Hay un proverbio para eso: “Soy genial, sólo pregúnteme”
Esto da inicio a una serie de publicaciones acerca de la sabiduría práctica y relevante del libro de Proverbios. Comenzaremos con el tema del orgullo y la arrogancia.

Siempre buscamos respuestas a los problemas. Recurrimos a eruditos, científicos, investigadores, filósofos, gurús de autoayuda y a la religión. Si bien no es necesariamente mala idea consultar algunas de esas fuentes, afortunadamente para los cristianos, existe un libro completo de la Biblia que está repleto de sabiduría práctica para la vida cotidiana en el siglo XXI, ¡a pesar de haber sido escrito hace miles de años!
Ése es el libro de Proverbios. La sabiduría que contiene es invaluable para nosotros como seres humanos y abarca una amplia variedad de temas. En esta serie, exploraremos la sabiduría de Proverbios, aplicada a los problemas, controversias y obstáculos de la sociedad moderna.
Si creemos que no tenemos ningún problema, es que algo anda mal
A los políticos les gusta hablar de sus fortalezas y hacer que incluso sus debilidades parezcan fortalezas (“supongo que mi mayor debilidad es que me preocupo demasiado”). La actitud de sabelotodo está muy presente, creando una cultura de menosprecio hacia quienes no lo saben todo. Basta con ver los comentarios en vídeos de YouTube y artículos de noticias en línea para encontrar ejemplos de personas que creen saber lo todo y que menosprecian agresivamente a quienes consideran ignorantes. La hipocresía se puede detectar en todas las ideologías.
Pero Dios tiene una expectativa diferente. Dios dice que “resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Dado que debemos buscar la gracia de Dios y no su resistencia, ¡la humildad debería ser un tema que nos preocupe profundamente! ¡Agradecidamente, hay un proverbio para ello!
Proverbios e implicaciones
1. Proverbios 13:10: “resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.
Las personas “sabelotodo” no son las más populares, y con razón. Es muy difícil ser agradable y escuchar otros puntos de vista si creemos tener siempre la razón. Esto genera conflictos en las relaciones y provoca conversaciones incómodas y prolongadas. Ser prudente no significa creer en todo lo que oímos, sino respetar y escuchar con atención a otros, para formarnos una opinión acertada.
Dado que debemos buscar la gracia de Dios y no su resistencia, ¡la humildad debería ser un tema que nos preocupe profundamente!
Implicaciones: debemos tomarnos el tiempo para escuchar atentamente las perspectivas de los demás, especialmente de aquellos cuyas opiniones difieren de las nuestras. Puede que después sigamos sin estar de acuerdo, pero una persona humilde al menos escuchará y estará abierta a aprender, mientras que la soberbia implica creer que ya tenemos todas las respuestas. Si a usted le cuesta escuchar a los demás, pruebe esta estrategia: no responda hasta que hayan pasado cinco segundos mentalmente, después de que alguien más haya hablado. Esto puede ayudarle a tomarse el tiempo para reflexionar acerca de lo que la otra persona dijo.
2. Proverbios 16:18: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”.
Errar es humano, y quienes piensan que rara vez (o nunca) se equivocan deberían considerar que esta idea es errónea y peligrosa. Muchos que tienen problemas con el orgullo recurren a frases comunes como “no soy perfecto, pero…” y luego proceden a describir lo perfectos que se creen. Esto es peligroso porque no es cierto. Ningún ser humano es perfecto y todos cometemos errores (Romanos 3:23). La historia muestra muchos ejemplos de personas orgullosas y altivas que finalmente cayeron (consideremos a Adolf Hitler, Benito Mussolini y Saddam Hussein, por nombrar algunos).
Implicaciones: en lugar de sólo glorificar nuestras fortalezas, también debemos identificar y admitir nuestras debilidades. Siempre que critiquemos a otros, debemos considerar nuestras propias imperfecciones y problemas. Muchos personajes de Shakespeare nunca reconocieron ni afrontaron sus defectos fatales (el orgullo suele ser uno de ellos), lo cual nunca tuvo un buen final. Esforcémonos por ser más sabios que los personajes de ficción como Hamlet y Macbeth.
3. Proverbios 21:4: “Altivez de ojos, y orgullo de corazón, y pensamiento de impíos, son pecado”.
El pensamiento farisaico, los comentarios condescendientes y el desprecio hacia los demás, no son simples peculiaridades de la personalidad. Son pecados. Si bien es cierto que hay momentos que requieren confianza en nuestras fortalezas y valentía para usarlas, cuando demostramos estos rasgos de forma constante, innecesaria y artificial, se convierten en arrogancia y orgullo.
Implicaciones: consideremos al orgullo como cualquier otro pecado que Dios aborrece, no sólo como un rasgo de carácter indeseable (que también lo es). Dado que el orgullo es tan difícil de reconocer en nosotros mismos, necesitamos un grupo de amigos y familiares a quienes podamos acudir y hacerles preguntas sinceras: “¿Con qué frecuencia pregunto por ti? ¿Me alabo constantemente? ¿Parece que lo sé todo?”.
Sí, hacer estas preguntas podría traer respuestas incómodas. Pero, considerando la seriedad con la que la Biblia aborda este tema, ¿no sería mejor sentir incomodidad que enfrentar las consecuencias del orgullo?
Hay mucho más de donde vino esto
El libro de Proverbios tiene mucho que decir acerca del orgullo y la arrogancia, con al menos 17 sabios consejos. Sin embargo, los pocos que se mencionan aquí resumen la idea principal: el orgullo y la arrogancia son graves defectos de carácter que nos aíslan innecesariamente de los demás y, en última instancia, nos llevan a la ruina. Cuando esa tentación nos aceche, recordemos que hay un proverbio para ello.
Para comprender mejor el orgullo y cómo combatirlo, lea “Cómo vencer las emociones negativas: el orgullo” y “Tres maneras en que el orgullo puede estar contagiándonos a todos”.
Lea la siguiente entrada de este blog: “Hay un proverbio para eso: Somos el 99 por ciento”.
Fecha de publicación: Enero 3, 2025