El ruido a nuestro alrededor a menudo opaca la voz. Pero ¿la escucharemos y atenderemos?
Hace algunos años escuché la siguiente parábola moderna: un hombre iba caminando por el desierto cuando de repente le habló una voz que decía: “Recoge algunas piedras, guárdalas en tu bolsillo y mañana te arrepentirás y te alegrarás”.
El hombre obedeció. Se agachó, tomó un puñado de piedras y las guardó en su bolsillo. A la mañana siguiente, cuando revisó su pantalón, en lugar de piedras encontró diamantes, rubíes y esmeraldas. Inmediatamente se alegró de haber obedecido a la voz el día anterior, pero también se arrepintió: ¡¿por qué no había recogido más piedras?!
Esta pequeña historia tiene un paralelo en la vida real. Mientras caminamos por el desierto de la vida, hay una voz real que nos llama y nos invita a recoger algo que está justo frente a nosotros, algo de lo que nunca tendremos demasiado, pero que nos beneficiará cualquiera sea la cantidad que recojamos.
La voz
Esa voz nos dice: “Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen” (Proverbios 3: 15-18).
Dice: “ella te guardará… Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado” (Proverbios 4:6, 8).
¿Quién es “ella”? La sabiduría. Sí, estas palabras vienen directo del libro de los Proverbios, que si se publicara hoy, probablemente se llamaría Las cosas más inteligentes que se hayan dicho alguna vez. Pero ¿quién las escucha ahora?
Haga conmigo este pequeño test acerca de la sabiduría:
¿Quién es la persona más sabia que conoce?
¿Cuál es el consejo más sabio que ha recibido?
Complete la oración: “Sería mucho más sabio si…”
Preguntas para pensar, ¿no es así? ¿Cuán a menudo reflexionamos acerca de la cualidad de la sabiduría? ¿Cuándo fue la última vez que escuchó a alguien hablar de esto? ¿Quién se preocupa por descubrir quiénes son sabios a su alrededor? ¿Quién busca consejo para añadir profundidad y entendimiento a su vida? ¿Qué tan a menudo analizamos lo que nos pasa en la vida para ser personas más sabias? ¿Y cuántas personas van a la fuente de sabiduría que Dios preservó para nosotros —su Palabra— en busca de sabiduría para su vida?
¿Qué tan sabios somos?
Aquí va otra pregunta: según sus observaciones del mundo actual, ¿qué tan sabios diría que son sus líderes y ciudadanos? No inteligentes —la inteligencia no es lo mismo que la sabiduría— sino ¿qué tan sabios son?
Lamentablemente, la historia de la humanidad está repleta de personas brillantes que nunca han logrado aprender las lecciones de la vida e insisten en repetir una y otra vez los errores más grandes del ser humano. A eso se refería Dios cuando reprendió a la antigua Babilonia diciendo: “te confiaste en tu maldad… Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron… Vendrá, pues, sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás; caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y destrucción que no sepas vendrá de repente sobre ti” (Isaías 47:10-11).
Vivimos en un mundo de constante cambio que, en su “sabiduría” humana, está destruyendo los valores de Dios y convirtiendo a la sociedad en un verdadero desierto espiritual. Y luego nos tomamos la cabeza preguntando: “¿por qué el mundo está en caos?”. El artículo principal de este número habla precisamente de eso, y de cómo Dios nos lo advirtió desde hace milenios.
Así es, las invaluables perlas de sabiduría y entendimiento de Dios están justo ahí, frente a nosotros y en abundancia. Y como siempre, nuestro deseo en Discernir es compartir con nuestros lectores esas perlas de verdad y sabiduría que hemos recogido de la Biblia.
¿Escuchará usted la voz de la sabiduría —la voz de Dios— para llenar sus bolsillos de ella?