¿Por qué el mundo está en caos?

Los disturbios, las guerras, la pobreza y las diferencias ideológicas extremas se están multiplicando alrededor del mundo. ¿Cómo nos metimos en este caos? ¿Hay alguna forma de salir?

 Desde la elección de Donald J. Trump como el 45to presidente de Estados Unidos, las profundas divisiones ideológicas que separan a los estadounidenses se han robado el escenario. Las diferencias eran obvias desde hace tiempo, pero últimamente la relativa calma y el sentimiento de rutina que antes reinaban en el país han quedado relegados mientras los medios, el pueblo y los líderes mundiales intentan adivinar qué tiene en mente la nueva administración y cuál será su efecto en el mundo.

Por otro lado, no es como si nadie hubiera visto un cambio venir. El analista de Stratfor, Rodger Baker, explica que “Si dejamos de hacer política con base en personalidades… podemos ver dónde y cómo las tácticas de Trump caben en la evolución de la política de Estados Unidos como un todo. En la predicción de Statfor para la década de 2015-2025 dijimos que el comportamiento de los Estados Unidos seguiría dos grandes tendencias: un alejamiento parcial del sistema internacional y una crisis política doméstica desencadenada por el declive de la clase media…

“Ninguno de estos comportamientos dependía del resultado de una elección en particular, de hecho las identificamos como tendencias ajenas a los caprichos cotidianos de la política” (“The United States: Between Isolation and Empire,” [Los Estados Unidos: entre el aislamiento y el imperialismo], 31 de enero de 2017).

Durante su campaña electoral, el presidente Trump aludió a estas tendencias enfocándose principalmente en la prosperidad económica, la inmigración ilegal y la seguridad nacional ante el creciente terrorismo. Sus soluciones para dichos problemas incluían una política migratoria más severa, aumentar la seguridad en las fronteras del país, renegociar tratados de comercio y revisar el rol de Estados Unidos en el exterior. Pero, hasta ahora, sus esfuerzos para implementar estas medidas contra tan complejos y polémicos problemas han sido más bien inquietantes para muchos, al punto de que la preocupación y el desacuerdo en torno a sus decisiones han inspirado protestas dentro y fuera del país.

Inquietud en el mundo

Sin embargo, la tormenta política de Estados Unidos es sólo un reflejo de lo que sucede en todo el mundo. Actualmente los ciudadanos del Reino Unido intentan manejar de la mejor manera posible su voto para dejar la Unión Europea, mientras los países restantes de la UE enfrentan grandes dificultades económicas, viéndose abrumados por la cantidad de inmigrantes que huyen desde países empobrecidos en guerra. Y como consecuencia, los partidos políticos de extrema derecha que se oponen a la inmigración están ganando terreno y poder en Europa.

Pasando al Medio Oriente, la guerra civil en Siria continúa y no parece haber esperanza de que el conflicto sectario termine. Para empeorar las cosas, la guerra no sólo es entre el gobierno y los rebeldes, sino que incluye al grupo terrorista ISIS, que actualmente controla gran parte del país. Rusia apoya a las fuerzas gubernamentales del presidente Bashar Al-Assad, Estados Unidos apoya a los rebeldes, e ISIS simplemente le hace la guerra a cualquiera que no lo apoye.

El conflicto palestino-israelí —entre grupos de Gaza que constantemente lanzan cohetes a Israel, y éste que responde con represalias— no ha cesado desde la formación del estado de Israel en 1948. Si bien Israel, Egipto y Jordania han logrado la reconciliación, hasta ahora no se ha alcanzado un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos, y todo parece indicar que eso no cambiará.

En África, muchos países están plagados de corrupción política y estancamiento económico. Corea del Norte amenaza a sus enemigos y al mundo occidental como un país sin freno que posee armas nucleares. Y China está infundiendo miedo y desconfianza con su gran poder económico, la manipulación de divisas y la construcción de islas en el Mar de China Meridional.

¿Dónde quedamos entonces?

Como dijo el estimado diplomático Henry Kissinger: “El mundo está en caos. Muchas revueltas políticas importantes están ocurriendo en diferentes partes del mundo simultáneamente, y la mayoría son guiadas por principios discrepantes” (Jeffrey Goldberg, “The Lessons of Henry Kissinger” [Las lecciones de Henry Kissinger], The Atlantic, diciembre de 2016; énfasis añadido).

Sí. El mundo está en caos. ¿Pero a dónde nos dirigimos ahora? ¿Hay esperanza de un futuro mejor o vendrá uno aún más oscuro?

Consecuencias a largo plazo

El Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos —que hace un análisis estratégico a largo plazo para la comunidad de inteligencia de ese país— publica cada cuatro años un informe no clasificado acerca de las tendencias que afectarán al mundo en las dos décadas siguientes. En su informe más reciente (enero de 2017), anticipó un crecimiento económico débil que afectará a los países ricos, empeorará las condiciones de quienes viven en pobreza y fomentará la migración desde países pobres cuyas poblaciones están en aumento.

El informe también predice que en los próximos 20 años los países serán más difíciles de gobernar, mientras los gobiernos se esfuerzan por proveer de seguridad y prosperidad a sus ciudadanos. “La creciente conectividad global en medio de un crecimiento económico débil incrementará las tensiones entre las sociedades… La influencia religiosa será cada vez más relevante, al punto de que alcanzará más autoridad que muchos gobiernos…

“El riesgo de conflictos aumentará debido a las diferencias de intereses entre las grandes potencias, la creciente amenaza terrorista, la continua inestabilidad de los países débiles, y la expansión de tecnologías letales y perturbadoras”. En esencia, “estas tendencias convergerán a un ritmo sin precedentes, dificultando mucho la cooperación y la gobernabilidad” (“Global Trends: Paradox of Progress” [Tendencias globales: la paradoja del progreso], p. 6).

En pocas palabras, el mundo es ahora más caótico y peligroso que nunca. Los desacuerdos, la polarización política, los conflictos y el sufrimiento abundan, y el futuro no se ve nada prometedor.

Lo que muchas personas no saben es que el actual estado del mundo es simplemente resultado de diferentes decisiones. La humanidad ha seguido caminos que nos han traído al punto en el que estamos ahora, y nuestras decisiones de hoy afectarán el mañana. El principio bíblico era cierto: cosechamos lo que sembramos (Gálatas 6:7); “la maldición nunca vendrá sin causa” (Proverbios 26:2).

Para entender por qué el mundo está como está y prever lo que depara el futuro, debemos entender las decisiones que el mundo ha tomado y cuál es el plan de Dios para su creación.

¿Dónde está Dios?

Aunque muchos no piensen que Dios sea “necesario” ni crean que Él controla el futuro del mundo, la realidad es que la mejor esperanza de sobrevivencia que la humanidad tiene es el plan de nuestro Creador para su creación.

Casi siempre se culpa a Dios cuando se pierden vidas en eventos catastróficos. “¿Dónde está Dios?” es una pregunta natural ante el sufrimiento extremo. “¿Cómo podría un Dios bueno permitir que tales tragedias ocurran?”.

La dolorosa verdad es que Dios no es el verdadero causante del sufrimiento humano. Muy a menudo, el hombre mismo lo es. Tiempo y ocasión podrán ser la causa del dolor de alguien en particular, pero a gran escala, es la humanidad quien se ha acarreado su propio sufrimiento. Los seres humanos han escogido el mal desde el principio, y siguen escogiendo caminos que inevitablemente los llevan al sufrimiento. Dios no es el responsable del caos que vemos en el mundo hoy.

Pero, ¿cómo tomó la humanidad este mal camino en primer lugar?

La historia comienza hace mucho tiempo, con el primer hombre y la primera mujer en un lugar llamado Jardín de Edén. Es una historia corta, pero con graves consecuencias.

¿Por qué el hombre escoge la maldad?

Luego de crear a Adán y Eva, Dios los puso en un jardín donde había dos árboles especiales: el “árbol de vida” y el “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:9). También les dijo que no debían comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, y que desobedecer sus instrucciones los llevaría a la muerte.

Esta orden de Dios, sin embargo, no era represiva. Él amaba a su creación y la consideraba buena “en gran manera” (Génesis 1:31). Incluso hizo al ser humano a su propia imagen, dándole una posición única y especial dentro de todo lo que había creado (v. 26). Además les ofreció a Adán y a Eva una gran recompensa —representada en el árbol de vida— si le obedecían: comer del árbol de vida les daría acceso a la vida eterna (Génesis 3:22).

Dios obviamente amaba a la humanidad, y considerando los hechos —que los primeros humanos vivían en un lugar hermoso y podrían disfrutar de él para siempre si obedecían— obedecer obviamente era la mejor decisión.

Pero luego las cosas se complicaron.

La mentira

La serpiente, “que es el diablo y Satanás” (Apocalipsis 20:2), entró en escena. Tergiversó las instrucciones e intenciones de Dios y, con un astuto discurso, contradijo su enseñanza de que el fruto prohibido resultaría en la muerte. Le dijo a Eva: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:4-5).

En otras palabras, la serpiente acusó a Dios de ser un mentiroso y de retardar o prohibir innecesariamente la oportunidad del hombre de ser como Él. Confundida y sin saber qué creer, Eva decidió investigar y tomar una decisión por sí misma. “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (v. 6).

Fue así como la humanidad comenzó su camino de confiar en su propio razonamiento y desechar las instrucciones de Dios. Lamentablemente, a través de la historia los seres humanos han seguido los pasos de Adán y Eva y el tiempo ha demostrado que Dios tenía la razón. La serpiente es la verdadera mentirosa y “homicida desde el principio” (Juan 8:44).

Tal como Dios había dicho, el pecado de Adán y Eva los condujo a la muerte y a la pérdida del acceso al árbol de la vida, que representaba la vida eterna (Génesis 3:22-24). Dios sacó al hombre de su hermoso jardín y las consecuencias de su mala decisión persiguieron a Adán y Eva durante toda su vida. No sólo morirían eventualmente, sino que además sus vidas estarían llenas de tristeza, dolor y dificultades (vv. 16-19).

Lo que aprendemos del pecado de Adán y Eva

Las lecciones del trágico error de Adán y Eva se repiten muchas veces en la Biblia. Muchos proverbios nos advierten del mal ejemplo de Eva de considerarse sabia en su propia opinión. “Fíate del Eterno de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”, dice Proverbios 3:5, y el versículo 7 reitera: “No seas sabio en tu propia opinión; teme al Eterno, y apártate del mal”.

El profeta Isaías, además, resume el error de confiar en el razonamiento humano sin tomar en cuenta a Dios, diciendo: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!… ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!” (Isaías 5:20-21).

Y, hablando de la misma tendencia, Dios dijo: “mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron” (Jeremías 4:22).

Los antiguos pueblos de Israel y Judá cayeron en la cautividad por falta de conocimiento del camino que lleva a la paz y la prosperidad. Rehusarse a obedecer los mandamientos de Dios sin duda les costó muy caro.

Pero, con todo este caos, sufrimiento y miseria que inevitablemente son el resultado de rechazar las instrucciones de Dios, ¿cómo es que la humanidad aún no se da cuenta de su error? ¿Cómo es que no pueden ver los males que se están acarreando?

Ceguera sanada

La razón por la que el mundo continúa dando vueltas en el caos y continua cayendo en su espiral descendente de tragedia es que los seres humanos son incapaces de ver la raíz de sus problemas. ¿Por qué? Porque la “serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás… engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9; vea también 2 Corintios 4:4; énfasis añadido).

Afortunadamente, esta ceguera espiritual es quitada por Cristo (2 Corintios 3:14). De hecho, hay un pequeño grupo de personas que están respondiendo al llamado de Dios ahora y, como consecuencia, son capaces de ver la verdadera condición espiritual del mundo y de prepararse para ayudar a Cristo en su regreso. Cuando Jesús vuelva, la tarea de estas personas será ayudarle a traer entendimiento espiritual, sanidad y paz a nuestro caótico mundo.

Para más detalles acerca de la causa del caos y el sufrimiento, vea el artículo “¿Por qué permitió Dios que Jessica muriera?” en este número de Discernir, y nuestro folleto gratuito ¿Por qué Dios permite el mal y el sufrimiento?