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La corrupción, cáncer de la humanidad

Por Jorge Iván Garduño

La corrupción es, desde hace años, uno de los grandes protagonistas de la política en cualquier latitud. Existen casos de corrupción en gobiernos nacionales en los cinco continentes, pasando por casas reales e incluso en gobiernos de países donde el índice de corrupción es bajo.

Los empresarios y grandes firmas transnacionales no se escapan de este problema. Recordamos los casos de Parmalat, Enron, Odebrecht, y muy recientemente el de Carlos Ghosn, reconocido como la persona que logró revivir a la empresa Nissan. La compañía informó que una investigación basada en una pista, descubrió que su presidente falsificó informes sobre su compensación “durante muchos años”, incluyendo otras irregularidades, como el uso personal de activos de la compañía. Por ello, este personaje será todavía destituido de su cargo como presidente de la automotriz japonesa.

Los casos de corrupción en la política son aún más habituales, por lo que incluso cuando salen a la luz pública no es extraño ni sorprendente. Así es como constantemente sale a la luz el enriquecimiento ilícito de muchos políticos, como el que protagonizó el expresidente nigeriano Sani Abacha, a quien se le acusó de tener 2.500 millones de dólares en cuentas personales de bancos en Suiza, el Reino Unido, Luxemburgo y Liechtenstein, por citar un ejemplo.

El caso Odebrecht

Hay también casos de corrupción donde los involucrados son empresas privadas en conjunción con el gobierno, como el protagonizado por la empresa Odebrecht, donde hay informes que aseguran que la empresa brasileña pagó muchos millones de dólares en sobornos a 145 políticos y funcionarios de Latinoamérica para así conseguir contratos de construcción en sus respectivos países.

Gracias a una investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, publicada el 21 de diciembre del 2016 sobre la constructora brasileña Odebrecht, se detalla que la misma habría realizado “gratificaciones” y sobornos millonarios a funcionarios del gobierno de 12 países: Angola, Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela, durante los últimos 20 años, para así obtener beneficios en contrataciones públicas.

Según detallan las investigaciones norteamericanas, Odebrecht creó una “caja b” en su presupuesto, a finales del año 2010, con el nombre de “sector de relaciones estratégicas” para disimular la maraña de “gratificaciones” y sobornos.

Muchos otros casos relevantes vienen a la mente cuando hablamos de corrupción, como fueron los casos del Watergate, el caso Irán-Contras y las partidas secretas en apoyo a gobiernos extranjeros.

El narcotráfico y la política

En días pasados, y durante el juicio que se le lleva al narcotraficante mexicano “el Chapo Guzmán” en una Corte federal en Nueva York, el primer cooperante de la fiscalía en la causa contra Guzmán, explicó ante el jurado en Brooklyn que “el Chapo” realizó varios pagos a políticos mexicanos para evitar que él y sus cercanos colaboradores fueran detenidos.

Durante este juicio del “Chapo Guzmán” han comenzado a mencionarse nombres de funcionarios públicos mexicanos que han sido sobornados por décadas, según los dichos de estos narcotraficantes, y que fungen ahora como testigos protegidos ante el gobierno norteamericano.

La corrupción en México (y en muchos otros países), es una asignatura pendiente que se arrastra desde el siglo pasado ─por decir lo menos─, y que los políticos de todos los partidos han rehuido legislar para aplicar castigos severos a funcionarios públicos que cometan algún delito de corrupción.

Ha sido una serie enorme de casos de corrupción que muchos gobiernos han tenido que enfrentar. Lo que no hay que olvidar es que ninguna ley sirve al 100 por ciento para combatir la corrupción, aun aplicándola con el mayor de los rigores. Primero debido a la impunidad en los gobiernos, y segundo porque aun aplicando ley, la naturaleza humana es de continuo hacia buscar el beneficio propio. Casi todos quieren enriquecerse cuando están en poder “sirviendo al pueblo”.

La única solución al problema de la corrupción

La única salida para enfrentar y solucionar el problema de la corrupción de la humanidad es Dios, quien enviará a su primogénito, Jesucristo, a la Tierra para establecer un gobierno que traerá honestidad, paz, prosperidad y erradicará la corrupción de todo gobierno humano y de la sociedad en general.”La única salida para enfrentar y solucionar el problema de la corrupción de la humanidad es Dios, quien enviará a su primogénito, Jesucristo, a la Tierra para establecer un gobierno que traerá honestidad, paz, prosperidad y erradicará la corrupción de todo gobierno humano y de la sociedad en general.

Recordemos que al hablar acerca de su regreso a esta Tierra, Jesucristo dijo: “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37).

Génesis 6:5 describe el mundo en la época de Noé: “Y vio el Eterno que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal “.

En los versículos 11 y 12 de Génesis 6, leemos: “Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”.

Las tendencias sobresalientes ya en tiempo de Noé, eran la corrupción, la violencia y la maldad. Si bien uno puede argumentar que siempre ha habido corrupción, violencia y maldad desde que Adán y Eva fueron expulsados del jardín de Edén, no podemos ignorar el aumento extraordinario de cada una de estas características malas durante la última década. Por ello el apóstol Pablo describió los problemas morales de la sociedad de los últimos tiempos, del tiempo en el cual vivimos ahora: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3:1-5).

La corrupción, en todas sus formas y niveles, va cada día en aumento, y aunque los líderes mundiales, especialmente cuando son candidatos, se esfuerzan en asegurar que la erradicarán y que es posible erradicarla con castigos más severos, la realidad demuestra que no está siendo posible terminar con este estilo de maldad.

Sólo Jesucristo, al establecer el Reino de Dios en la Tierra, podrá terminar con la corrupción que esta sociedad humana ha catapultado hasta niveles quizás peores que en los días de Noé.

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