La paradoja de Salomón: ¿Cómo evitar caer en ella?
Una tendencia humana muy antigua es dar consejos a los demás y no aplicarlos a nuestra propia vida. ¿Qué dice la Biblia acerca de esta actitud y cómo podemos evitar caer en ella?

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Hace años conocí a un hombre que era reconocido por todos sus amigos y familiares como un buen consejero. Las personas que habían recibido sus consejos lo respetaban y admiraban por sus palabras. Sin embargo, él sufría de una enfermedad altamente contagiosa. Mientras meditaba en esta persona y en sus buenos consejos, y de cómo estos no reflejaban su manera de vivir, ¡me di cuenta de que yo también me había contagiado de la misma enfermedad! Y, probablemente, no me hubiese dado cuenta de ello, si es que mi esposa no me lo hubiese hecho notar.
Afortunadamente para todos nosotros, esta enfermedad está relatada en la Biblia y podemos pedirle a Dios que nos ayude a reconocerla, evitarla y, en algunos casos, a sanar de ella. En esta entrada de Blog analizaremos esta enfermedad que la psicología llama “La paradoja de Salomón”, y que es una advertencia para los cristianos de que conocer el camino de Dios no tiene sentido si no vivimos por él.
¿Qué es la Paradoja de Salomón?
Los cristianos verdaderos somos llamados por Dios a predicar con nuestro ejemplo y no sólo con nuestras palabras. La paradoja de Salomón puede entenderse como una enfermedad espiritual que se basa en la contradicción entre la sabiduría que expresamos a los demás y la sabiduría que aplicamos en nuestra propia vida. Algunos psicólogos la conceptualizan como: “la tendencia a dar consejos sabios a los demás y no aplicarlos a nosotros mismos”. Veamos en la Biblia cómo detectar esta peligrosa enfermedad para así evitar sus consecuencias.
1. Resultados de la humildad
La Biblia narra acerca de cómo la vida del rey Salomón está llena de detalles asombrosos. Es una historia con un inicio increíble y un final muy difícil de creer. Una pregunta que podemos hacernos cada vez que recordamos la historia de este famoso rey del antiguo Israel es: ¿cómo fue posible que Salomón se alejara del camino de Dios después de haber recibido tantas cosas buenas? Personalmente, yo he pasado tiempo intentando comprender cómo el hombre más sabio de la historia pudo tomar decisiones tan insensatas. Paradójicamente, una de las claves de su caída fue también una de las razones de su ascenso. Me refiero a su humildad inicial.
El libro de 1 Reyes registra uno de los ofrecimientos más grandes que Dios le ha hecho alguna vez a un hombre, y una maravillosa respuesta llena de humildad.
“Y se le apareció el Eterno a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día. Ahora pues, Eterno Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?” (1 Reyes 3:5-9).
¿Qué haríamos nosotros si Dios nos diera la oportunidad de pedir lo que quisiéramos en esta vida? Probablemente pediríamos cosas, a nuestro juicio, importantes y necesarias. Como seres humanos estamos acostumbrados a pedir lo que pensamos que nos falta satisfacer. ¿Y qué tal si nos falta sabiduría y humildad? ¡Salomón le pidió a Dios sabiduría para cumplir las tareas que le habían sido encomendadas! ¡No le pidió dinero, ni comida, ni fama, ni poder, ni ninguna otra cosa que podamos imaginar que un rey desearía tener!
La soberbia es lo opuesto a la humildad, si caemos en soberbia, la consecuencia es que la sabiduría se aparta de nosotros y eso nos trae vergüenza.
Como resultado de esta magnífica respuesta de Salomón, Dios les concedió el don de ser el hombre más sabio que haya existido y existirá, y además le dotó de riquezas y honor.
“Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto. Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días. Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días” (1 Reyes 3:10-14).
La humildad que Salomón mostró en esta ocasión impactó a Dios. Su humildad fue clave para marcar una maravillosa relación inicial con Él y la admiración de los demás, lo cual se mantuvo en crecimiento durante el tiempo que Salomón vivió en humildad.
Preguntas para reflexionar
¿Cómo son nuestras oraciones diarias? ¿Nos centramos el mayor tiempo de oración en nuestras propias necesidades y deseos, o estamos dedicando este tiempo para pedirle a Dios más sabiduría para guiar a quienes necesitan nuestro liderazgo (esposa, hijos, hermanos) y apoyar su crecimiento espiritual? Son preguntas que yo me he tenido que hacer, y darme cuenta de que, si no vivo con este tipo de humildad, corro el riesgo de creerme más importante que los demás y caer en soberbia.
El castigo por caer en soberbia está registrado por el mismo Salomón en Proverbios 11:2: “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Mas con los humildes está la sabiduría”. La soberbia es lo opuesto a la humildad, si caemos en soberbia, la consecuencia es que la sabiduría se aparta de nosotros y eso nos trae vergüenza.
2. Efecto de las influencias
Existe un refrán muy conocido que dice lo siguiente: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Este dicho es pura sabiduría práctica. En mi caso, yo ando todos los días cerca de mi esposa e hijas, quienes son amantes de los quesos y los postres, y me he convertido inevitablemente en un degustador de quesos, cheesecakes y brownies. Cuando vivía en Chile, el año 2013, mis amigos más cercanos de la Iglesia compartían interés en las motocicletas. Yo nunca me había atrevido a manejar una. De hecho, me causaba un poco de temor hacerlo. Sin embargo, pasaba tanto tiempo con ellos, subido en una motocicleta, que al final terminé aprendiendo a conducirlas. El entorno impacta en nuestras costumbres y hábitos.
El mismo Salomón escribió este principio en un proverbio: “El justo sirve de guía a su prójimo; Mas el camino de los impíos les hace errar” (Proverbios 12:26). Lamentablemente, este rey se rodeó de influencias impías y no siguió, en su vida personal, su propio consejo. La Biblia nos declara que Salomón tuvo muchas mujeres, y además de ello muchas de éstas eran “gentes de las cuales el Eterno había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses” (1 Reyes 11:2). Sus mujeres lo influenciaron a construir altares a dioses paganos y a adorarlos (1 Reyes 11:4-8). La exposición prolongada a la idolatría desvió el corazón del hombre más sabio del mundo.
Preguntas para reflexionar
¿Cuánto tiempo pasamos con personas que nos influyen negativamente? ¿Estamos buscando voluntariamente pasar más tiempo con personas que no practican los principios de vida cristianos, en lugar de hacerlo con las personas que buscan vivir como Dios nos manda?
3. Vivir la sabiduría y no sólo decirla
Una de las lecciones más grandes que encontramos en la historia del rey Salomón es que tener sabiduría, conocimiento, riqueza y fama no garantizan la lealtad a Dios. De nada sirve conocer muy bien en teoría el camino de Dios si no se vive por él. Como me dijo en una ocasión un ministro de la Iglesia de Dios: “No importa tanto cuánto sabes tú acerca de la Biblia, sino cuánto de lo que sabes aplicas verdaderamente en tu vida”.
Preguntas para reflexionar
¿Qué tan seguido damos sabios consejos a los demás? ¿Qué tan seguido aplicamos nuestros propios buenos consejos a nosotros mismos? ¿Somos coherentes en nuestra forma de vivir con los consejos que enseñamos a otros?
Desear dar consejos sabios a los demás es una buena meta para todos nosotros. Sin embargo, la meta por la que debemos trabajar con más dedicación es vivir una vida de obediencia incondicional a Dios, y no de aparente sabiduría. Debemos vivir el camino de Dios con integridad de corazón, sin aparentar sabiduría que no practicamos nosotros mismos.
Detecta la enfermedad y lucha contra ella
La enfermedad de la paradoja de Salomón se puede reconocer y evitar, examinando la importancia que le damos a nuestro prójimo, por encima de nosotros mismos y la influencia de la cual nos rodeamos comúnmente.
Debemos cuidar nuestro corazón para no caer en la paradoja de Salomón, viviendo íntegramente lo que decimos. Analicémonos cada uno de manera personal cómo estamos viviendo nuestra fe y pidámosle ayuda a Dios para que nos dé una buena conciencia y profundidad de pensamiento. Que Dios nos ayude a reconocer y evitar esta grave enfermedad y que nuestro ejemplo de vida sea el mejor consejo para los demás.
Estudie más acerca de la sabiduría en nuestro artículo “Palabras de sabiduría”.
Fecha de publicación: Marzo 20, 2026