Vida, Esperanza y Verdad

¿Cristianismo paulino?

¿Concuerdan las cartas de Pablo con las enseñanzas de Cristo? ¿O predican una religión diferente? ¿Fundó Pablo un cristianismo paulino basado en su propia teología?

Pablo: ¿seguidor de Jesucristo o fundador del cristianismo? Aunque para muchas personas la pregunta puede parecer extraña, es un dilema serio para algunos eruditos en la actualidad. De hecho, este es el título de uno de los libros de David Wenham, un importante teólogo de la universidad de Oxford.

¿Seguidor o innovador?

Como vemos en Hechos 9, Pablo llegó a ser parte de los discípulos de Cristo luego de su dramática conversión, llamándose a sí mismo “siervo” de Jesús.

Tal como explica Wenham, “Generalmente, se cree que desde este momento en adelante Pablo fue un fiel seguidor de Jesucristo. Según sus propias palabras, se convirtió en ‘siervo’…estaba muy interesado en la vida y las enseñanzas de su Señor. Estimaba muchísimo a Jesucristo y se esforzó por vivir y enseñar lo que aprendió de Él. O al menos esto es lo que muchos suponen.

“Sin embargo, hay quienes niegan esta suposición. En los últimos años, se ha propagado una nueva idea respecto a Pablo, sugiriendo que, lejos de ser un mero seguidor de Cristo, el apóstol fue un innovador que introdujo todo tipo de ideas y enfoques, complicando y estropeando la sencilla religión creada por Jesús en un principio” (1995, pp. 1-2).

¿De dónde salió esta nueva idea?

Al parecer, gran parte del crédito le pertenece a Karen Armstrong, quien perteneció a una orden religiosa católica y ha escrito bastante sobre la religión. En los ‘80, Armstrong dio a conocer esta idea sobre Pablo en una serie de televisión.

Luego, en 1986, Hyam Maccoby —renombrado académico judío— publicó un libro titulado El hacedor de mito: Pablo y la invención de cristianismo.

Como indica Wenham, Maccoby postula que “fue Pablo quien fundó el cristianismo” como lo conocemos hoy en día. Según el autor, Pablo inventó el “mito” de la divinidad de Jesucristo y su sacrificio, y creó la Eucaristía (el pan y el vino que también se conocen como “la comunión”, “la Cena del Señor”, etcétera) bajo la influencia de ideas y religiones mistéricas griegas (p. 2).

Razonamiento anti-bíblico

Sin duda, este pensamiento anti-bíblico es bastante inquietante para quienes creen en la autenticidad de las Escrituras como revelación de Dios para la humanidad. Es una idea que va en contra de la congruencia y la autoridad divina que la Biblia misma revela tener.

En Mateo 4:4, Jesucristo nos dice que “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Y, como revela Pablo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

La prueba del tiempo

Durante muchos siglos, los fieles creyentes en las Escrituras no han visto sino congruencia entre las epístolas de Pablo y el resto de la Biblia, no contradicción. Mientras la Biblia ha pasado la prueba del tiempo, estas teorías modernas probablemente entusiasmarán a los estudiosos por sólo algunos años.

Sin embargo, no es nuevo que las epístolas de Pablo causen confusión. Aun el apóstol Pedro advierte que “los indoctos e inconstantes tuercen” las enseñanzas de Pablo “para su propia perdición” (2 Pedro 3:16).

Pero, en realidad, los escritos de Pablo no difieren de las enseñanzas de Cristo y sus discípulos. De hecho, Pablo mismo insta a la Iglesia en Corinto diciendo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).

Y, cuando asistió a una conferencia ministerial en Jerusalén (Hechos 15), Pablo reconoció a Santiago, Pedro y Juan (todos autores de Epístolas Generales) como columnas y hombres de buena reputación en la Iglesia (Gálatas 2:2, 9), considerándose a sí mismo como “el más pequeño” de entre los apóstoles (1 Corintios 15:8-9). Luego relata que, cuando estos importantes hombres vieron que Dios estaba con él, “dieron a mí [Pablo] y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión” (Gálatas 2:9).

Ya que Jesucristo había encomendado a los apóstoles originales “vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Juan 15:17), ¿hubiesen ellos —que acompañaron a Cristo y aprendieron de Él desde el inicio de su ministerio— dado tal autoridad a Pablo si pensaran que sus enseñanzas contradecían las de Jesús?

Cuestionando la autoría de Pablo

En su libro Lo que Pablo quiso decir (2006), ¡Garry Wills afirma que sólo siete de las epístolas de Pablo son auténticas! Según Wills, dos de las restantes fueron escritas por personas con mucho entendimiento de las enseñanzas del apóstol, una fue burdamente copiada del original y otras tres pertenecen evidentemente a otros autores (pp. 15-16).

¿No es extraño que alguien cuestione la autoría de esas cartas —cuya autenticidad fue aceptada desde un principio— casi 2.000 años luego de ser escritas?

Por otro lado, en Hechos 9:10-16, Lucas nos relata que Jesucristo mismo reveló a Pablo lo que debía padecer a causa de su nombre. Además, a lo largo de este libro, Lucas registra los viajes y pruebas de Pablo, así como sus encuentros con los destinatarios de sus epístolas. Y, como la Biblia revela, Lucas fue un autor muy diligente al investigar la historia y los orígenes de la Iglesia para luego hacérselas saber a un hombre que llama “excelentísimo Teófilo” (Lucas 1:1-4).

¿Pertenecen las epístolas de Pablo al canon bíblico?

Un reconocido erudito del Nuevo Testamento, F. F. Bruce, escribió un libro titulado Los libros del Nuevo Testamento: ¿son realmente confiables?, donde afirma:

“Debemos tener algo muy claro. Los libros del Nuevo Testamento no fueron legitimados al ser incluidos en el canon bíblico por la iglesia; por el contrario, la iglesia los incluyó en el canon luego de reconocer su autoridad divina, valor intrínseco y origen apostólico, sea directo o indirecto” (1981, p. 22).

El Dr. Bruce también explica que, en realidad, los concilios de Hipona (393) y Cartago (397) sólo se encargaron de codificar la ya adquirida tradición de las comunidades de aquel tiempo.

El autor da más evidencias sobre la legitimidad del canon bíblico y la autoría de sus libros en tres obras tituladas Los libros y los pergaminos, la llama creciente y la tradición cristiana: nueva y antigua.

De hecho, muchos piensan que la Iglesia del primer siglo ya había compilado el canon de los 27 libros del Nuevo Testamento antes de la muerte de Juan, previo al fin del siglo primero. Y, si Juan o alguno de los apóstoles originales hubiesen considerado que los libros de Pablo eran contradictorios al cristianismo, claramente no hubieran permitido su inclusión.

Debemos confiar en que Dios, el Creador de todas las cosas, tiene y siempre ha tenido el control de lo que sus discípulos han registrado en la Biblia, su Palabra inspirada. La Escritura no puede ser quebrantada (Juan 10:35), y el Espíritu de Dios ha guiado a los discípulos de Jesucristo a toda la verdad (Juan 16:13). Creamos en que Dios ha cumplido esta promesa.

Dios inspiró los escritos y enseñanzas de Pablo, que están en total acuerdo con las de Jesucristo. Aunque muchos han tergiversado sus palabras para establecer versiones anti-bíblicas del cristianismo, este apóstol nunca comenzó un cristianismo paulino. Si queremos comprender las doctrinas de Pablo apropiadamente, debemos orar y pedir a Dios entendimiento de las instrucciones que Él nos da por medio de las epístolas de este apóstol.

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