La trampa de las ocupaciones

¿Está usted agotado por un sinfín de actividades y presiones que nunca terminan? ¿Por qué todos están tan ocupados en la actualidad y qué podemos hacer para reorientar nuestra vida?

“Estoy demasiado ocupado”.

“Tengo demasiado que hacer en estos momentos”. “El día no tiene suficientes horas”. Todos hemos escuchado esta clase de comentarios. Todos los hemos hecho también. Parece que las ocupaciones se han vuelto un problema endémico en nuestro vertiginoso mundo occidental.

Tenemos carreras con escalones para escalar, negocios que mantener a flote, niños que criar, clases a las que debemos asistir, citas que cumplir, correos electrónicos para responder, reuniones a las que asistir, diligencias para hacer, trabajo pendiente en la casa, y así sucesivamente. Estamos atrapados. Estamos presionados por el tiempo. Corremos frenéticamente de una actividad a otra. Hay tantas cosas que necesitan y captan nuestra atención, que ni siquiera nos detenemos a pensar acerca de lo que nuestros sobrecargados estilos de vida nos están haciendo.

Estar ocupado simplemente significa tener muchas cosas que hacer. Al definirlo así, las ocupaciones no son un fenómeno totalmente nuevo. Siempre han existido personas que tienen mucho trabajo que hacer.

Pero en la actualidad, como sociedad, hemos llevado la ocupación a un nivel totalmente nuevo. No sólo somos industriosos; estamos locamente ocupados. No sólo son ciertos sectores de la sociedad los que están trabajando más; casi todos lo están. No sólo estamos inmersos en largos días de trabajo, sino que constantemente tenemos múltiples tareas que se oponen entre sí y requieren nuestro tiempo. Nuestro horario es caótico. Las ocupaciones nos arrastran hacia diferentes direcciones y no podemos hacer nada excepto sentirnos acosados, frenéticos, agobiados y estresados.

Cómo llegamos a estar tan ocupados

Al considerar nuestras conveniencias modernas, es irónico que llevemos vidas tan frenéticas. Pero, gracias a la tecnología podemos hacer nuestro trabajo más rápido y más eficientemente, pero al mismo tiempo tenemos mayores exigencias.

David Levy, Ph.D., profesor en la Escuela de Información en la Universidad de Washington, afirma: “Hoy en día se espera que logremos más cosas con nuestro tiempo. En un intento por hacer más trabajo, nosotros, con múltiples tareas, siempre estamos tratando de hacer dos o tres cosas al mismo tiempo. Tal vez comamos un almuerzo rápido y hagamos llamadas de negocios mientras conducimos o revisamos nuestro correo electrónico. Ya es muy raro que nos enfoquemos en una sola cosa a la vez”.

Algo muy negativo de estas tareas múltiples, añade, es que son mucho más agotadoras que una sola tarea a nivel intelectual.

Hay otros factores que también influyen. Los teléfonos celulares permiten a los empleados ser contactados en cualquier parte, en cualquier momento. Gabe Ignatow, Ph.D., sociólogo en la Universidad del Norte de Texas, que estudia el cambio social, afirma: “ya no podemos escaparnos del trabajo. Aun cuando estamos descansando los fines de semana, con frecuencia somos bombardeados con correos electrónicos, mensajes de texto y llamadas de la oficina”.

Otras atracciones digitales —llamadas redes sociales— pueden hacernos sentir aún más inundados. “Muchas personas sienten que tienen que mantenerse al día con el flujo interminable de Facebook, Twitter y otros posts de redes sociales, y esto consume más de nuestro tiempo”, dice el Dr. Ignatow.

 En términos laborales, existe la tendencia, especialmente entre los gerentes y profesionales, de quedarse hasta tarde en la oficina y seguir trabajando los fines de semana para alcanzar a hacer más.

Susan Mackey, Ph.D., sicóloga en el Instituto de la Familia en la Universidad Noroccidental, afirma que “Ahora tenemos la presión de que si no trabajamos de 50 a 60 horas a la semana, seremos despedidos si nuestra compañía reduce al personal”.

Con frecuencia, en los hogares con niños, ambos padres trabajan fuera del hogar. Según el Departamento de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, más del 70 por ciento de madres con hijos menores de 18 años están en la fuerza laboral, ya sea trabajando o buscando empleo. En contraste, en 1960 sólo 20 por ciento de las madres trabajaban fuera del hogar.

Cuando la madre está empleada, ambos padres están más ocupados. “Las familias están realmente sobrecargadas de trabajo en la actualidad. La contribución de la mujer en el hogar se ha convertido en una contribución de dinero, pero con el agravante de que el trabajo del hogar todavía necesita hacerse”, afirma Linda Waite, Ph.D., socióloga de la Universidad de Chicago. Actualmente, las madres y los padres tienen que dividirse la labor que la mamá antes hacía en el hogar y además tienen que desempeñar sus trabajos remunerados, agrega ella.

 Cuando las labores del hogar y el cuidado de los niños se agregan al tiempo que pasamos en los trabajos y comunidades, la Dra. Waite estima que muchos padres y madres americanos trabajan más de 70 horas semanales cada uno.

Para empeorar el problema, los horarios de los niños también se han vuelto más ocupados. El Dr. Mackey dice: “La mayoría de los padres de clase media hacen que sus hijos participen en toda clase de actividades extracurriculares. Por las noches y en los fines de semana, los padres con frecuencia están ocupados llevando y trayendo a sus hijos de juegos y prácticas. Pero también necesitan estar haciendo diligencias, labores en la casa y otras responsabilidades”.

No debe sorprendernos que tengamos tan poco tiempo libre para relajarnos y disfrutar cada uno de la compañía del otro.

Los perjudicados

Obviamente es necesario trabajar para pagar nuestras cuentas. Mantenernos razonablemente ocupados puede hacernos sentir satisfechos y sanos. El problema surge cuando estamos sobrecargados de trabajo. Si tenemos que dar demasiado, y no descansamos lo suficiente, nuestros cuerpos no pueden tomar un respiro y recargarse. Nos sentimos estresados, tensos e irritables, hasta que quedamos exhaustos. Estar bajo constante estrés puede incrementar el riesgo de numerosos problemas de salud, tales como dolores de cabeza, depresión, trastornos del sueño, enfermedades cardíacas y problemas digestivos.

Otra cosa que sufre son nuestras relaciones interpersonales. Con un horario tan sobrecargado, usualmente tenemos poca energía y tiempo para nuestras familias. Los estudios muestran que en las parejas donde ambos cónyuges trabajan, tienen menos tiempo para estar juntos que las parejas en las que sólo un cónyuge tiene un trabajo de tiempo completo. Frecuentemente, los únicos momentos en que los miembros de la familia están juntos es cuando están corriendo para ir a algún partido de futbol o compromiso, o cuando están en casa viendo la televisión en silencio —y nada de esto sirve para desarrollar lazos familiares.

Las amistades también pueden ser más difíciles de desarrollar o mantener. Tal vez haya tiempo para un par de conversaciones casuales después de ir a la Iglesia o mandar mensajes de Facebook tarde en la noche, pero no lo hay para conversaciones profundas de corazón a corazón, de esas que demandan un tiempo sin interrupciones. Sin embargo, esta es la clase de interacciones que permite a las personas establecer lazos reales (especialmente a las mujeres).

La posibilidad más aterradora es que descuidemos nuestra relación con Dios. Para estar cerca de Él se necesita lo mismo que es necesario en nuestras relaciones con otras personas: tiempo de calidad y atención. Esto se logra por medio de la oración, estudio bíblico, ayuno y meditación.

Cuando estamos súper ocupados, tal vez nos sentimos tentados a dejar estas cosas de lado. Pero si no estamos haciendo estas cosas tan esenciales, no creceremos espiritualmente, dice Andy Burnett, un ministro de la Iglesia de Dios, una Asociación Mundial. “Cuando tenemos demasiadas cosas que hacer, con frecuencia acortamos nuestras horas de sueño. Entonces, cuando tenemos tiempo para orar, estudiar la Biblia y meditar, tendemos a quedarnos dormidos mientras lo hacemos”.

Cómo encontrar el equilibrio

Tener un horario ocupado puede parecer una bendición en el siglo XXI. Pero debemos y podemos ir un poco más despacio.

 Comience haciendo una evaluación honesta de la forma en que utiliza el tiempo. El Sr. Burnett sugiere que las parejas se sienten juntas y evalúen sus horarios. Pregúntense: ¿realmente necesito trabajar tanto para sobrevivir? ¿Podemos rebajar algunas horas de trabajo para no estar tan ocupados? ¿Estamos priorizando lo que es más importante? ¿Hay áreas de nuestra vida en las que estamos invirtiendo demasiado tiempo cuando en realidad son prioridades menores?

Mateo 6:33 define claramente cuál debe ser nuestra prioridad: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Cuando ponemos a Dios primero y pasamos tiempo con Él diariamente en oración y estudio de la Biblia, entonces las demás cosas en nuestra vida ocuparán el lugar que les corresponde. Estaremos más enfocados en lo que realmente es lo más importante.

Después de nuestra relación con Dios, las prioridades que siguen en la lista son nuestros matrimonios y nuestras familias —incluyendo nuestra familia de la Iglesia.

El Sr. Burnett dice: “Nos damos tiempo para lo que más nos importa. Si realmente valoramos el contacto con Dios por medio de la oración, estudio, meditación y ayuno ocasional, entonces nos daremos el tiempo de hacer estas cosas en nuestra vida. Si realmente valoramos el contacto con la familia y nuestros hermanos creyentes, la forma en que invertimos nuestro tiempo se los demostrará”.

Si bien muchos en la sociedad valoran los negocios, la productividad y el escalar por los peldaños laborales por encima de todo lo demás, los cristianos no pueden poner estas cosas por encima de sus relaciones interpersonales. Tomar tiempo para una conversación profunda, de corazón, con un miembro de nuestra familia, visitar a una viuda solitaria o salir a almorzar con un amigo que necesita ánimo, todo esto tiene un valor eterno. Dios no quiere que estemos tan ocupados que no tengamos tiempo para compartir con otros.

Dios nos provee tiempo para descansar. En la actualidad, la inactividad puede parecernos improductiva. Pero descansar no necesariamente es un tiempo improductivo. Cuando entendemos las implicaciones del mandamiento del sábado, vemos que Dios realmente nos bendice con todo un día especialmente diseñado para mantener nuestra vida en equilibrio, al mantener nuestro enfoque en las prioridades más importantes.

Y aun durante la semana no está mal apartar un tiempo en el que no tenemos nada planeado para relajarnos, descansar o meditar. Funcionamos mucho mejor cuando tenemos un espacio apartado para nosotros dentro de nuestros horarios.

Jesús mismo nos enseñó un modelo para descansar. Durante su ministerio en la Tierra, Él ocasionalmente se escapaba de las ocupaciones de las multitudes para renovar su fortaleza. Él animó a los discípulos para que hicieran lo mismo, invitándolos a “descansad un poco” después de regresar de un largo viaje (Marcos 6:31).

También es importante recortar las actividades que son innecesarias o son una pérdida de tiempo. No tenemos que decir “sí” a toda invitación u oportunidad que surge en el camino —aun cuando sean constructivas.

La televisión, los juegos de video y las redes sociales son culpables obvios. El Sr. Burnett sugiere que las familias deben tomar un receso diario de la tecnología. Dice: “nuestros dispositivos electrónicos sirven como distractores constantes y nos impiden involucrarnos en conversaciones que están directamente enfrente de nosotros, conversaciones con Dios en oración y estudio, y meditación prolongada”.

Debemos saber dónde trazar la línea y estar dispuestos a decir: “suficiente es suficiente”. Esto significa ir en contra de la corriente del estilo de vida supersónico de este siglo XXI. Es la única forma de derrotar la trampa de las ocupaciones, y esto es lo que debemos hacer si de verdad queremos poner a Dios primero en nuestra vida.