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El desafío de ser un buen padre

Por Larry Roybal

Uno de los desafíos más difíciles que podemos enfrentar en nuestras vidas es, sin lugar a dudas, ser buenos padres. Esto se debe a que el mundo en que viven ahora nuestros hijos es cada vez más peligroso.

Dios nos advirtió que al final de los días vendrían tiempos peligrosos (2 Timoteo 3:1-5). Las fuerzas del mal están en nuestra contra y las víctimas más vulnerables son nuestros hijos.

Físicamente hablando, es fácil engendrar hijos. Pero llegar a ser un buen padre requiere mucho más que sólo engendrar un hijo. Se requiere un esfuerzo constante durante muchos años. Pareciera que la tarea de ser un buen padre jamás termina; se extiende hasta las siguientes generaciones, con los nietos y hasta con los bisnietos.

¿Cómo llegar a ser un buen padre? El éxito sólo vendrá si aprendemos a incluir a Dios en nuestras vidas. Suena muy básico, pero no siempre se hace. Solamente Dios nos puede guiar a tomar las decisiones correctas en la educación y corrección de los hijos. Debemos acercarnos a Dios si queremos llegar a ser buenos padres. Necesitamos de la guía espiritual que emana directamente del trono de nuestro Padre Dios. En Proverbios 3:5-7 leemos: "Fíate del Eterno de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas". ¿Cuán importante es fiarnos de Dios cuando se trata de la educación de nuestros hijos?

Frecuentemente los nuevos padres comenten un grave error pensando que son autosuficientes para educar a sus hijos. Piensan que los hijos aprenderán automáticamente las lecciones que necesiten a medida que crezcanNuestro ejemplo como padres es vital. Es importante que nuestros hijos vean que comenzamos el día orando, pidiéndole a nuestro Padre que nos guíe a tomar buenas decisiones para hacer su voluntad. Generalmente los hijos imitan a sus padres en todo. Si nuestros hijos ven que tomamos en cuenta a Dios día a día, ellos harán lo mismo y Dios los protegerá y los guiará. Ellos deben saber que reconocemos que todos los caminos del hombre parecen rectos en su propia opinión, pero que solamente Dios puede encaminarnos por los senderos correctos (Proverbios 21:2).

Frecuentemente los nuevos padres comenten un grave error pensando que son autosuficientes para educar a sus hijos. Piensan que los hijos aprenderán automáticamente las lecciones que necesiten a medida que crezcan. Pero, ¿acaso no es preferible evitarles a los hijos el dolor de las consecuencias de sus errores? Se puede enseñar a los hijos que hay un camino que siempre funciona y hay una manera de hacer las cosas que produce resultados buenos y positivos: ese camino es el que Dios señala y no el hombre (Proverbios 14:12).

La Biblia contiene las enseñanzas de nuestro Padre para andar en el camino correcto. La Palabra de Dios está llena de ejemplos y directrices que nos guían a alcanzar todo lo que emprendamos; nos muestra el camino por el que debemos andar y que debemos enseñar a nuestros hijos. Pero es necesario que primero nosotros mismos sigamos los principios que Dios nos marca y que enseñemos a nuestros hijos con el ejemplo de nuestras acciones.

No podemos forzar a nuestros hijos a hacer lo correcto, pero sí podemos enseñarles cuáles son las acciones que agradan a Dios. Tener directrices claras les ayudará a sopesar sus opciones sin dudas ni incertidumbres. Si escogen hacer lo que no es bueno —aun siendo pequeños— debemos corregirlos (Proverbios 23:13). Cuando crezcan aprenderán que las malas acciones producen malas consecuencias. Así mismo, cuando hagan las cosas bien, entenderán el porqué de los resultados positivos.           

No podemos forzar a nuestros hijos a hacer lo correcto, pero sí podemos enseñarles cuáles son las acciones que agradan a Dios. Como padres, deseamos que nuestros hijos muestren buenos atributos —respeto, bondad, honestidad, generosidad y autocontrol. Es vital que nosotros desarrollemos estos atributos primero en nuestras vidas. Debemos tener bajo control nuestras acciones y nuestras palabras en todo tiempo, si deseamos que nuestros hijos aprendan buenas costumbres y desarrollen los atributos que son agradables a Dios. No seamos ingenuos en pensar que somos las únicas personas que influirán en las vidas de nuestros hijos. Aún los amigos pueden corromperlos. "No erréis —advierte el apóstol Pablo— las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres" (1 Corintios 15:33).

Nuestro principal obstáculo para enseñar los valores correctos, es la influencia de la sociedad en que vivimos. Por lo general todos los jóvenes desean ser aceptados por sus amigos y por otros jóvenes de su edad y por eso se sienten forzados a actuar como ellos. Es aquí donde la labor de los padres pierde gran parte de su efectividad. ¿Qué podemos hacer para contrarrestar la influencia del mundo exterior?

Veamos algunos sencillos consejos:

  1. Platiquemos con nuestros hijos acerca de lo bueno y lo malo, principalmente de las cosas que agradan a Dios. Conversemos con ellos regularmente para establecer en casa los valores correctos, para que puedan enfrentar las situaciones difíciles sabiendo cómo actuar y responder. En Deuteronomio 6:6-7 leemos que debemos enseñar a nuestros hijos en casa y estando con ellos; debemos estar presentes en sus vidas.
  2. Seamos buenos ejemplos. Los hijos aprenden lo que ven y escuchan. Si hay discrepancia entre lo que decimos y lo que vivimos, ¿cómo podemos esperar que nuestros hijos aprendan el camino de Dios? Estudie nuestro artículo ¿Quién está observando SU ejemplo?
  3. Pidamos disculpas a nuestros hijos cuando nos equivoquemos. Todos cometemos errores y aunque es difícil reconocerlos, es imprescindible hacerlo. Si equivocadamente reprendemos a nuestros hijos pensando que actuaron mal y nos equivocamos, si actuamos con innecesaria dureza, debemos disculparnos con ellos y admitir nuestro error. Al hacerlo los haremos sentir mejor y esto ayudará a que ellos aprendan también a aceptar sus errores y pedir disculpas cuando ofendan a alguien. Si nos falta sabiduría en estos aspectos pidámosla a Dios, que la "da a todos abundantemente y sin reproche" (Santiago 1:5).
  4. Aprovechemos nuestras experiencias personales para conversar con nuestros hijos y dejarles alguna enseñanza. Compartamos con ellos nuestras experiencias —positivas y negativas. Permitamos que aprendan de nuestra vida para que tengan más armas para enfrentar sus propias vivencias cuando no les sean favorables. Tal vez les evitemos sufrimientos futuros. La Biblia ofrece muchos ejemplos de errores que cometieron personas sinceras, pero equivocadas. Podemos aprender de los errores de los demás para evitar caer en ellos. El apóstol Pablo nos dice que todas las cosas sucedieron como ejemplo y están escritas para amonestarnos a nosotros (1 Corintios 10:13).
  5. Busquemos a Dios, nuestro Padre, que es perfecto y bueno. Dios está siempre dispuesto a enseñarnos a ser como Él. Pidámosle que nos inspire, nos guíe y nos enseñe a ser mejores padres. Si le pedimos a Dios que nos ayude a ser como Él es, estaremos pidiéndole de acuerdo a su voluntad, y eso le agrada. Leamos en Salmos 143:10: "Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guie a tierra de rectitud".

Tengamos en mente que sin la ayuda de Dios nada bueno podemos hacer. No tratemos de educar solos a nuestros hijos —busquemos y aprendamos primero de Dios cómo hacerlo efectivamente. Y no nos quepa la menor duda: educar a nuestros hijos es uno de los desafíos más difíciles que debemos enfrentar, pero con la ayuda de Dios podemos hacerlo bien.

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