… Y habrá pestes, hambres y pestilencias

Recientemente el periódico estadounidense The New York Times publicó una noticia que pasó casi desapercibida. El artículo habla de la terrible sequía y la crisis alimenticia de África del Sur, particularmente severa en Madagascar, donde la ONU (Organización de las Naciones Unidas) estima que casi un millón de personas necesitan asistencia alimentaria de emergencia. Casi nadie se interesó por esta noticia y de hecho no la hemos oído por otros medios noticiosos.

El reporte dice: “El cambio climático, causado de manera desproporcionada por emisiones de carbono de Estados Unidos, parece ser el causante de una severa sequía que ha marchitado los cultivos de toda África del Sur”.

Las consecuencias de la sequía han afectado mayormente a los más débiles e inocentes. La ONU reporta que esta crisis alimentaria ha causado la desnutrición aguda de 1.3 millones de niños en la región y no se vislumbra alguna solución a corto plazo.

Este tipo de sorprendentes noticias que hoy pasan desapercibidas, pronto ocuparán los encabezados en las primeras planas de los periódicos mundiales, porque este problema, lejos de desaparecer, se agravará con el tiempo, extendiéndose a otras regiones.

La presente sequía es ya severa en Lesoto, Malawi, Mozambique, Suazilandia, Zambia, Zimbabue, y también ha devastado a África Oriental y el Cuerno de África. Inclusive recientemente la ciudad de La Paz, en Bolivia, ha estado pasando por una grave falta de agua potable precisamente debido a la casi nula lluvia en toda la región.

Aunque la causa inmediata de las sequías se le atribuye principalmente al fenómeno “El Niño”, existen muchos otros factores que contribuyen al problema. Los expertos reconocen que el calentamiento global es principalmente causado por las enormes emisiones de carbono que diariamente el hombre lanza por toneladas al medio ambiente. Y a nadie parece importarle este tema, como para seriamente reducir las emisiones de este compuesto químico que tanto ha dañado a nuestra hermosa Tierra.

Los investigadores y científicos calculan que la contribución humana al calentamiento global redujo los escurrimientos de agua en África del Sur en un 48 por ciento, y concluyen que la irresponsabilidad humana ha sido la causa principal de la crisis alimentaria por la falta de agua.

Jesucristo habló de cómo sería la situación mundial justo antes de que Él regrese para poner fin a la era del hombre y establecer el Reino de Dios sobre la tierra. Él dijo: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:7-8).

Este mundo ha comenzado a ver el principio de lo que la Biblia llama “el tiempo del fin”. Los conocedores de la profecía bíblica comprenden que las cosas tienen que empeorar antes de que mejoren. Mientras tanto, millones de personas ya han comenzado a sufrir, y sin lugar a duda muchas personas morirán sin vislumbrar esperanza alguna ni hallar un propósito a su corta existencia.

Afortunadamente existe la certeza de que Jesucristo regresará a esta tierra para gobernarla y ponerla en orden y también para darles al pago a las personas que por codicia han contaminado a la tierra sin importar los millones de personas afectadas en su salud por esta contaminación ambiental irreversible.

La Biblia es muy clara cuando dice: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra” (Apocalipsis 11:15-18).

Jamás dejemos de pedirle a Dios que pronto venga su reino, para que ponga fin al hambre y a tanto sufrimiento que este mundo padece. Pidámosle a Dios que pronto regrese su Hijo para que nos bendiga con un tiempo de refrigerio, bajo el amoroso dominio y gobierno de Jesucristo en el Reino de Dios.