La interpretación de los sueños

La interpretación de los sueños y visiones es un tema muy recurrente en el libro de Daniel. Pero ¿es esta la manera en que Dios nos habla hoy?

 Aunque Daniel fue seleccionado entre los judíos cautivos en Babilonia por su inteligencia y aptitud para “las letras y la lengua de los caldeos”, seguramente se sorprendió cuando le pidieron interpretar el sueño de Nabucodonosor (Daniel 1:4). Es más, desde ese moemento Daniel siguió teniendo importantes visiones del futuro.

Pero, ¿qué podemos aprender de estos relatos? ¿Deberíamos tratar de interpretar nuestros sueños en la actualidad?

Antes de ir a los sueños y visiones de este libro, repasemos brevemente la situación en que Daniel y sus tres amigos —Ananías, Misael y Azarías— se encontraban. Luego de ser llevados a Babilonia, el eunuco encargado de los judíos cautivos les dio los nombres caldeos de Beltsasar, Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 1:6-7).

Tras ser entrenados durante tres años, los cuatro jóvenes fueron presentados ante el rey, quien “los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos [hombres sabios y consejeros del rey] que había en todo su reino” (v. 20). Entonces comenzaron a servir al rey con los demás consejeros (v. 19).

Aunque Daniel y sus amigos impresionaron al rey, sus habilidades en realidad no eran del todo innatas. Como vemos en Daniel 1:17, “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños”.

Esto nos revela algo muy importante acerca de la interpretación de sueños: cuando Dios quiere comunicarse con alguien a través de un sueño o visión, se asegura de que el mensaje sea comprendido, ya sea por la persona misma o alguien que lo interprete.

Veamos ahora los sueños y visiones del libro de Daniel.

Nabucodonosor y la gran estatua

Poco tiempo después de ser nombrados consejeros del rey, Daniel y sus amigos enfrentaron una situación difícil. “En el segundo año del reinado de Nabucodonosor [aparentemente había sido cogobernante con su padre durante la conquista de Judá], tuvo Nabucodonosor sueños, y se perturbó su espíritu, y se le fue el sueño” (Daniel 2:1).

El sueño fue tan impactante que el rey pidió a sus sabios una interpretación (vv. 2-4). Pero además los puso en una situación complicada: no solo quería que interpretasen su sueño, también quería que lo adivinaran. De otra manera no podía estar seguro de que decían la verdad (v. 9). Para colmo, todos serían ejecutados si no le daban una interpretación (v. 5).

Desconcertados, los sabios aseguraron al rey que “No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey; además de esto, ningún rey, príncipe ni señor preguntó cosa semejante a ningún mago ni astrólogo ni caldeo. Porque el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne” (vv. 10-11).

Los sabios tenían razón, tal hazaña era imposible para cualquiera sin la ayuda de Dios; pero ésta no era la respuesta que el rey quería escuchar. “Con ira y con gran enojo [Nabucodonosor] mandó que matasen a todos los sabios de Babilonia”, incluyendo a Daniel y sus tres amigos (v. 12).

Cuando Daniel se enteró de la orden del rey, pidió un poco más de tiempo para interpretar el sueño. El rey accedió, e inmediatamente Daniel y sus amigos pidieron a Dios que les revelase el sueño y su interpretación para salvar su vida y la de todos los sabios. Dios escuchó sus oraciones y no tardó en revelar el “secreto” a Daniel (v. 19).

Tras recibir la visión del sueño y su interpretación, Daniel agradeció a Dios e hizo saber al rey que había sido Él quien le había revelado todo (vv. 20-23, 26-30).

La lección de este relato es que sólo Dios puede mostrar la interpretación de un sueño o visión; no es una habilidad que podamos desarrollar por nosotros mismos.

Otro sueño de Nabucodonosor

Tiempo después, el rey Nabucodonosor tuvo otro sueño inquietante: “Vi un sueño que me espantó, y tendido en cama, las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron” (Daniel 4:5). Una vez más, pidió a sus sabios que lo interpretasen; pero, aunque ahora sí les dijo en qué consistía el sueño, nadie pudo interpretarlo (v. 7).

Finalmente Daniel se presentó ante el rey. Al parecer, Nabucodonosor recordaba su experiencia anterior y reconocía que Daniel tenía en él “el espíritu de los dioses santos” (vv. 8, 9, 18). Además, estaba seguro de que “ningún misterio” se escondería de él (v. 9). Aunque el rey no escuchó el consejo de Daniel y la Biblia no dice que haya dejado de adorar a sus dioses falsos, sí parece haber comprendido que las interpretaciones de Daniel provenían de Dios.

Belsasar y la escritura en la pared

Nabucodonosor fue sucedido por Belsasar. Un día, el nuevo rey hizo una fiesta para mil personas —las más importantes de su reino— pero mientras él y sus invitados bebían en las vasijas de oro y plata que habían sido robadas del templo de Jerusalén y adoraban a sus dioses paganos, “aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía… sobre lo encalado de la pared del palacio real” (Daniel 5:5).

El relato no especifica si se trató de una visión, pero lo cierto es que la mano dejó un mensaje que debía ser interpretado. Al ver esta aparición sobrenatural, el ánimo festivo del rey cambió repentinamente y “sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra”. De inmediato llamó a sus sabios con desesperación para que leyesen e interpretasen la escritura, pero los sabios fallaron una vez más una vez más (vv. 6-8).

Al enterarse del misterioso incidente, la reina se acercó al lugar del banquete y habló al rey acerca de aquél hombre en quien moraba “el espíritu de los dioses santos” y que había interpretado los sueños de Nabucodonosor, Daniel (v. 11). Daniel fue llevado ante el rey e interpretó la escritura, cuyo mensaje anunciaba la caída del reino de Belsasar en manos de los medos y persas.

Sueños, visiones y mensajes del libro de Daniel

Además de interpretar los sueños de Nabucodonosor y la escritura en la pared para Belsasar, Daniel recibió otros mensajes por parte de Dios. A continuación haremos una lista de todos los mensajes de Dios registrados en el libro de Daniel:

Escritura

Evento

Daniel 2

Nabucodonosor tiene un sueño sobre Babilonia y otros reinos futuros.

Daniel 5:5

Dios revela a Daniel el sueño del rey y su interpretación en una visión.

Daniel 4:1-27

Nabucodonosor tiene un sueño que le anuncia un castigo por su soberbia.

Daniel 5

Belsasar ve una mano que escribe en la pared del palacio anunciando la caída de su reino.

Daniel 7

Daniel tiene una visión de cuatro bestias y un cuerno pequeño.

Daniel 8

Daniel recibe la visión de un carnero (que representa al Imperio Medo-Persa) y un macho cabrío (que representa a Grecia)

Daniel 9:22-27

Daniel tiene una visión —la profecía de las 70 semanas— sobre la venida del Mesías y su ministerio.

Daniel 10-11

Daniel recibe una visión de Persia, Grecia, el rey del norte y el rey del sur.

Según los expertos, los sueños son muy comunes en los seres humanos, especialmente durante la fase de movimiento ocular rápido (MOR) del sueño, cuando nuestros cerebros están más activos. En su artículo “Cómo funcionan los sueños”, Lee Ann Obringer dice que:El factor común de estos sueños, visiones y mensajes es que Dios siempre reveló su significado a Daniel —generalmente a través del arcángel Gabriel (consulte Daniel 2:19; 7:15-16; 8:15-16; 10:1). Otros artículos de esta sección explican o explicarán los detalles de estos mensajes de Dios con más profundidad.

  • La mayoría de los sueños duran entre cinco y veinte minutos.

  • Todos soñamos varias veces durante la noche.

  • En promedio, el ser humano pasa seis años de su vida soñando (howstuffworks.com).

Pero aunque nuestros sueños al parecer ocupan buena parte de nuestro tiempo, muy pocas veces los recordamos con detalle. Cuando son escalofriantes, a menudo nos despiertan de susto a mitad de la noche y los llamamos “pesadillas”. Dado que este tipo de sueños estará más reciente en nuestra memoria, probablemente los recordaremos mejor que otros, pues mientras más tiempo transcurre entre un sueño y su recuerdo conciente, más fácil resulta olvidarlo.

Aplicación actual

Si pasamos tanto tiempo soñando, ¿no deberíamos tratar de recordar nuestros sueños por si Dios quiera decirnos algo?

En el Nuevo Testamento, Dios se comunicó en varias ocasiones con José (el esposo de María, madre de Jesús) por medio de sueños (Mateo 1:20; 2:12, 13, 19, 22). También utilizó una visión para revelar una importante verdad acerca de la aceptación de los gentiles en la Iglesia al apóstol Pedro y le dio varias visiones al apóstol Pablo (Hechos 10; 16:9-10; 18:9; 26:19). Además, el último libro de la Biblia (Apocalipsis) es en realidad una visión de Juan (Apocalipsis 9:17).

Sin embargo, la regla general en el Nuevo Testamento era que —como lo hizo con Agabo— Dios revelara sus mensajes a través del Espíritu Santo, ahora disponible para todo el que se arrepintiese de sus pecados y fuese bautizado (consulte Hechos 2:38; 11:28; 21:10). Por ejemplo, cuando los apóstoles se reunieron en la conferencia de Jerusalén para discutir si la circuncisión era o no un requisito para los gentiles convertidos, su decisión fue guiada por el Espíritu Santo (Hechos 15:28). Sí, en el pasado Dios se comunicó con la humanidad a través de sueños y visiones dadas por medio de sus profetas, y volverá a hacerlo cuando Cristo regrese a la tierra y su Espíritu Santo sea derramado sobre “toda carne” (Números 12:6; Hechos 2:17.18). Pero actualmente, los cristianos son “guiados por el Espíritu de Dios” (Romanos 8:14).

Como dice Hebreos 1:1-2, “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. A diferencia del pueblo de Dios del Antiguo Testamento, hoy en día todos tenemos acceso a una Biblia —las instrucciones y guía que Dios dio a través de sus profetas y su Hijo tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Sin duda un sueño interesante puede ser un buen tema de conversación, pero como Salomón lo advierte, “de la mucha ocupación viene el sueño” y “Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios” (Eclesiastés 5:3, 7).

Dios podría hablarnos a través de un sueño o visión si así lo quisiera; pero, en general, ésta no es su forma de proceder en la actualidad. Salomón nos aconseja enfocarnos en el temor a Dios —obedeciéndole y viviendo según su voluntad— en lugar de andar buscando mensajes escondidos en nuestros sueños. Sin duda este es un sabio consejo para los cristianos modernos.

Si desea más detalles acerca de la manera en que Dios guía a los cristianos en la actualidad, consulte la sección “Espíritu Santo”.