Vida, Esperanza y Verdad

La crianza de los niños: los primeros años

Cuando estamos criando niños, los primeros años son una época llena de crecimiento y aprendizaje. También son una época fundamental en cuanto al desarrollo de carácter.

En estos días, podemos conseguir una increíble variedad de libros acerca del tema de la crianza de los niños, en las papelerías, librerías o en línea. Al hojear en los diferentes volúmenes, es claro que los papeles populares de los padres han cambiado (muchas veces) a través de los años.

Sin embargo, a pesar de que las épocas han cambiado, los niños siguen siendo fundamentalmente los mismos. ¿Existen técnicas para criar hijos que sean invariables y basadas en principios bíblicos?

A Dios le importan las familias

Dios, que creó la inmensidad de los cielos y todo lo que hay en la tierra, es también el Creador de la familia. Como el verdadero Padre, El creó a las personas con el potencial de convertirse en Sus hijos e hijas (Efesios 3:15; 2 Corintios 6:18; 1 Juan 3:1). Nuestras familias humanas son importantes para Dios. Ellas nos enseñan acerca de Su propósito para la humanidad y nos ayudan a entender las lecciones espirituales acerca de nuestra relación con Dios.

A Dios le importan nuestros hijos, y esto explica por qué Él nos dio principios claves para utilizar en la crianza de nuestros hijos. A continuación les daremos algunas claves para ayudar en el crecimiento de nuestros hijos durante sus primeros años de vida.

Todo comienza con amor…

Si bien nuestro amor humano se queda corto ante el amor altruista de Dios (Juan 3:16), el amor natural que Dios le ha dado a los padres es fundamental en lo que hacemos al criar a los niños.

Idealmente, debiera haber amor en el origen y comienzo de toda nueva vida. Dios diseñó las relaciones sexuales para que estas fueran una expresión de amor en el matrimonio. Ese amor entre esposo y esposa—ahora padre y madre—debiera estar en el fundamento de toda su labor de crianza, desde el momento en que el niño nace, y durante toda su vida.

Como dice el antiguo refrán, el regalo más grande que un padre puede darle a sus hijos es amar a su madre. Los niños disfrutan enormemente de la comodidad y seguridad cuando sus padres tienen un matrimonio estable y lleno de amor. Los matrimonios sólidos edifican familias sólidas. Por eso, si bien es cierto que el nacimiento de su bebé implicará unos cambios radicales en su forma de vivir, nunca deje de tener en cuenta que es necesario cultivar su relación con su cónyuge.

Exprese amor a su niño

Dios quiere que el amor esté presente en todas nuestras relaciones (Mateo 22:37-40; Juan 13:34-35; 1 Corintios 13). Con raras excepciones, los padres tienen un afecto natural por sus hijos. Pero para que el amor sea verdaderamente efectivo, sus hijos deben sentirse amados. Mucho antes de que puedan desarrollar el vocabulario necesario para entender las palabras “Te quiero”, ellos pueden sentir emocionalmente ese amor. Los padres pueden llenar esa necesidad de amor por medio del contacto físico, el contacto visual y la atención.

Todas estas cosas son importantes para que un pequeño se sienta amado, desde su nacimiento y a lo largo de sus años de crecimiento.

Dé de su tiempo

Jesucristo no estaba demasiado ocupado para los niñitos (Mateo 19:13-14; Marcos 10:14), así ¡que los padres tampoco deben estarlo! En el momento del nacimiento su bebé es totalmente indefenso y depende por completo de usted para todo. Cuando usted responde al lloro de su bebé (por alimento, cambio de pañales o sencillamente por comodidad), su pequeño desarrolla un sentido de seguridad—de esta forma aprende que puede depender de la ayuda. Esto es una parte fundamental en su papel como padre, maestro, figura de autoridad—y todo lo que esto conlleva.

Usted continua proveyendo para las necesidades de su hijo pero llega un momento en que él desarrolla gradualmente la independencia. Primero aprenden a gatear, luego a caminar, a alimentarse por sí mismos, etc. Pero nunca olvide que todavía lo necesita. Su compromiso y atención es esencial. La madre y el padre son las personas más importantes en la vida del niño, y la interacción que tengan con su hijo marcará una gran diferencia en el resultado final. Sí, habrá otras influencias—compañeros, otros adultos, maestros—pero ninguno tendrá tanta influencia como ustedes, padres.

Compartan como familia, y también comparta individualmente con cada uno de sus hijos. Juegue con ellos, hábleles, léales, diviértanse juntos, demuestre interés en lo que ellos están aprendiendo y están haciendo. Esta clase de atención los hará sentirse especiales y amados. Y esta relación cercana, amorosa, hará que el resto de su labor como padre sea más efectiva.

Plantéele rutinas y una estructura

Dios tuvo en cuenta las rutinas regulares familiares como los momentos en que los padres hablaban a sus hijos (Deuteronomio 6:7). Los pequeñitos progresan con las rutinas regulares. Ellos se sienten seguros y a salvo cuando saben qué pueden esperar después. Es bueno que se esfuerce para tener las mismas rutinas en la mañana, en las comidas y en la hora de acostarse. Establezca momentos definidos para dormir, hacer la siesta y levantarse. Además de la seguridad que esto puede dar, un horario establecido para dormir puede asegurarle al niño un descanso adecuado y así evitar los problemas que se derivan del cansancio y el malhumor.

Un factor importante para establecer la estructura de su hijo es fijarle reglas y límites. Además de lo relativo a la seguridad, su hijo se sentirá seguro al saber que puede confiar—en que ustedes, las figuras de autoridad, lo van a cuidar—y están al mando de una manera firme.

Es menester recordar que la meta al criar hijos es ayudar a que esos bebés totalmente dependientes crezcan hasta convertirse en adultos independientes que sean buenos ciudadanos, capaces de tomar buenas decisiones. Las reglas y los límites—si bien comienzan con ustedes como padres, y afirman su control—les ayudan a los niños a desarrollar su auto-control.

A medida que el pequeño madura, ustedes pueden fomentar un desarrollo equilibrado de su independencia, proveyendo opciones aprobadas por ustedes, según la edad del niño, para que aprenda a decidir.

Es necesario fijar límites consistentes

Es necesario advertir que en algún momento la mayoría de los niños van a probar las reglas que ustedes han hecho y los límites que han puesto. Tendrán que ser firmes y no renunciar. Ceder y permitir que sus hijos se salgan con la suya les enseñará que llorar, gemir o persistir, es algo efectivo—¡y puede esperar muchas más cosas! Usted ha fijado las reglas por una razón, y sus hijos necesitan aprender que esa regla es algo que importa.

Sus reglas deben ser apropiadas para la edad y lo suficientemente sensatas para poder modificarlas a medida que el niño crece y madura. Naturalmente, los niños desean saber el “por qué” acerca de casi todo, así que es mejor asegurarse de poder explicar los “por qués” de sus reglas. Por ejemplo, una regla de guardar los juguetes cuando el niño ha terminado de jugar puede explicarse diciendo que se alguien los pisa los puede estropear o que alguien puede hacerse daño si se tropieza con ellos.

Para ser efectivas, las reglas deben ser continuamente establecidas—no sólo en el momento en que a usted le parezca que debe hacerlo. Si bien uno debe ser flexible ante las circunstancias inesperadas (la visita de un pariente, por ejemplo), su hijo debe ser capaz de esperar que las reglas de mañana van a ser las mismas de hoy y que serán impuestas de la misma forma.

Cómo afrontar la desobediencia

Dios nos dice que los padres humanos corrigen a sus hijos—y que Él corrige a sus hijos espirituales (Hebreos 12:5-6). Hay tres formas principales para ayudar a sus hijos a corregir su conducta errada: explicación, recompensa por el buen comportamiento y castigo. Unos padres que cumplen bien con su labor como tal deben utilizar las tres en varios momentos. Si bien los padres tal vez preferirían nunca tener que utilizar el castigo, sin duda éste será una herramienta presente en sus recursos como padres.

Para que el castigo sea efectivo, debe ser algo que el niño encuentre desagradable y nuevamente, debe ser consistente. Además, debe ser inmediato (no de una forma brusca o con ira), administrado de tal forma que el niño establezca la conexión entre lo que hizo mal y el castigo.

Hay muchas clases de castigo—desde la expresión de su disgusto y desagrado con el mal obrar, hasta momentos en que se pierden los privilegios y hasta el castigo físico corporal.

EL castigo no sólo debe ser acorde con la “falta”, y se deben utilizar en lo posible las consecuencias lógicas, relacionadas con ella, sino que además debe ser apto para el niño. Algunos niños aprenden con sólo un regaño pequeño, en tanto que otros niños de temperamento más fuerte requerirán de un castigo más severo. Uno de los beneficios de tener una relación amorosa, cercana, con su hijo es que esto hace que con frecuencia se obtengan cambios positivos con castigos más ligeros.

No pierda de vista la meta

Si bien nunca es agradable tener que castigar a su hijo (Hebreos 12:11), nunca pierda de vista que si éste castigo es efectivo y justo, su hijo responderá mejor a sus instrucciones y en el futuro necesitará menos castigos.

Sin importar la clase de castigo que usted escoja, nunca lo haga con rabia. (Sea especialmente cuidadoso si usted está aplicando castigo a nivel corporal.) Nunca debe llegar ni siquiera a acercarse al abuso físico. Asegúrese de estar siempre en control de sus emociones. Administre el castigo que sea necesario con amor y simpatía. Su hijo debería saber que usted lo siente pero que es necesario porque a usted le importa y quiere que aprenda.

Para que el castigo sea una disciplina (esta palabra significa “enseñanza” y “aprendizaje”), los padres deben acompañarlo con una breve explicación de lo siguiente:

  • Cuál fue específicamente la falta cometida.
  • Cuál fue el problema que creo.
  • Qué se podría haber hecho en lugar de la falta.
  • Cuál es el castigo.
  • Que usted espera que la próxima vez el niño haga mejor las cosas.

Enseñanza

Además de la enseñanza que proviene de la disciplina, Dios espera que los padres instruyan a sus hijos de tal manera que sean educados para obedecer correctamente (Deuteronomio 11:19-21; 30:19).

Los padres comienzan enseñando a sus hijos acerca del amor, confianza y cuidado. Gradualmente se van agregando otras lecciones. Los pequeñitos son como pequeñas esponjas, absorbiendo lo que ven y escuchan a su alrededor.

Cuando los hijos son jóvenes, buena parte de la enseñanza proviene del ejemplo. Los padres lo enseñan mostrando cómo tratar a otros con respeto, amabilidad y consideración.

Finalmente, Dios quiere que las instrucciones de los padres les ayuden a sus hijos a aprender acerca de Dios y su camino. Después de que Dios liberara a los israelitas de la esclavitud en Egipto, Él instruyó a los padres: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6-7). Dios quería que los padres trasmitieran a sus hijos las increíbles cosas que Él había hecho por ellos (vea los versículos 20-25).

Hay muchas más lecciones que los padres pueden enseñar a sus hijos, pero se ha comprobado que los puntos básicos que hemos mencionado son los más importantes.

Como padres, ustedes tienen la maravillosa oportunidad de construir la educación de sus hijos en cuanto a Dios. Ayúdelos a desarrollar una relación personal con Dios. Ayúdeles a ver que Él es un padre amoroso para cada uno de nosotros. Haga de la oración y de la lectura de la Biblia una parte importante de su rutina diaria. Permita que sus hijos sepan que usted busca a Dios y a su palabra como la fuente más importante de ayuda y guía.

El plan de Dios para las familias

Dios quiere que nuestras familias produzcan nuevos hijos potenciales para su familia. En el libro de Malaquías, Dios explica una de las principales razones para los matrimonios—porqué Él quiere que en su pueblo se conserven los matrimonios y no se divorcien. La razón es que “…buscaba una descendencia para Dios” (Malaquías 2:15).

Dios quiere que los padres que puedan, sigan el ejemplo del patriarca del Antiguo Testamento, Abraham. Dios dijo de Abraham: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino del Eterno, haciendo justicia y juicio” (Génesis 18:19).

Pídale a Dios que le ayude en sus esfuerzos para criar a sus hijos de tal forma que puedan decir lo mismo de usted.

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