Manipulando embriones humanos. ¿Cuál es el límite?

Desde los llamados bebés de probeta hasta la manipulación genética, pasando por la clonación de embriones humanos, se han constituido en nuevos “milagros” de la ciencia. Desde hace noventa años estos avances eran sólo una idea concebida por algunos científicos y uno que otro escritor de ciencia ficción.

Tal perspectiva fue lo que el británico Aldous Huxley describió hace más de una generación en su libro Un mundo feliz. Allí describió una era en que los niños nacerían por manipulación de ingeniería genética: serían concebidos en probetas, con espermatozoides y óvulos seleccionados. Se incubarían y “nacerían” en laboratorios bajo una estricta supervisión, con las condiciones más avanzadas para permitir al embrión obtener los nutrientes que requeriría durante su vida. Así sustituirían la figura materna.

En tal mundo ya no habría vínculo entre el amor o las relaciones sexuales entre esposos. La unidad familiar sería casi inexistente. Hoy el mundo se acerca rápidamente a tal sociedad. Ciertas técnicas de reproducción que ya se están empleando son inquietantes en sí mismas.

No hace muchos días se dio a conocer en la revista Nature una noticia que la comunidad científica ha llamado “un gran avance”: un grupo internacional de investigadores liderado por Estados Unidos han actuado como cirujanos del ADN, aplicando la técnica más novedosa de modificación genética, a fin de eliminar, en un embrión humano vivo, todo rastro de una mutación mortal: la miocardiopatía hipertrófica. Esta afección del corazón es la responsable de la muerte súbita de deportistas aparentemente sanos y está presente en una de cada quinientas personas.

La miocardiopatía hipertrófica (HMC, por sus siglas en inglés) es provocada por una mutación del gen MYBPC3 y la dolencia se presenta incluso cuando se hereda de uno solo de los progenitores, el padre o la madre. Sin necesidad de adquirirla de ambos, la presencia de una única copia de ese ADN diferente al normal ya es suficiente para desarrollar esta anomalía cardíaca.

En ella el músculo del corazón (el miocardio) aparece engrosado o hipertrofiado, lo que puede desencadenar en la muerte súbita de jóvenes atletas o de cualquier persona que la padezca, sin presentar síntomas visibles antes. Sin embargo, la experimentación y aplicación de esta técnica que puede salvar vidas, conlleva implicaciones éticas que no todos aprueban, pues se realiza en embriones humanos.

Esto requiere la aprobación y el estricto control de comités de bioética. El de Estados Unidos lo ha aprobado con salvedades y ha permitido al equipo liderado por los investigadores Shoukhrat Mitalipov (EEUU), Juan Carlos Izpisúa (España) y Jin-Soo Kim (Corea del Sur) que lleven a cabo las pruebas que permitirán, en un futuro, minimizar o eliminar enfermedades congénitas.

Hasta la fecha, los ensayos que tuvieron lugar en China para aplicar la ya famosa técnica del “corta y pega” genético (CRISPR-Cas9) en embriones humanos, no habían tenido los resultados deseados, hasta hace unas semanas. Aunque muy precisa, CRISPR no está exenta de errores: que no se corrijan todas las células o que se alteren genes que eran sanos, son algunas de las complicaciones que originan la ineficacia del método o la inseguridad de la técnica.

Con los asombrosos adelantos producidos en el campo de la reproducción artificial, ha surgido una candente controversia. Quienes están en pro, invocando consideraciones humanistas, piden acelerar las investigaciones y la experimentación. En cambio, los críticos sostienen que el bien que se pueda alcanzar queda más que anulado por los peligros de “jugar a ser Dios”. “¿Hasta dónde llegará todo esto?”, se preguntan. Y agregan que meterse a jugar con los orígenes de la vida es abrir una caja de pandora que llevará a consecuencias aterradoras.

“La tierra será enteramente vaciada, y completamente saqueada; porque El Eterno ha pronunciado esta palabra. Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra. Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno. Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres” (Isaías 24:3-6).

El mundo ha olvidado las leyes de Dios. Y sin las normas absolutas de esas leyes, el hombre se ha perdido en un mar de falsos ideales e información errada. El mismo sentido de curiosidad que nos trajo las armas nucleares, sigue abriéndose paso hacia nuevos problemas. Pronto, tal vez no sea cuestión de sobrevivir a una guerra nuclear ni de la supervivencia del más apto… quizá, la supervivencia se reduzca únicamente a quienes han sido seleccionados desde un laboratorio.

Muy por el contrario de lo que piensa y de cómo actúa esta sociedad, creámosle a nuestro Creador, obedezcamos las leyes de Dios y confiemos en sus promesas, porque sólo la obediencia a sus mandamientos producirá un verdadero y maravilloso mundo feliz.