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Consuelo para aquellos que han perdido a sus seres queridos

¿Qué diría si estuviera dirgiendo el funeral de una víctima de COVID-19? ¿Cómo podría ayudar a los seres queridos de la persona a superar el dolor emocional y la tristeza?

A medida que la tragedia del COVID-19 continúa extendiéndose por el mundo, algunas personas están dedicadas a ofrecer una ayuda que es desconocida para muchos. Son los consejeros que tratan de ayudar a las personas que están pasando por un momento difícil y que necesitan hallarle un sentido a esa pérdida o dolor, y ofrecerles algún tipo de entendimiento y esperanza.

Como pastor, he estado en esa posición muchas veces. Los funerales tranquilos eran para aquellos que habían vivido mucho tiempo y morían en paz, donde los seres queridos se reunían para reflexionar acerca de los buenos momentos y los gratos recuerdos. Luego estaban los complicados —funerales para aquellas personas que en un momento de desesperación se quitaron la vida, los adolescentes muertos en accidentes, las madres jóvenes muertas de cáncer, los bebés que morían al nacer.

Cada vez que los ministros vemos situaciones difíciles, no podemos dejar de pensar: “¿qué diría yo si estuviera dirigiendo su funeral? ¿Cómo podría ayudar a sus seres queridos a sobrellevar la tristeza y el dolor emocional?”

El panorama completo

Una cosa que he aprendido bien de todos estos funerales es lo siguiente: enfrentarse a este tipo de sufrimiento es mucho más significativo cuando podemos proyectar el panorama completo de la vida —nuestro destino final— y después remitirnos a las circunstancias actuales.

Es natural que primero miremos nuestra situación inmediata, la de ese preciso momento, y que tratemos de averiguar por qué ocurrió eso en particular o por qué no ocurrió. Pero a menudo esas preguntas nos dejan frustrados porque no existe una respuesta clara. ¿Por qué el coronavirus mata a una persona y alguien cercano se salva? Hoy en día, casi cuatro décadas después de que mi madre muriera, todavía no tengo una respuesta de por qué murió de cáncer a los 40 años.

Pero sí tenemos respuestas para las preguntas más grandes e importantes de la vida.

Por ejemplo, una de las preguntas más importantes la planteó un hombre en el peor momento de su vida, se estaba enfrentando a las tragedias de haber perdido a sus hijos y su salud en un corto período de tiempo. En medio de su desesperación se cuestionó a sí mismo —y a Dios. Eso no es raro. Finalmente hizo una pregunta fundamental para toda la humanidad: “si el ser humano muere, ¿vuelve a vivir?” ¿Hay algo más en la vida que esto?

Este hombre era Job, y su historia está en la Biblia. Curiosamente, él respondió a su propia pregunta. “Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación” dijo, “Entonces llamarás, y yo te responderé; tendrás afecto a la hechura de tus manos” (Job 14:14-15).

Job pudo ver el panorama completo —Dios tiene un proyecto con nuestra vida; somos parte de un plan más grande que Él ha diseñado; se acerca un tiempo en el que Él va a llamar a los muertos de sus tumbas; y sí, vamos a volver a vivir. Saber esto es realmente la clave para entender por qué estamos aquí en la Tierra en primer lugar.

Un verdadero consuelo

Job no respondió a otras preguntas de cómo, cuándo, dónde y por qué esto de vivir de nuevo se iba a desarrollar. Pero en la Biblia sí podemos encontrar con claridad todas las explicaciones de lo que Dios dice acerca de la vida, la muerte, el sufrimiento y la esperanza. Entre otros artículos aquí en Discernir y en nuestro sitio web de Vida, Esperanza y Verdad también hay información al respecto. El consuelo real y tangible comienza cuando entendemos la promesa fundamental que Dios nos ofrece: vamos a volver a ver a nuestros seres queridos. ¡Es parte de su plan para toda la humanidad!

Si mañana tuviera un funeral, ¿qué les diría a las afligidas familias de las víctimas del COVID-19? Por supuesto trataríamos de encontrar consuelo en los gratos recuerdos de una vida ya pasada. Pero, sobre todo, me gustaría transmitirles que el mayor consuelo no se encuentra mirando hacia atrás en la vida que una vez tuvimos, sino mirando hacia adelante a la vida que Dios nos promete que vamos a compartir juntos de nuevo.

Clyde Kilough

Editor

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