa entrada, portal o vestíbulo de un edificio o ciudad.

Al parecer, los nombres de los doce ángeles continuarán el patrón que se establecerá mucho tiempo antes, cuando los nombres de tres de las tribus de Israel sean escritos en los cuatro límites de la ciudad de Jerusalén durante el Milenio (Ezequiel 48:30-34).

El muro de la Nueva Jerusalén se levantará aproximadamente 75 metros sobre sus cimientos (v. 17), estará completamente hecho de jaspe y cubrirá los cuatro lados de la ciudad. En cada lado habrá tres puertas o vestíbulos hechos con una perla enorme que, si están a la misma distancia unos de otros, ¡tendrán 600 kilómetros de separación!

Cimientos: Continuando con el patrón de nombrar ciertas partes de la ciudad con los nombres de personas con las que Dios ha trabajado, los doce cimientos de la Nueva Jerusalén llevarán los nombres de los apóstoles (Apocalipsis 21:14). Ya miles de años antes, Cristo había anunciado que sus doce apóstoles gobernarían sobre las tribus de Israel (Lucas 22:28-30). Y, en Efesios 2:20, vemos el paralelo espiritual aplicado a la Iglesia de Jesucristo, que está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”.

Tamaño: En Apocalipsis 21:16 leemos que “La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales”. Según algunas investigaciones, las dimensiones descritas en este pasaje son realmente impresionantes —¡la ciudad mide cerca de 2.400 kilómetros por cada lado!

Y su altura también es extraordinaria, alcanzando los mismos 2.400 km. ¡Una ciudad con forma de cubo de 2.400 km por lado tendría aproximadamente 14 billones de kilómetros cúbicos!

Claramente, Cristo estaba muy en lo cierto cuando, poco antes de morir, dijo a sus discípulos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay” (Juan 14:2, énfasis añadido). La palabra griega traducida como “morada” en este pasaje significa hogar, vivienda o lugar de residencia permanente. Y, sin duda, la casa de su Padre tiene bastante espacio habitable.

Otro hecho interesante es que, al parecer, “el lugar santísimo” del tabernáculo y templo que Dios mandó construir a Israel en el Antiguo Testamento (y que será parte del nuevo templo en el Milenio, cuando Cristo haya regresado) es un paralelo de la Nueva Jerusalén en cuanto a forma. Esta habitación, que fue diseñada según la morada celestial de Dios, era un cubo perfecto (1 Reyes 6:20; Hebreos 8:5). Y al igual que “el lugar santísimo”, la Nueva Jerusalén no estará separada del templo, pues Dios el Padre y Jesucristo son “el templo de ella” (Apocalipsis 21:22, énfasis añadido).

Materiales de construcción: “El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa…Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle [plateia, mejor traducido como ‘solar’ o ‘lugar’, una explanada] de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio” (Apocalipsis 21:18-21).

Nuestras leyes físicas jamás permitirían construir una estructura de esta altura. Pero, si bien la Biblia menciona varios materiales de construcción que nos son familiares, la Nueva Jerusalén parece ser una ciudad espiritual y, por lo tanto, no se rige por las leyes físicas que conocemos.

Es por esto que Juan la describe como una ciudad pura y traslúcida. Pero, al no tener otras palabras, el apóstol recurre a términos conocidos para relatar su visión; claramente, Juan reconoce una serie de materiales diferentes, pero, al mismo tiempo, la ciudad es mucho más de los que nuestros ojos humanos hayan visto alguna vez.

Además, en algún lugar de la ciudad hay una plaza o explanada. La palabra “calle” de Apocalipsis 21:21 es singular y no se refiere a un camino para transitar, que seguramente también habrá en la ciudad. La Biblia no nos dice dónde estará esta plaza exactamente, pero sí la describe brillante y de oro traslúcido, como el resto de la ciudad. ¿Será que tiene alguna relación con el lugar en dónde van a estar los tronos de Dios el Padre y Jesucristo?

Una ciudad dinámica: “Y las naciones…andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche” (Apocalipsis 21:24-25). Por supuesto, esto no significa necesariamente que otras partes de la tierra no tendrán noche, pues, como vemos, aún habrá reyes y naciones viviendo fuera de esta ciudad.

Pero, ya que siempre es de día en la Nueva Jerusalén y sus puertas siempre están abiertas, la gente podrá ir y venir continuamente. ¿Quiénes son estos reyes y naciones que vivirán fuera de la ciudad? Es aquí donde debemos aceptar el hecho de que Dios ha decidido no revelar todos los detalles del increíble futuro de nuestro planeta; sólo podemos especular.

Pero, aunque no sabemos todo acerca de la futura ciudad santa de Dios, podemos confiar plenamente en lo que David describe por inspiración divina: “en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmos 16:11). ¡Es esto lo que nos espera en la Nueva Jerusalén!

Para convertirnos en habitantes de esta impresionante ciudad cuando finalmente descienda a la tierra, debemos cumplir las expectativas de Dios. Si usted desea fortalecer su relación con Él, no dude en explorar nuestra sección de “Cambio”, donde encontrará la ayuda que necesita.