Obama, ¿Premio Nobel de la Paz?

Barak Obama, quien en el año 2009 recibió el premio Nobel de la Paz, dejará el legado de guerra más grande de la historia. El periódico The New York Times, en su versión internacional semanal de julio del 2016, dice lo siguiente: “Obama  ha estado en guerra durante más tiempo que cualquier otro presidente estadunidense”. Si para el fin de su presidencia este año, Obama permanece en combate en Afganistán, Iraq o Siria, habrá sido el único presidente en la historia de Estados Unidos en cumplir dos mandatos completos con el país en guerra. Obama tendría el período más prolongado como presidente en tiempos de guerra que Franklin D. Roosevelt, Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon e inclusive su héroe, Abraham Lincoln.

Ningún presidente quiere ser recordado como bélico. Un legado de guerra no es exactamente lo que Obama tenía en mente al asumir la presidencia de los Estados Unidos. Tampoco tenía en mente el recibir el premio Nobel de la Paz, cuando dijo: “La humanidad necesita reconocer dos verdades aparentemente irreconciliables—que la guerra a veces es necesaria, y que la guerra, en cierta medida, es una expresión de la insensatez humana”.

Hoy, más que nunca, debemos reconocer que la guerra y el terrorismo han llegado a formar parte de nuestro vocabulario diario, porque la insensatez humana ha llegado a ser nuestra realidad mundial. Por más que el ser humano se esfuerce en lograr la paz, al final se verá frustrado, porque sólo Dios podrá poner fin al conflicto entre los hombres. Eso tendrá que hacer Jesucristo cuando regrese a establecer su reino sobre toda lengua, pueblo, tribu y nación. Jesucristo cambiará el corazón del hombre para quitar de su mente rebelde el espíritu bélico que lo caracteriza desde el principio. Finalmente, el Príncipe de la paz nos enseñará que sí es posible vivir en paz, bajo un gobierno de armonía y bienestar.

Las profecías bíblicas nos dicen que en el tiempo del fin los hombres llegarían al punto de la auto-destrucción de toda la humanidad, si Cristo no detuviera tal desastre. También Él dijo que las guerras y rumores de guerras sólo serán el principio de dolores. “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:6-8).

Todas las naciones tendrán que aprender un nuevo camino. Todos subirán al Monte Santo y aprenderán otra forma de vivir; se les enseñará acerca de la perfecta ley de amor y vivirán por primera vez bajo el gobierno de Dios en perpetua paz.

El profeta Isaías escribe elocuentemente acerca del futuro reino de Dios: “Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4).

La Palabra de Dios revela que si al final de los tiempos los días no fuesen acortados, nadie quedaría con vida. Afortunadamente, aquellos días serán acortados antes de que el hombre se autodestruya (Mateo 24:22). ¡Que venga pronto el reino de Dios y comience su legado de eterna paz!

En nuestra sección de Profecia usted podra encontrar el artículo ¿Qué es el Reino de Dios?  Para un mejor estudio de este tema.