6 formas de mejorar sus palabras

El viejo dicho de “las palabras no pueden hacerme daño” está muy alejado de la realidad. ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestras palabras no sean destructivas, sino una fuerza para el bien?

Hay quienes piensan que las armas pueden causar daño corporal, pero nuestras palabras no hieren. En realidad, las palabras pueden herir peor y dejar heridas más debilitantes que las armas.

Ya sea que las palabras tengan como objetivo a un niño, al cónyuge o un amigo, los efectos de las palabras crueles pueden ser devastadores.

Que opina Dios de las palabras

¿Cuán importante es para Dios que utilicemos bien nuestras palabras? Mateo 12:26 y 37 nos dice que seremos justificados o condenados por cada palabra ociosa que hablemos.

El contexto de estos versículos se conoce por nuestros frutos. ¿Cuál es el fruto de nuestras palabras? ¿Nuestras palabras alivian y curan? ¿Son amables, aunque sean para corregir? ¿O nuestras palabras a veces, por el tono o su significado, actúan como armas?

“La lengua que brinda consuelo es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu” (Proverbios 15:4; NVI). ¿Cómo podemos asegurarnos de que los frutos de nuestras palabras son buenos —“árbol de vida” para nuestros hijos, esposa y los demás?

Principios para aplicar

A continuación hay unos principios que se pueden sacar de la Biblia que nos pueden ayudar a guiar nuestras palabras:

  • ¡Las emociones son malas consejeras! Algunas de las palabras más hirientes que pronunciamos son aquellas que están manejadas por la ira o la frustración, y todos somos puestos a prueba cuando se trata de controlar nuestras emociones. Cuando la ira o la frustración aparecen, puede que sea difícil, pero excusarnos, irnos y tranquilizarnos nos ayuda a tener control.

Proverbios 15:8 dice que el hombre iracundo promueve contiendas. Colosenses 3:8 nos da una lista de cosas para quitar de nuestra boca. La ira es la primera en la lista. El enojo es el segundo. La malicia, la blasfemia y las palabras deshonestas completan la lista.

¿Cuántas de estas cosas no escuchamos por lo general cuando alguien tiene un arrebato emocional? Nuestra sociedad parece pensar que son aceptables, pero Dios dice que no lo son por el daño que le causan a la gente.

  • El sabio pone atención a lo que está sucediendo. ¿Alguna vez ha estado con alguien que le responde antes de usted termine la pregunta? ¿Alguna vez ha estado con alguien que esta de afán y le responde antes de escuchar toda la pregunta? ¿Alguna vez ha permitido que una situación emocional no lo deje escuchar el asunto completamente? Proverbios 18:13 dice que si una persona responde antes de escuchar, es fatuidad y oprobio para esa persona. La persona sabia es la que se toma el tiempo de entender toda la situación, y no se afana en responder antes de haber analizado completamente lo que está pasando.
  • El valor de la verdad, que se habla en amor. Dios valora tanto la verdad, que dedicó uno de los Diez Mandamientos a ser veraz (Éxodo 20:16). En la lista de cosas que Dios detesta, hay dos que tienen que ver con la mentira (Proverbios 6:16-19). Aunque sea incómodo, Dios espera que siempre digamos la verdad.

Decir la verdad puede ser una tarea difícil, en especial cuando pensamos que vamos a herir los sentimientos de alguien más. Acá podemos agregar el principio que encontramos en Efesios 4:15, que debemos decir la verdad, pero decirla con amor. (Vea nuestro artículo “Hablar la verdad en amor”). A menudo sirve tener en cuenta, “¿Cómo me afectarían mis palabras si alguien me las dijera a mí?”.

Si tuviera que decirle algo a alguien sabiendo que esto va a herir sus sentimientos, con un poco de reflexión encontrará la manera de hacerlo con amor y que la conversación termine con la persona sabiendo que usted lo hizo por su bien, que a usted le importa y está cuidando de esa persona.

  • La ley de la clemencia. Proverbios 31:26 se refiere las palabras guiadas por la “ley de clemencia”. Aunque este capítulo se refiere específicamente a una mujer según Dios, todos podemos aplicar el principio.

El comentario de Benson describe la “ley de la clemencia” así: “Su hablar esta guiado por la sabiduría y la gracia, y no por pasiones desmesuradas. Y a esta práctica se le conoce como una ley en su lengua porque es constante y consuetudinaria, y procede de un principio interno y poderoso de verdadera sabiduría”.

Constante y consuetudinaria —ella es inquebrantable y siempre amable. Su hablar no está sometido a “pasiones desmesuradas” —no permite que las emociones influyan en lo que ella dice.

La sabiduría está estrechamente ligada a la clemencia —la sabiduría según Dios. Cuando nuestras acciones están basadas en las leyes de Dios, que están enmarcadas en el amor por él y amor hacia nuestros hermanos (Mateo 22:37-39), la clemencia fluye naturalmente.

  • Construir vs. destruir. En Efesios 4:29 se nos enseña a no permitir que ninguna palabra corrompida salga de nuestra boca, sino la que sea buena para edificar o construir, y en Proverbios 12:18 dice que la lengua de los sabios es medicina.

La Biblia habla mucho acerca del aliento. Incluso vemos que uno de los apóstoles de la Iglesia del Nuevo Testamento se llamaba Bernabé, que significa hijo de la consolación.

El escritor Gary Smalley dijo: “Las palabras positivas (alentadoras) de las mamás y de los papás son como interruptores de luz. Dígale una palabra positiva en el momento indicado de la vida de un niño y es como encender un cuarto lleno de posibilidades”. El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra animar como:

“Infundir vigor a un ser vivo, infundir ánimo o energía moral a alguien”.

El ánimo es positivo y edificante. El ánimo encuentra lo positivo de una situación y ayuda a la persona a seguir adelante.

El mismo principio se aplica a la vida de nuestros cónyuges, amigos y compañeros de trabajo. Qué diferente es este planteamiento al que describimos de la madre al comienzo de este artículo. Ella en lugar de esto, escogió derribar y destruir.

  • Saber cuándo es el “momento de callarse”. En Eclesiastés 3:7 el sabio Salomón dijo, que hay tiempo de callar y hay tiempo de hablar. Hay muchas circunstancias que se nos vienen a la cabeza en donde guardar silencio es la mejor decisión.

Una es cuando nuestra sola presencia es más reconfortante que nuestras palabras. Este caso es frecuente después de una tragedia. También puede haber momentos en que nuestro silencio puede causar menos daño que nuestras palabras.

Hay otros momentos en donde hay personas con más capacidad para responder, es por esto que la Biblia dice que los jóvenes deben guardar silencio mientras los adultos están hablando. No es que los jóvenes nunca puedan hablar, pero si esperan su turno, pueden ir adquiriendo sabiduría. También se nos dice que “vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre” (Gálatas 6:1). Discernir cuando uno es lo suficientemente sabio como para hablar de una manera que realmente va a ayudar, es un gran filtro que a menudo evita palabras inapropiadas.

Y finalmente, algunas veces simplemente es mejor alejarse de la situación para crear un espacio de silencio y dejar que se calmen los ánimos.

Una última palabra

Las palabras son parte integral de nuestra vida. Ellas conectan a los seres humanos de una manera maravillosa —es por medio de las palabras que podemos compartir ideas, emociones, conocimiento, humor y muchas cosas más. Todos estos beneficios vienen de utilizar las palabras de una manera adecuada. Pero cuando son utilizadas de una forma inadecuada, derriban, dañan y destruyen.

Salomón dijo que la palabra dicha como conviene es como una manzana de oro con figuras de plata. Asegurémonos de que nuestras palabras sean como manzanas de oro.

Lea más acerca del poder de las palabras en los otros artículos de esta sección en “Los beneficios y desafíos de la comunicación”.