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Buscando el gobierno perfecto

Por Jorge Iván Garduño

Durante 2019, al menos 12 países convocaron a elecciones presidenciales o legislativas, como sucedió en Argentina, Bolivia, El Salvador, Uruguay, Panamá, Colombia, Ecuador, Dinamarca, Polonia, Ucrania, España, India. Casi todos los países tienen elecciones periódicas en la continua búsqueda del gobierno que mejor resuelva los problemas de la gente.

Las elecciones son consideradas un método pacífico, usado en las democracias, para resolver el dilema de quién debe gobernar una nación. Cada año decenas de países ―considerados democráticos― convocan a sus ciudadanos a elegir a un líder quien, luego de resultar ganador frente a sus rivales políticos, los gobernará durante un período establecido (en el mejor de los casos), decidiendo las políticas públicas emprendidas por dicha nación.

Sin importar el país del que hablemos, los candidatos a puestos de elección popular siempre hacen gala de promesas idílicas que, de llegar al poder, aseguran cumplirán, resolviendo así problemáticas de índole económico, social, de inseguridad pública, combate a grupos criminales o a la corrupción rampante en las esferas del poder político, pero que nunca cumplen, o bien, generan una nueva dificultad.

La incapacidad humana para gobernar

Los intentos del hombre para lidiar con los problemas de gobierno han sido frustrados por dificultades que van más allá de la capacidad humana para solucionarlas. Líderes honrados e íntegros, a lo largo de milenios, han procurado resolver los inmensos problemas gubernamentales. Han tratado de hallar soluciones responsables. Han querido, con sinceridad, construir un mundo mejor.

Los gobiernos, a lo largo de la historia, han tratado de alcanzar esas metas por métodos que siempre están experimentando. Pero ningún gobierno en la historia los ha logrado de manera plena o permanente.Independientemente de los métodos que apliquen para lograrlas, casi todos los gobiernos alegan tener las mismas metas básicas. Los fines primarios del gobierno humano son la paz y la prosperidad de los gobernados, dos metas frecuentemente incluidas en el concepto de “bien común”. Los gobiernos, a lo largo de la historia, han tratado de alcanzar esas metas por métodos que siempre están experimentando. Pero ningún gobierno en la historia los ha logrado de manera plena o permanente. Ninguno ha logrado la paz y prosperidad duraderas.

Todos los gobiernos humanos, en algún punto, han fallado.

En vez de paz, lo que la humanidad ha conocido, en casi todas sus generaciones, han sido la guerra y la violencia. La guerra ha sido el sello característico de la historia. Los seres humanos, en su vasta mayoría, sólo conocen, en lugar de prosperidad, la desgracia, la miseria y la esclavitud. El bienestar de unos pocos y la miseria de la mayoría han sido la regla general.

Los conflictos mundiales, en todo tiempo, han sido una punzante acusación contra los sistemas políticos humanos. Más aún, los propios gobiernos han creado más problemas que los que han resuelto. Así pues, el hombre ha demostrado su incapacidad para gobernarse asimismo.

Preparándose para gobernar

Sin embargo, una noticia sorprendente es que los verdaderos cristianos están siendo llamados por Dios para prepararse para gobernar en el futuro, cuando Cristo venga a establecer su sistema de gobierno en esta Tierra: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:9-10).

Estamos siendo preparados para gobernar sobre la Tierra en el futuro, cuando los gobiernos de este mundo hayan colapsado por no haber podido cambiar las corrupciones, las mentiras y las maldades de este mundo. Todos los gobiernos humanos han gobernado de la misma manera, sin excepción. Todos los gobiernos humanos, cuando están en poder, tarde o temprano gobiernan de la misma manera… incorrectamente.

Conforme el tiempo avanza y vemos cómo gobiernos llegan al poder, y luego son derrocados en las urnas o a punta de pistola y revueltas sociales, vemos que las injusticias en este mundo crecen. Aunque todos los gobernantes prometen y prometen, y vuelven a prometer que las injusticias desaparecerán… siempre se convierten en promesas frustradas.

Los gobernantes de este mundo afirman categóricamente tener la solución para los males que aquejan a nuestras sociedades: afirman tener la solución para las guerras. Afirman tener la solución para las hambrunas. Afirman tener la solución para el problema de la sobrepoblación. Afirman tener la solución para las epidemias. Afirman tener la solución para la contaminación ambiental. Afirman tener la solución para el desempleo. Afirman tener la solución para la pobreza. Afirman tener la solución para la inseguridad. Afirman tener la solución para alcanzar la preservación de los recursos naturales. Afirman tener la solución para combatir y erradicar las enfermedades. Afirman tener la solución para mejorar la educación… y siguen afirmando muchas cosas más. Hasta que llegan al poder y se olvidan de todas las promesas.

Muchas profecías muestran que Jesús no sólo va a ser rey cuando regrese a la Tierra. Él va a convertirse en Rey de reyes y Señor de señores (Isaías 9:6-7; Apocalipsis 19:15-16). Cristo gobernará con la ayuda de otros reyes. La experiencia ha demostrado que la política actual no va a resolver los problemas más persistentes de la humanidad. ¡Éstos sólo se van a solucionar cuando Cristo se convierta en la autoridad suprema sobre el mundo entero!

De acuerdo con las Escrituras, Satanás es el “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). La Biblia se refiere al mundo en que vivimos como malvado. Cuando Pablo le escribió a los Gálatas, les dijo: “Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (Gálatas 1:3-4).

Este mundo actual, junto con sus gobiernos, es obra de Satanás. Tristemente, todas las naciones han sido engañadas por este ser (Apocalipsis 12:9). Por eso, aunque los cristianos vivan en este mundo, no tienen que ser como este mundo. Cuando Jesús estaba orando por sus discípulos, la noche antes de ser crucificado, le dijo al Padre: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16).

Jesucristo advirtió que en el futuro vendrá un tiempo de sufrimiento sin precedentes en la historia de la humanidad: “… porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21).

Cristo enfatizó la importancia de estar alertas, en Mateo 24:44: “también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”.

Definitivamente, la mejor forma de prepararnos para los tiempos difíciles es desarrollando una relación cercana con Dios a través de la oración, el estudio de la Biblia, el ayuno y la meditación. Si nosotros nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros (Santiago 4:8). Él es nuestra única garantía de seguridad verdadera

Dios dice que no debemos permitir que el miedo a las dificultades de este mundo nos llene de cobardía. Tampoco debemos dejar que las cosas que están fuera de nuestro control dominen nuestra mente, pues “no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Nuestro Creador no quiere que vivamos con la actitud de temor al futuro o que estemos demasiado preocupados por posibles catástrofes. Él quiere que tengamos esperanza y paz, sabiendo que todo está en las manos de Dios.

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:34-36).

Ningún gobierno humano tiene la solución a los problemas de la humanidad. Sólo Dios tiene la solución para los problemas de este mundo. Confiemos en Él y en sus promesas.

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