¡Las mejores noticias de la historia!

Estamos tan acostumbrados a las malas noticias que las buenas pueden parecernos inverosímiles, o al menos exageradas. Pero, creámoslo o no, la utopía es real y vendrá pronto.

[De nuestra edición Septiembre/Octubre 2015 de Discernir.]

¿Cuál habrá sido el titular más importante de la historia?

Algunos dicen que fue “EUROPA HA VENCIDO ―TODO HA TERMINADO” al final de la Segunda Guerra Mundial. Otros, “EL PRIMER PASO” del hombre en la luna, o algún otro evento que haya conmocionado al mundo y haya sido exagerado en los titulares.

Pero sea cual sea el hito histórico que elijamos, pronto todos serán superados por una noticia de proporciones épicas: ¡CRISTO REGRESA!

El momento que le dará un giro a la historia de la humanidad

Hoy en día todo parece indicar que la humanidad se acerca al borde de la destrucción por varios caminos a la vez. La amenaza nuclear ha dejado de ser una guerra fría entre dos potencias para convertirse en un juego de muchos participantes, que al parecer, pronto incluirá a organizaciones terroristas y regímenes totalitarios.

Si a esto agregamos armas de destrucción masiva químicas y biológicas, carreras armamentistas convencionales, pandemias, escasez de alimentos y agua, desastres naturales, colapsos económicos, amenazas cibernéticas, odios raciales, corrupción gubernamental y la destrucción de la familia, sin duda nos encontramos ante una imagen desmoralizadora.

Afortunadamente, Dios promete intervenir antes de que este genocidio global se complete. Jesucristo mismo, quien subió al cielo desde el Monte de los Olivos, regresará de la misma manera para salvarnos de la autodestrucción (Hechos 1:11; Mateo 24:22).

(Claro que esto será después de acabar con los confundidos ejércitos humanos que lo atacarán al verlo, pero esa es otra historia.)

¿Qué hará Jesucristo?

Luego de los terribles eventos profetizados para el futuro cercano ―la Gran Tribulación y el Día del Señor― este mundo y su diezmada población requerirán un esfuerzo masivo de rescate y una gran dosis de tierno y amoroso cuidado.

Eso es justo lo que Jesucristo y quienes se hayan preparado para ayudarle van a ofrecer.

Gestión de crisis

Debido a las terribles consecuencias de la guerra y los desastres, habrá necesidades que requieren atención inmediata. El primer paso será dar alimento sano y agua a los hambrientos y sedientos, así como curar a los heridos y restablecer los servicios de saneamiento y las actividades agrícolas.

Cuando esto suceda, todos verán y comprenderán que Dios realmente es el “Padre de misericordias y Dios de toda consolación”, pues sus seguidores se encargarán de “consolar a los que están en cualquier tribulación”, con el mismo consuelo que ellos habrán recibido del Padre (2 Corintios 1:3-4).

Finalmente, los refugiados y sobrevivientes aprenderán a confiarle sus problemas a Dios. Como dijo Pedro: “él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

Dios saciará su sed tanto física como espiritual: “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos” (Isaías 44:3). Él hará que todos puedan tener una relación nueva y cercana con su Hacedor, y proveerá alimento, protección y salvación a “los que perecían” (Isaías 27:13; 25:4, Biblia de las Américas).

Sanidad de cuerpo y mente

Dios escuchará la aflicción de los heridos y sanará sus llagas y dolencias (Isaías 30:19, 26). Pero también tiene planeados otros milagros.

“Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad” (Isaías 35:5-6).

No habrá herida ni discapacidad que el Creador de nuestros ojos, oídos, piernas y lenguas no pueda sanar.

La curación del corazón humano

Pero hay otro milagro mucho más importante que los sobrevivientes necesitarán, aún si al principio ellos mismos no lo saben.

De hecho, todos los otros milagros no servirían de nada si el plan de Dios no incluyera un cambio mucho más profundo. ¿Cuántas veces en la historia hemos sufrido males terribles que nos hacen recapacitar por un tiempo? El problema es que, si no hacemos un cambio profundo de corazón, siempre volveremos al mismo camino que nos causó problemas.

Afortunadamente, el plan de Dios está especialmente diseñado para llevarnos a este punto. Uno de sus principales propósitos es realizar ese trasplante de corazón que tanto necesitamos.

“… les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios” (Ezequiel 11:19-20).

El camino de la paz

En lugar de entrenar para la guerra en academias militares, la humanidad finalmente aprenderá y practicará el camino de la paz. Veamos la hermosa descripción que Miqueas hace de este futuro Reino:

“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del Eterno será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno.

“Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.

“Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca del Eterno de los ejércitos lo ha hablado” (Miqueas 4:1-4).

El camino de Dios es el camino hacia la paz verdadera. Sus leyes nos enseñan a buscar el bienestar de los demás y amarlos como Él nos ama. Éste es el camino de paz que por miles de años ha eludido a la humanidad, pero finalmente será enseñado y practicado en el mundo entero. Entonces, no habrá más miedo ni destrucción.

Sin embargo, éste será sólo el comienzo de un futuro maravilloso que va más allá de lo que podemos imaginarnos. Finalmente, Jesucristo vendrá para establecer la utopía que siempre hemos anhelado.

“Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite” (Isaías 9:7).

¡Éstas serán las mejores noticias de la historia!

¿Qué estará haciendo usted cuando Cristo regrese?

Parece demasiado bueno para ser verdad, pero podemos estar seguros de que este futuro Reino de paz llegará. De hecho, Dios ya está entrenando a quienes ayudarán a Jesucristo en este proceso de intervención y transformación de la Tierra.

¿Cómo espera Dios que sus seguidores se preparen para ese tiempo maravilloso?

En Mateo 24:46, Jesús llamó bienaventurados a los siervos de Dios a quienes, “cuando su señor venga, [les] halle haciendo así”. ¿Qué debemos hacer ahora para que Dios nos halle “haciendo así”?

  • Orar. No en vano la oración modelo de Jesucristo comienza así: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:9-10. Descubra más acerca de esto en el artículo “Venga tu Reino” de VidaEsperanzayVerdad.org).
  • Arrepentirnos y creer en las promesas de Dios. Al comenzar su ministerio, Cristo dijo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Arrepentirnos significa cambiar ―dejar atrás el comportamiento que causó tantos problemas en primer lugar; y luego de arrepentirnos y creer, la Biblia dice que debemos bautizarnos y recibir el maravilloso don del Espíritu Santo que nos permitirá crecer para pensar y actuar más como Dios. Descubra más acerca de este proceso de conversión en nuestro folleto gratuito ¡Cambie su vida!
  • Poner primero el Reino de Dios y sus leyes. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33; conozca más sobre estas importantísimas prioridades en el artículo “Buscad primero el Reino de Dios” de VidaEsperanzayVerdad.org.)
  • Ayudar a predicar las buenas noticias. Jesucristo le dio esta comisión a su Iglesia: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Por lo tanto, parte de la preparación de sus seguidores es ayudar a divulgar este mensaje.
  • Practicar el camino de la paz. Antes de poder enseñar a otros el camino de la paz, los seguidores de Cristo deben aprender a seguirlo ahora. “El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32:17). La Biblia también establece una relación entre la justicia y la obediencia a los mandamientos de amor de Dios (Salmos 119:165, 172; Romanos 13:8-10). Si desea estudiar más acerca de esto, consulte el artículo “El camino de la paz”.

Buscando y apresurando la venida

Cuando comprendemos con cuánta urgencia necesita el mundo el regreso de Jesucristo y cuán maravilloso será el Reino de Dios, desearemos que venga lo más pronto posible (2 Pedro 3:12).

Afortunadamente Jesucristo nos asegura: “Ciertamente vengo en breve” (Apocalipsis 22:20).

Y nosotros, como el apóstol Juan, podemos responderle fervientemente: “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (v. 20).