Diligencia: ¿por qué la valora tanto Dios?

La Biblia tiene mucho que decir de la diligencia. ¿Qué es? ¿Con qué debemos ser diligentes? Y, ¿cuál es la promesa de Dios para aquellos que son diligentes?

¿Ha escuchado la exhortación: “¡tienes que ser diligente!”, aplicada a usted o a alguien más? Con frecuencia los padres, maestros, compañeros de trabajo, jefes, acostumbran a animar o instruir a otros con estas palabras. Pero, ¿qué es la diligencia y cómo se convierte usted en alguien diligente?

Según el Diccionario Práctico de la Lengua Española de Espasa, diligencia es “cuidado en la ejecución de una cosa. Prontitud, agilidad, prisa”. Una persona diligente es descrita como alguien “cuidadosa, rápida, activa”.

Lo que se requiere para ser diligente

Hay muchos elementos involucrados en la definición de diligencia, aunque para algunas personas, sólo significa sencillamente trabajo duro. Sin duda, el trabajo duro es parte de ello, pero hay mucho más que debemos entender.

Lo que está subyacente es responsabilidad y confiabilidad. Las personas necesitan saber que pueden confiar en nosotros, que haremos lo mejor que podamos, cuando se nos confía una responsabilidad. Un hombre o una mujer diligentes harán todo el esfuerzo necesario para terminar lo que han empezado, lo cual requiere autodisciplina.

Las personas con disciplina tienen una meta, una visión de lo que quieren alcanzar con sus esfuerzos. Mantener esta visión en mente les ayuda a mantenerse enfocados en la tarea, aunque esta sea laboriosa y tediosa. Sucede algo extraño: hay personas sin visión u objetivo en la vida que pueden trabajar con diligencia para hacerse inevitablemente infelices.

La diligencia en la Biblia

Salomón dice en Eclesiastés 9:10: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”.

Jesús dijo: “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (Mateo 24:46). Por lo tanto Jesús espera responsabilidad y esmero de parte nuestra.

El enfatiza esto en Lucas 16:12: “Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?” Y en el versículo 10, Jesús dice: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”.

En otras palabras, ¿si no tomamos en serio las pequeñas responsabilidades, cómo nos podrán dar unas más grandes?

Dios valora inmensamente la diligencia. Leemos en Proverbios 12:27: “…haber precioso del hombre es la diligencia”. Y Proverbios 21:5 lo amplifica: “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia”.

De hecho, ¡Dios exige diligencia! “Guardad cuidadosamente los mandamientos del Eterno vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado” (Deuteronomio 6:17). Leemos en Deuteronomio 28:1: “…si oyeres atentamente la voz del Eterno tu Dios… también el Eterno tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra”.

Hebreos 11:6 muestra que Dios toma muy en serio la diligencia: “Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que lo buscan”. Tenemos que luchar por las metas que Él ha puesto delante de nosotros. Debemos “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33), valorando estas cosas por encima de todo lo demás.

El ejemplo de José

Como hombre joven, José parecía tener todas las cualidades de la diligencia y nos ofrece un ejemplo fascinante para aprender de él. Había sido vendido como esclavo por sus hermanos que estaban celosos de él (Génesis 37:28), y fue llevado a Egipto. Luego fue vendido como esclavo a un oficial llamado Potifar (Génesis 39:1). Pero aun siendo esclavo, vemos que José trabajaba con diligencia.

No sabemos mucho acerca de sus circunstancias iniciales, pero vemos claramente que todo lo que Potifar le daba para que hiciera, José lo hacía cuidadosa y conscientemente. En un momento Potifar le dio aún más responsabilidades, hasta el punto en que José tenía la responsabilidad de manejar todos los asuntos de la casa (v. 6). ¡Su diligencia y las bendiciones de Dios cambiaron dramáticamente sus circunstancias!

¿Por qué debemos ser diligentes?

¿Cuán en serio tomamos las labores de nuestra vida, incluyendo la obediencia a Dios? ¿Cuán diligentes somos? Las personas diligentes invierten un gran esfuerzo para lograr sus metas. Esta es la actitud que Dios espera que tengamos en todas las cosas.

Este es la actitud que debemos mostrar en nuestro lugar de trabajo, como José lo hizo. Demasiadas personas quieren esforzarse lo mínimo, para recibir lo máximo. Pero debemos recordar lo que Jesús dijo: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6:31). Demostrar a sus patrones el mismo esfuerzo que usted quisiera ver en ellos si ellos fueran sus empleados.

Finalmente, vemos que la diligencia persistente al final nos lleva a la recompensa definitiva. Como Jesús promete en Apocalipsis 2:10: “Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. Debemos esforzarnos ahora para ser diligentes en todo lo que hacemos. La persona diligente se dará cuenta que su hogar y su vida familiar progresan y los trabajadores diligentes con frecuencia son recompensados en sus trabajos. Lea más acerca de esto en nuestro artículo “Trabajo duro”.

¿Qué espera Dios de nosotros?

Dios espera que nosotros seamos aún más diligentes espiritualmente que en las responsabilidades físicas.

La vieja creencia de que Dios lo aceptará a usted “como usted es”, sencillamente no es cierta. Dios no va a aceptar a cualquiera en su familia —sólo a aquellos que respondan a su llamamiento y escojan seguirlo diligentemente a Él.

Primero, debemos creer en nuestro Señor Jesucristo y aceptarlo a Él como nuestro Salvador. Esto significa que debemos arrepentirnos sinceramente de todo pecado y buscar la ayuda de Dios con todas nuestras fuerzas para que nuestra vida cambie —¡y esto sencillamente no es algo fácil!

Debemos diligentemente ceder nuestra vida a Él para que Él la utilice como le parezca. La conversión involucra un acuerdo entre cada persona y Dios. Ezequiel 36:27-28 explica: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra… y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios”.

La relación personal de una persona diligente con Dios va a crecer y a fortalecerse por el esfuerzo que esta persona pone en aprender y obedecer al Dios Creador.

Finalmente, vemos que la diligencia persistente al final conduce a la recompensa definitiva. Como Jesús lo promete en Apocalipsis 2:10: “Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”.

Si desea aprender más acerca de lo que Dios espera de nosotros, puede descargar nuestro folleto gratuito: ¡Cambie su Vida! En él se describe un proceso que requiere gran diligencia, pero con recompensas asombrosas.