El don del sexo

La palabra sexo es terriblemente mal utilizada y mal comprendida. ¿Es el sexo un don maravilloso o algo obsceno?

Dios nunca pretendió que el sexo fuera tomado o manipulado como lo vemos en la actualidad. Claramente, El diseñó el sexo para los matrimonios.

Más que un acto físico

Podríamos entender mejor si usamos la palabra intimidad. La relación matrimonial íntima incluye maravillosos aspectos de cercanía, familiaridad, compromiso y compenetración. Sin intimidad, la unión física no es sino lo que vemos representado en la televisión, cines y espeluznante ficción erótica.

Lo que supuestamente debía ser un vínculo que mantiene los matrimonios juntos se ha convertido en algo que destruye los matrimonios.

¿Entiende cómo debe ser usado adecuadamente el don del sexo? Examinemos este antiguo desafío.

Un ejemplo de auto-disciplina

El patriarca Job sin duda conocía los mandamientos de Dios en cuanto al matrimonio y a la santidad de la relación entre el esposo y la esposa. ¡Dios pretendía que el amor entre el esposo y la esposa fuera algo inviolable!

Sin embargo, Job era un hombre y Dios diseñó al hombre para que fuera visualmente atraído por el atractivo de la mujer. Para mantener la pureza en su propio matrimonio y el amor por su esposa, se aseguró de no permitir que ese impulso masculino dentro de él, lo hiciera sentirse atraído por otra mujer, ¿qué debía hacer entonces?

Hice pacto, con mis ojos; cómo, pues, ¿había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1).

¿No mirar a una mujer? Esto significa no permitirse mirar con lujuria su belleza o permitirse empezar a fantasear con ella. Para prevenir esto, Job se hizo una solemne promesa. Él se comprometió a no permitir que sus ojos se detuvieran o se quedaran mirando fijamente a otra mujer de tal forma que existiera el riesgo de que su mente y corazón se vieran atrapados y lo llevaran a pecar.

El poder de los ojos

Job entendió hace tiempo la poderosa tentación en que se pueden convertir las imágenes visuales. Él entendió cómo su corazón podía acariciar deseos impuros y cómo aun el solo pensar en pecar puede ser un pecado.

Él sabía que la fornicación y el adulterio son pecado (Éxodo 20:14). Aunque él era un buen hombre, él no estaba por encima de toda tentación a pecar. Él tenía que tomar toda precaución para guardarse del pecado, y trabajaba para evitar aún la apariencia de algo inapropiado.

Job entendía que él podía ser vulnerable sino ejercía disciplina mental. No necesariamente seria la falta de la otra mujer, sino la falta de auto-control de él mismo. “Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo” (Job 31.9). Él sabía que el tenía que tener control —de su mente.

Las Escrituras revelan que Job era un esposo comprometido y fiel. Esta diligencia fue reafirmada más tarde por Jesucristo cuando dijo: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adultera con ella en su corazón”.

Una relación matrimonial comprometida requiere intimidad

El matrimonio fue diseñado para ser más que una unión sin emoción por una parte o un exceso de lujuria por la otra.

El matrimonio ha sido diseñado para que se requiera y necesite la intimidad —pero lo que esto significa para un hombre y una mujer puede ser algo distinto. Ambos, el hombre y la mujer, necesitan intimidad, pero muy frecuentemente no entienden cómo satisfacerla o cómo ofrecérsela al otro.

Cuando una mujer piensa en intimidad, ella generalmente busca intimidad emocional

La intimidad emocional para ella, depende primariamente de la confianza y frecuentemente involucra hablar acerca de los sentimientos y emociones, para un mejor entendimiento y un respaldo mutuo. Una mujer necesita generalmente saber que existe un vínculo emocional con su esposo antes de tener cualquier actividad sexual física.

Sentirse emocionalmente unida a su cónyuge lleva la intimidad física a un nivel que el simple sexo no puede ofrecer.

Para un hombre, la intimidad generalmente significa intimidad física

Los hombres tienen otra dirección, y la intimidad física es la forma en la que un hombre se siente cerca de su esposa. Esto no significa que no tenga también necesidades emocionales; para que una relación perdure, esto es necesario. Sin embargo, la mayoría de los hombres necesitan tener intimidad física para sentirse amados.

Es importante anotar que el sexo sólo no es suficiente. La conexión emocional debe existir para él, para que cualquier expresión física tenga sentido.

Intimidad y seguridad

Como hemos visto, tanto el hombre como la mujer están diseñados por Dios para que necesiten intimidad en su matrimonio. Pero, por supuesto, la intimidad no siempre significa sexo. Una mujer puede desear besos, abrazos o algún pequeño detalle que le demuestre que es especial para su esposo. Aunque ellos tal vez no lo admitan muy abiertamente, la mayoría de los hombres también aprecian estas cosas.

Sugerencias para los hombres

Hombres, tomen tiempo para hablar con sus esposas. Tomen sus manos, denles un abrazo y no olviden el tierno beso. Este aspecto físico de su matrimonio es una prioridad.

Si su esposa parece no responder, tal vez se deba a que últimamente usted no se ha tomado el tiempo necesario para hacer estas cosas. Preocúpese genuinamente por sus sentimientos y cómo ha estado su día. Ponga sus brazos alrededor de ella y demuéstrele y dígale diariamente que la ama. Esto es lo que ella desea, y debe ocurrir antes de cualquier relación física significativa.

Sugerencias para las mujeres

Mujeres, entiendan que su esposo necesita tener contacto físico sexual en el matrimonio. Su impulso en esta área tal vez no sea el mismo que el de ustedes, pero esto no lo hace menos real o menos necesario.

Trate de entender

Los esposos y las esposas deben llegar a entender las pasiones y emociones que los impulsan y dirigen a ambos. La falla en entenderse mutuamente hace que se hieran los sentimientos, se abra una brecha, y aun hasta que se empiece a levantar un muro emocional. La falta de entendimiento destruye la intimidad matrimonial y desestabiliza el matrimonio.

La intimidad es una de las cosas más importantes en un matrimonio amoroso. Entender cómo llenar las necesidades de su cónyuge es el primer paso para desarrollar una relación sólida, duradera, en donde ambos se sientan felices.

Las sugerencias de Pablo para el matrimonio

El apóstol Pablo enseñó que los esposos y esposas deben servirse el uno al otro. Mostró que el don del sexo en un matrimonio puro, difiere de la cultura sexual cruda y explicita de la actualidad.

Su significado es claro: en lugar de utilizar una palabra que pueda ser inapropiada u ofensiva, él utiliza otra. La palabra griega que el utiliza es traducida como “afecto”. Denota amabilidad, buena voluntad y afecto en la mente. Al usar la palabra a causa, él nos recuerda la santidad del voto matrimonial y el hecho de que en que en cada aspecto el esposo y la esposa se pertenecen mutuamente.

“El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido” (1 Corintios 7:3).

No os neguéis el uno al otro

Dos versículos después, Pablo escribió: “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo, de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1 Corintios 7:5).

Ésta es una enseñanza clara. Significa que el esposo y la esposa no deben retraerse de demostrar su afecto físicamente.

“A no ser por algún tiempo, de mutuo consentimiento” significa que hay un entendimiento mutuo y específicamente para las devociones espirituales de la oración y el ayuno.

“Y volved a juntaros en uno” —el apóstol no permite que los esposos y esposas tengan una separación física perpetua en su matrimonio. Él entendió que esto los expondría a una posible inmoralidad, que la unión matrimonial ha sido diseñada para evitar.

Él agrega advertencias posteriores acerca de la influencia invisible, perversa de Satanás el diablo. Un hombre y una mujer según Dios no pueden permitirse tener pensamientos impuros o pasiones descontroladas que corrompan su vida por una falta de dominio propio. Las estadísticas modernas de divorcio confirman su sabiduría.

Satanás conoce los corazones del hombre y la mujer. También sabe que al permitir que se mantengan las disputas sin resolver y se abran las heridas, un esposo y una esposa pueden ser tentados a la fornicación, adulterio o inmoralidad. La abstinencia de las relaciones maritales debería ser de mutuo consentimiento y sólo por corto tiempo.

El respeto a “imagen de Dios”

Tanto el esposo como la esposa fueron creados a “imagen” de Dios (Génesis 1.26-27; Génesis 2:24) y son miembros potenciales del Reino de Dios. Esto es una cosa asombrosa que debemos considerar. Al entender esto, ¿cómo podríamos usted y yo irrespetar o fallar en amar a nuestros cónyuges? ¿Cómo atreverse a tener pensamientos de un acto de infidelidad a esta persona?

Un matrimonio amoroso, fiel, combinado con nuestro entendimiento del propósito de Dios en nuestra vida, debería motivarnos a buscar siempre y desarrollar una intimidad amorosa, disfrutando del don del sexo con su cónyuge.

Mire a su esposa como la delicia de su juventud

Todos envejecemos. Los esposos lo hacen. Las esposas también. Y tal vez haya hombres jóvenes atractivos, y mujeres jóvenes atractivas que le demuestren interés. Pero recuerde, en un matrimonio comprometido ambos envejecen juntos.

Es importante recordar a su cónyuge como el esposo o la esposa de su juventud. Ya han compartido muchas cosas juntos —tal vez han estado décadas juntos que usted no puede compartir jamás con alguien más. Trabaje siempre para hacer lo necesario para que su vínculo se fortalezca y su relación sea más feliz de lo que pudo haber sido aun en su juventud.

El sabio rey Salomón escribió acerca de la necesidad de cuidar el don del sexo que nos ha dado Dios: “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud” (Proverbios 5:18).