Vida, Esperanza y Verdad

¿Qué sucedió con el ladrón en la cruz?

¿Fue salvo el ladrón de la cruz y se fue al cielo inmediatamente cuando murió? ¿Qué le dijo Cristo y qué quiso decir en realidad?

Muchas personas suponen erróneamente que el ladrón que fue crucificado al lado de Jesucristo fue “salvo” y se fue inmediatamente al cielo cuando murió porque Cristo le dijo en Lucas 23:43: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

El contexto

Uno de los factores más importantes para estudiar la Biblia es leer el versículo en su contexto y luego ponerlo en contexto con el resto de la Biblia. Por lo tanto, el significado de este versículo debe estar en consonancia con Juan 3:13, donde leemos que nadie (a excepción de Cristo) ha subido al cielo. También leemos que “la Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35). Cuando encontremos una aparente contradicción en la Escritura, debemos estudiar con más profundidad para asegurarnos de entender correctamente los pasajes complejos.

En este caso, lo primero que debemos hacer es analizar el contexto de las palabras de Cristo. En el versículo anterior, el ladrón le había rogado: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42). Por lo tanto, al decir “el paraíso” Jesús en realidad se refería al Reino de Dios.

Si tenemos en cuenta el resto de Biblia, vemos que el Reino se refiere al gobierno de Dios en la tierra, con Cristo como su Rey. ¿Quiénes entrarán en ese Reino? Las “ovejas” de su rebaño heredarán el Reino al regreso de Cristo (Mateo 5:31-35; Daniel 7:27). Los seres humanos mortales no pueden heredar el Reino —antes deben ser transformados a seres espirituales, algo que ocurrirá en la resurrección de los santos (1 Corintios 15:50-53).

La resurrección de los justos es la culminación de la conversión. Pero para llegar ahí, primero debemos arrepentirnos de nuestros pecados, ser bautizados y recibir el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38-39; 8:14-17). La conversión, tal como la describe la Biblia, no es algo que ocurre instantáneamente, y es mucho más que una simple confesión en el lecho de muerte.

Y, aunque el ladrón de la cruz sí admitió merecer el castigo que recibía por sus errores (Lucas 23:40-41), nunca tuvo la oportunidad de vivir en obediencia a Dios —lo cual también es parte del proceso de conversión. Simplemente hizo un comentario positivo acerca de Jesucristo, quien le respondió con palabras consoladoras refiriéndose al futuro que le esperaba en el Reino de Dios, el paraíso.

¿Qué quiso decir Cristo con “hoy”?

Necesitamos responder esta pregunta: ¿Fue Jesús al “paraíso” ese día? Según sus propias palabras, dijo que permanecería en la tumba los tres días y las tres noches siguientes a su muerte (Mateo 12:40). Su alma permaneció en el seol, o la tumba, por ese corto período de tiempo, y luego fue resucitado: “Porque no dejarás mi alma en el Seol ni permitirás que tu santo vea corrupción” (Salmos 16:10).

Por lo tanto, es obvio que el ladrón no se reunió con Cristo en ningún lugar ese día. Después de ser resucitado, Cristo le dijo a María Magdalena: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).

¿Cuál es entonces, la forma correcta de entender lo que Cristo le dijo al ladrón de la cruz? Como vimos en la Versión Reina Valera 1960, este versículo dice: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Sin embargo, la palabra “que” no aparece en el texto griego original. La traducción correcta sería: “De cierto te digo hoy estarás conmigo en el paraíso”. Aún así, creyendo erróneamente que el ladrón sí se fue al paraíso ese mismo día, algunos traductores agregan dos puntos entre “digo” y “hoy”: “De cierto te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

En este caso, ellos colocaron erróneamente los dos puntos por su falta de entendimiento. Si los dos puntos se borraran después de “digo” y se colocaran después de “hoy”, el significado del versículo cambiaría drásticamente —y estaría en consonancia con el resto de la Biblia. Diría así: “De cierto te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso”. Ese día, Cristo le prometió al ladrón que el estaría (eventualmente, no de inmediato), con Cristo en el Reino de su Padre.

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