Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Marzo/Abril 2018 de la revista Discernir

Aclaremos la confusión con “la Última Cena” de Cristo ¿Deberían los cristianos celebrarla?

La última cena de Jesucristo ha causado mucha controversia en el mundo cristiano. Busquemos en el Nuevo Testamento para separar los hechos de la ficción.

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Indudablemente, la cena más conocida de la historia es la que Jesús tuvo con sus discípulos antes de su arresto y crucifixión, llamada comúnmente “la Última Cena”. Las fuentes primarias de información de este evento las encontramos en los relatos de los cuatro Evangelios (Mateo 26; Marcos 14; Lucas 22; Juan 13) y en la primera carta de Pablo a los corintios.

Ha sido el tema de muchos cuadros y representaciones artísticas, pero también es la fuente de una gran controversia en el mundo cristiano.

A pesar de las divisiones, la mayoría está de acuerdo en este hecho básico: no era una cena común. Jesús dijo claramente que estaba estableciendo una nueva ceremonia que sus seguidores practicarían para recordar su muerte.

“Y habiendo tomado la copa [Jesús], dio gracias y dijo: tomad esto, y repartidlo entre vosotros…  Y tomó el pan y dio gracias y lo partió y les dio diciendo: esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi” (Lucas 22:17-19, énfasis añadido).

¿Estaba Jesús estableciendo una observancia completamente nueva o estaba construyendo a partir de algo que ya existía? ¿Cómo podrían los cristianos de hoy cumplir la orden de Jesús de “haced esto en memoria de mí”?

¿La Cena del Señor, Comunión o Eucaristía?

Como ya lo dijimos, casi todos están de acuerdo en que Jesús estableció una ceremonia para ser observada a partir de ese momento en adelante. Pero las denominaciones cristianas varían ampliamente en la forma en que llaman esta ceremonia y la forma en que la llevan a cabo.

En el mundo protestante, se llama comúnmente la Cena del Señor, aunque algunas denominaciones la llaman la Fiesta del Ágape (o Fiesta del Amor). La Cena del Señor se deriva de una sola frase escrita por el apóstol Pablo en 1 Corintios 11:20: “Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor”.

Pablo estaba corrigiendo a los corintios por comer y beber de una forma egoísta y llegar hasta emborracharse, convirtiéndola con su irreverencia en una cena ordinaria (vv. 21-22). Pablo después explica que la ceremonia no era una cena común, sino una observancia solemne enfocada en ser un memorial de la muerte de Cristo (vv. 23-29). Pablo no estaba usando la cena del Señor como un título, sino que estaba resaltando que lo que estaban haciendo no era lo que Dios quería.

En el catolicismo, y en la iglesia ortodoxa, la observancia regular es llamada la Santa Comunión, en tanto que el sacramento en sí (ceremonia) es llamada la Eucaristía. Estos títulos proceden de dos palabras conectadas con el relato bíblico. La Comunión procede de lo que dijo Pablo en 1 Corintios 10:16, en donde él describe el vino y el pan como “la comunión [koinonia] de la sangre de Cristo… y la comunión del cuerpo de Cristo”. Pero Pablo no estaba usando la palabra griega koinonia como el título de la ceremonia. Él estaba describiendo cómo los cristianos compartían los símbolos como un solo cuerpo con Cristo y entre ellos, según el ejemplo de Jesús de compartir el pan y el vino con sus discípulos (Lucas 22:17, 19). Esta palabra es usualmente traducida como tener compañerismo, comunicarse y compartir, en todo el Nuevo Testamento.

El término Eucaristía es derivado de la palabra griega eucharistia, que significa gratitud, relacionada con la palabra usada por Jesús cuando dio “gracias al Padre por el pan y el vino (vv. 17, 19). Sin embargo, Jesús no estaba estableciendo un título, sino que en realidad estaba dando gracias y pidiéndole a Dios la bendición.

O sea que, si a usted le hicieran un cuestionario acerca del nombre bíblico de la ceremonia con estas opciones, la respuesta correcta sería: ninguna de los anteriores.

La última cena era la Pascua

Ya que no vemos ninguna evidencia en el Nuevo Testamento de que Jesús o alguno de los apóstoles establecieran formalmente un nuevo nombre único para la ceremonia, sólo nos queda una opción en cuanto al nombre apropiado —el nombre que Jesús mismo utilizó: “Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos” (Mateo 26:18). Los Evangelios aclaran que los nuevos símbolos del pan y el vino fueron establecidos en la Pascua (Mateo 26:19; Marcos 14:12, 14, 16; Lucas 22:8, 11, 13,15).

La Pascua es una de las fiestas anuales de Dios que debe ser observada en un momento específico del calendario (Levítico 23:4-5). Pero esa Pascua marcó una importante transición en cuanto a su observancia. Ese atardecer Jesús instituyó un nuevo simbolismo con el pan y el vino. A partir de entonces, en vez de sólo mirar al pasado para conmemorar la liberación de Israel por medio de la sangre del cordero en sus dinteles en Egipto (Éxodo 12:7, 11-14), la Pascua se convertiría en el memorial de la muerte expiatoria de Cristo como el Cordero de Dios que nos libra del pecado y la muerte (Juan 1:29; 1 Pedro 1:18-19).

Los cristianos entonces ya no estarían enfocados en una comida completa (como lo hacían antes) sino que lo estarían en una ceremonia enfocada en el pan y el vino. Años más tarde, el apóstol Pablo reafirmó la conexión entre Cristo y la Pascua: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7).

Entender la conexión entre la Pascua y los símbolos del Nuevo Pacto, el pan y el vino, nos ayuda a determinar cuándo debemos celebrar esta ordenanza. Algunas iglesias la guardan diariamente, otras semanalmente y algunas mensual o trimestralmente. Pero la Pascua fue, y continúa siendo un memorial anual que ocurre en “la noche que fue entregado” (1 Corintios 11:23) —el día 14 del primer mes del calendario hebreo (Éxodo 12:2, 6).

Hay mucho que aprender acerca del significado y la importancia de la Pascua cristiana. Lo animamos a estudiar el relato de los Evangelios a nivel personal y lo invitamos a estudiar nuestro folleto gratuito: Las fiestas santas de Dios: Él tiene un plan para usted.

 

Recuadro: ¿Qué clase de pan es el que debería representar el cuerpo de Cristo?

Otro punto de división entre las iglesias es qué clase de pan debemos comer en la ceremonia que conmemora la muerte de Cristo.

Algunas iglesias utilizan pan leudado corriente, otros utilizan galletas especiales y otros utilizan pan sin levadura. ¿Cuál es el correcto?

Leer sólo los relatos de los Evangelios no nos provee suficiente información. Los escritores de los Evangelios utilizaron la palabra griega artos para “pan” al describir la última Pascua de Jesús. Pero, en general, artos es una palabra que puede describir cualquier clase de pan —leudado o sin leudar. Tenemos que ahondar un poco más.

Si volvemos a la orden original de la Pascua, en Éxodo 12, ésta nos muestra que Dios instruyó a los israelitas que comieran el cordero de la pascua con “panes sin levadura” (v. 8, también v. 18). Esto les fue reafirmado a los israelitas más tarde: “con panes sin levadura y hierbas amargas la comerán” (Números 9:11).

Ya que la Pascua final fue preparada por los discípulos, y todos eran judíos, es lógico pensar que tuvieron que preparar la cena de Pascua de acuerdo con las instrucciones que les habían dado en el Antiguo Testamento. Esto significa que el pan que había en la mesa, que Jesús bendijo y partió, era sin levadura. Ya que Jesús guardó fielmente la ley, Él no habría usado de otra clase.

Pero ahondando un poco más, el uso de pan sin levadura en esta ceremonia nos enseña en verdad una lección espiritual acerca de Jesucristo. En la Biblia, el pan leudado representa el pecado (Mateo 16:5-12; 1 Corintios 5:6). Así como la levadura se expande en la masa, el pecado se expande a toda la vida y finalmente la destruye. Ya que Jesús no tenía pecado (2 Corintios 5:21; 1 Juan 3:5), su cuerpo quebrantado está adecuadamente representado por el pan sin levadura en la ceremonia de la Pascua.

Más de 25 años después, el apóstol Pablo le escribió a los corintios y les hizo énfasis en la importante conexión que existía entre Cristo, la Pascua y el pan sin levadura:

“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8).

Si desea profundizar en el tema, puede leer el artículo: “¿Qué es la levadura y qué es lo que representa?”.

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