La paz mundial: Cómo vendrá

Por las consecuencias extenuantes de la guerra, el hombre ha anhelado la paz. La Biblia explica cómo va a llegar este tan deseado estado de tranquilidad.

En la actualidad, quizá una de las mayores ironías del mundo sea la ciudad de Jerusalén. Su nombre significa “ciudad de paz” y los turistas y peregrinos pueden encontrar la famosa inscripción “Orad por la paz de Jerusalén” (Salmo 122:6), en varios lugares de interés bíblico en la ciudad. Esta inscripción la encontramos en monumentos y placas en más de una religión importante.

Sin embargo, ni Jerusalén ni el mundo han experimentado paz duradera y real. La ciudad permanece en conflicto, y es el epicentro de reclamos y religiones que compiten entre sí. Sus lugares sagrados —incluyendo el Domo de la Roca y el Muro Occidental, o Muro de las Lamentaciones, están entre los sitios más tensos del mundo. Y según la Biblia, esta ciudad —y el mundo entero— probará su incapacidad de encontrar la paz verdadera en esta edad de gobierno humano, antes de la segunda venida de Jesucristo, el Mesías.

¿Por qué no hay paz?

¿Por qué? ¿Por qué una ciudad que es tan importante para las tres religiones principales es en sí misma el centro del conflicto? ¿No podría uno pensar que las personas religiosas estarían mejor equipadas para traer la paz a “la ciudad de paz” y al mundo? Sin embargo, aparentemente esto no es lo que sucede.

Dios nos dio la razón varios siglos atrás, por medio del profeta Isaías: “No conocieron camino de paz” (Isaías 59:8). Qué descripción tan adecuada de este mundo en sus débiles intentos por traer paz a la humanidad. Las personas hablan de la meta, pero carecen del conocimiento de la forma de poder alcanzarla.

Podemos encontrar una clave de todo esto en “los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Es fácil perder de vista el significado de la secuencia de los jinetes. Notemos que el primer caballo, el blanco, “salió venciendo, y para vencer” (Apocalipsis 6:1-2). Este primer caballo se asemeja a Jesucristo, el Rey de Reyes que volverá de los cielos en un caballo blanco (Apocalipsis 19:11). Sin embargo, en lo que parece ser una paradoja para muchos, el jinete de este caballo no trae la paz. Es todo lo contrario. Es este impostor, el falso Cristo, el que con su influencia enciende el fuego de la guerra, el sufrimiento y la destrucción.

Al segundo, el caballo bermejo (rojo), “le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros” (Apocalipsis 6:3-4). Aquí vemos un factor de causa y efecto: a raíz de la cabalgata del primer jinete, que representa la falsa religión y las falsas filosofías, el segundo puede aparecer -guerra en todas partes del mundo.

¿Cuánta guerra ha habido en décadas recientes? Es una masacre horrorosa. El estimado de muertes causadas por la guerra en el siglo XX varía, pero una fuente sugiere que 35 millones de personas murieron en la guerra durante ese siglo (blog de la Paz Democrática), en tanto que otras dan cifras mayores de 160 millones (Scaruffi.com).

Sea cual sea la cifra, el siglo XX ha sido el más sangriento de la historia, a pesar de los esfuerzos de la Liga de Naciones y más tarde, de las Naciones Unidas. Y el siglo XXI no es que parezca mejor tampoco, a medida que se enciende la guerra en lugares como Siria, Afganistán e Irak.

Jeremías lo resumió bien en una frase que se ha vuelto popular: “diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14; 8:11).

Sólo por medio del Príncipe de paz

Dicho en pocas palabras, a la humanidad le falta el conocimiento divinamente revelado de cómo encontrar la paz. Finalmente se requerirá del regreso a la tierra de Jesucristo, y el establecimiento del Reino de Dios, para que venga la verdadera, justa y duradera paz.

Veamos esta maravillosa profecía acerca del Mesías: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (énfasis añadido).

Él traerá con Él la administración de la verdadera justicia y el camino a la paz real: “Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4). ¡Esta época ha de venir!

¿Cómo se logrará esto? ¿Debemos esperar que esto se produzca simplemente por los esfuerzos de los gobiernos nacionales? ¿Se harán realidad las famosas “espadas transformadas en rejas de arado”, inscritas en la estatua que está enfrente del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, como resultado de las negociaciones de paz?

No, la paz no vendrá así

En lugar de ello, cuando Jesucristo regrese a la tierra, Él tendrá que actuar de una manera firme y decisiva para detener la rebelión en contra de su gobierno. Leemos acerca de una acción agresiva de parte del último imperio mundial y su líder (al que se refieren como “la bestia”), quienes “pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes” (Apocalipsis 17:8, 14).

Pero esta perversa campaña militar no tendrá éxito. La rebelión contra el gobierno justo del Mesías será sofocada.

Comenzará en Jerusalén

Por inspiración divina, el profeta Zacarías nos da una maravillosa descripción del cambio en las condiciones de la ciudad de Jerusalén en el Reino de Dios: “Aun han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con su bordón en su mano por la multitud de sus días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas” (Zacarías 8:4-5).

El gobierno de Cristo y el camino de paz que éste traerá, se propagará desde Jerusalén y llegará a toda la Tierra y sus habitantes. Tanto los ancianos como los jóvenes tendrán la libertad de disfrutar la belleza y la seguridad de la ciudad capital de Dios, sin miedo a las bombas ni a la violencia.

Cuando Jesucristo regrese y establezca su gobierno, la paz se va a expandir a partir de la ciudad de Jerusalén hasta llevar descanso a este mundo cansado de la guerra. “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del Eterno de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:7).

El gobierno de paz de Dios

El gobierno de paz de Dios será establecido, comenzando con la ciudad de Jerusalén. Las personas irán a esta ciudad para aprender acerca de Dios y de sus caminos. “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del Eterno será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno” (Miqueas 4:1-2).

El gobierno de Cristo, y el camino de paz que éste traerá, se expandirá fuera de Jerusalén y abarcará toda la tierra y sus habitantes.

Una celebración de paz

Estos eventos están representados en la fiesta bíblica de los Tabernáculos, que cada año celebran los miembros de la Iglesia de Dios. Como una de las fiestas señaladas por Dios, es una celebración anual de la futura época de paz que vendrá a la tierra no por los esfuerzos del hombre, sino por la milagrosa intervención del Dios Todopoderoso. Nos ofrece un maravilloso anticipo de este tiempo de paz.

Para aprender más acerca de esta fiesta bíblica maravillosa, lo invitamos a leer el artículo acerca de la Fiesta de Tabernáculos en el sitio VidaEsperanzayVerdad.org. Si desea más información, puede leer el artículo titulado “El Milenio de 1.000 años”.

Sí, vendrá la paz mundial. Será una realidad. ¿No son éstas unas noticias maravillosas? Para aprender más acerca de este venidero Reino de Dios, que va a conducir a la humanidad a la paz que tanto ha anhelado, vea los artículos en la sección: “El Reino de Dios”.