La ingratitud: una señal de tiempos peligrosos

El agradecimiento y la ingratitud no parecen importantes para la mayoría de las personas. Pero Dios ve las cosas de una forma diferente. La ingratitud es uno de los síntomas de una sociedad en peligro.

[De nuestra edición Noviembre/Diciembre 2015 de Discernir.]

El apóstol Pablo advirtió acerca de los difíciles y estresantes momentos que vendrían antes del regreso de Cristo:

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos...” (2 Timoteo 3:1-2, énfasis añadido).

Su lista de las actitudes destructivas de los tiempos del fin es bastante larga, pero enfoquémonos en “ingratos”.

¿Por qué la ingratitud es un síntoma de una sociedad enferma y autodestructiva? ¿Por qué está creciendo y cómo nos perjudica, mientras la gratitud nos beneficia?

Predeciblemente ingratos

¿Por qué la ingratitud se está incrementando en esta sociedad secular y humanista? Pablo escribió un análisis revelador acerca de las personas que ignoran la evidencia de nuestro Creador:

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” (Romanos 1:20-21).

Las personas que no reconocen a Dios, obviamente no van a ser agradecidas con Él. Los pensamientos que no tienen en cuenta la obvia realidad de la existencia y el plan de Dios son pensamientos vanos.

Si usted piensa que es tan solo un animal y paradójicamente también cree que es señor de su propio destino, sus pensamientos no van a trascender más allá de su tiempo de vida (Salmo 146:4). Ellos serán fugaces y fútiles, y estará cegado a las realidades espirituales que duran eternamente.

Estudio de un caso antiguo

Podemos ver esto en la vida del rey Nabucodonosor.

Dios le advirtió acerca de los resultados de su camino de orgullo. “Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere” (Daniel 4:25).

Pero Nabucodonosor no atendió a la advertencia y 12 meses después estaba nuevamente idolatrando su propio poder y riqueza. Él dijo: “¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad”? (v. 30).

Desde ese mismo instante se cumplió la profecía y el rey Nabucodonosor se convirtió en un animal salvaje. Comía hierba y sus uñas crecieron como garras, hasta que esta justicia poética transformó su soberbio orgullo en alabanza.

“Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y Él puede humillar a los que andan con soberbia” (v. 37).

Los problemas de la ingratitud

Ser ingrato conlleva un rechazo subyacente de Dios. Si no reconocemos lo que Él ha hecho por nosotros, estamos poniendo algo más en su lugar. Esto no solo demuestra que estamos desconectados de la realidad, sino que generalmente significa que estamos haciendo un dios de nosotros mismos.

Si ignoramos las bendiciones de Dios y las contribuciones de otros, creamos puntos ciegos que nos impiden ver todo el cuadro. Estos puntos ciegos pueden impedirnos percibir los errores de nuestro camino. Es una ley del universo que el orgullo antecede a la caída (Proverbios 16:18).

El centrarse en uno mismo y la ingratitud imperan en los que nos rodean, lo que conlleva a una falta de intimidad y aislamiento. La ingratitud puede destruir las relaciones e impedir que se formen otras nuevas.

Beneficios de la gratitud

Por otra parte, la gratitud tiene muchos beneficios que ahora están siendo confirmados por la ciencia.

John Tierney resumió algo de su investigación más reciente en The New York Times:

“Cultivar una actitud de gratitud se ha relacionado con una mejor salud, un sueño más profundo, menos ansiedad y depresión, una mayor satisfacción a largo plazo con la vida y un comportamiento más amable con los demás… Un nuevo estudio muestra que sentir gratitud hace que las personas sean menos agresivas cuando son provocadas…

¿Por qué hace tanto bien la gratitud? ‘Más que cualquier otra emoción, la gratitud es una emoción de amistad’, dice el Dr. [Michael] McCullough. ‘Es parte de un sistema sicológico que hace que las personas eleven su estimación de cuánto son valorados por otros. La gratitud es lo que ocurre cuando alguien hace algo y entonces usted se da cuenta de que le importa más a la persona de lo que usted creía’”.

Es la Regla de Oro en acción (Mateo 7:12). A todos nos gusta sentirnos apreciados, y la gratitud actúa como un lubricante en las relaciones humanas. Nos ayuda a hacer amigos y a fortalecer las amistades y los vínculos familiares. Ser agradecido con otros nos ayuda a que nuestra vida sea más placentera y feliz.

Además, la felicidad también puede ayudarnos a desarrollar nuestra relación con Dios. Él es un padre amoroso y quiere lo mejor para nosotros. Esto incluye que tengamos los beneficios de una perspectiva positiva de la vida (Filipenses 4:8), y una perspectiva correcta de nuestras bendiciones y desafíos.

Libres de los puntos ciegos y las trampas del orgullo y la ingratitud, podemos ver nuestro futuro claramente, según la realidad definitiva. Dios nos ha hecho y nos ha dado todo lo que tenemos. Más allá de esto, Él tiene un propósito para nosotros que trasciende los problemas de esta era. Quiere que pensemos como Él —que apreciemos lo que es bueno y que demos.

Dios es el dueño de todo y nos ha dado todo lo que tenemos. Él aun dio la vida de su Hijo para que pudiéramos ser perdonados de nuestros pecados. ¿Qué le podemos dar realmente a Él? ¡Las gracias!

“Alabad al Eterno, porque él es bueno. Porque para siempre es su misericordia” (Salmo 107:1). Para leer más acerca de esto, vea nuestro artículo “Alabar a Dios”.