Los seres humanos necesitan arrepentirse
En esta segunda parte de nuestra serie acerca de tres grandes temas de la Biblia, analizamos por qué los seres humanos deben arrepentirse para tener una relación adecuada con Dios.

En la primera parte de esta serie acerca de tres temas de la Biblia, aprendimos acerca del gran propósito de Dios de desarrollar una relación con los seres humanos. Aprendimos que el pecado es lo que impide esa relación. El pecado se define como la transgresión de la ley de Dios (1 Juan 3:4). Dios deseaba construir una relación con Adán y Eva, y posteriormente con la nación de Israel, pero esa relación se rompió cuando ambas partes se desviaron de las leyes de Dios.
Actualmente, Dios está llamando a un número relativamente pequeño de seres humanos de todo el mundo para que establezcan una relación con Él y se unan a su Iglesia.
Entonces, si Dios le está llamando a usted, ¿cómo puede construir una relación con Dios ahora y ser parte de su Iglesia?
Para obtener más información acerca de la doctrina bíblica del arrepentimiento, le invitamos a leer nuestros artículos acerca de “El arrepentimiento”.
Tema No. 2: los seres humanos necesitan arrepentirse
Para que podamos tener una relación con nuestro Creador, debemos arrepentirnos de nuestros pecados. El pecado nos impide desarrollar una relación correcta con Dios. La Biblia revela: “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Isaías 59:2, énfasis añadido). Esa separación causada por el pecado conduce en última instancia a la muerte eterna (Romanos 6:23).
La Biblia revela que la única manera de eliminar el pecado y establecer una relación correcta con Dios es a través del proceso de arrepentimiento. El plan de Dios para que la humanidad tenga una relación adecuada con Él comienza con la sangre derramada de Jesucristo (1 Pedro 1:19), lo que hace posible el proceso de arrepentimiento. Dios tiene un plan maestro para llevar a la humanidad al arrepentimiento (1 Timoteo 2:4).
El arrepentimiento no es sólo sentir remordimiento por un pecado en particular, admitir el pecado o pagar algún tipo de penitencia por un pecado. El verdadero arrepentimiento, según la Biblia, es un proceso que tiene un resultado final específico: un cambio de vida.
El proceso de arrepentimiento
1. Una persona debe reconocer su necesidad de arrepentirse. La Biblia revela que Dios es la fuente inicial de la toma de conciencia de la necesidad de arrepentimiento. Dios está tratando sólo con un pequeño número de personas a quienes está llamando ahora (Juan 6:44; Mateo 22:14). Cuando alguien escucha y comienza a comprender el verdadero evangelio y las leyes de Dios, Él comienza el proceso de guiar a esa persona al arrepentimiento (Romanos 2:4; 2 Timoteo 2:25).
Cuando aprendemos que hemos quebrantado la ley de Dios (1 Juan 3:4) y reconocemos que somos pecadores, separados de Dios y merecedores del castigo de la muerte, nos sentimos afligidos. Pero debe ser “la tristeza… según Dios [que] produce arrepentimiento para salvación” (2 Corintios 7:10).
Sin llegar primero a esta comprensión de nuestra pecaminosidad personal, no podemos avanzar al siguiente paso en el proceso de arrepentimiento.
2. La persona debe confesar sus pecados a Dios y ser bautizada. La confesión de nuestros pecados a Dios también es un requisito previo para el perdón: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). La confesión de los pecados es el siguiente paso hacia el arrepentimiento personal. Después de darnos cuenta de nuestra necesidad de arrepentirnos, debemos comprometernos de corazón a dejar de pecar. Pero el perdón de los pecados pasados también es necesario.
El arrepentimiento no es sólo sentir remordimiento por un pecado en particular, admitir el pecado o pagar algún tipo de penitencia por un pecado. El verdadero arrepentimiento, según la Biblia, es un proceso que tiene un resultado final específico: un cambio de vida.
Cuando un grupo de personas, confrontadas con su propia culpa, preguntó qué debían hacer, el apóstol Pedro les dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). El bautismo proporciona la “remisión” (el perdón) de los pecados pasados y la oportunidad de ser perdonados de los pecados futuros, cuando nos arrepentimos de ellos.
Después de habernos arrepentido —haber hecho el compromiso de dejar de pecar, habiendo confesado nuestros pecados, pedido perdón y sido bautizados— somos limpiados de los pecados pasados por la sangre de Cristo (Efesios 2:13).
Pero el proceso de arrepentimiento, confesión y petición de perdón no termina ahí. Incluso después del bautismo, seguiremos tropezando y pecando ocasionalmente (Santiago 3:2; 1 Juan 1:8). Estar verdaderamente arrepentidos —comprometidos continuamente a dejar de pecar y a pedir perdón— es algo que debemos hacer con regularidad.
Sin un espíritu de verdadero arrepentimiento y el perdón resultante de Dios, no podemos avanzar al tercer paso del proceso.
3. Una persona debe cambiar su vida a través del Espíritu Santo. La palabra griega traducida como “arrepentirse” en el Nuevo Testamento es metanoeo. Esta palabra implica un cambio, una metamorfosis, hasta lo más profundo del corazón. Esto, a su vez, produce una vida transformada. Una vez que hemos reconocido nuestra necesidad de arrepentirnos, hemos experimentado un verdadero cambio de corazón, hemos confesado nuestros pecados a Dios, hemos pedido perdón a través de la sangre de Cristo (Hebreos 9:14) y hemos sido bautizados, el proceso de arrepentimiento continúa durante el resto de nuestras vidas físicas. Debemos continuar esforzándonos por cambiar nuestras vidas, superando el pecado y acercándonos cada vez más al carácter perfecto de Dios (Mateo 5:48; Efesios 4:13).
Dios no nos deja solos en este proceso. Él da el Espíritu Santo “a los que le obedecen” (Hechos 5:32). Aquellos que obedecen a Dios de todo corazón (guardando sus leyes y viviendo según todos los principios que se encuentran en la Biblia) reciben el Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos es dado después de que nos hemos arrepentido verdaderamente, hemos sido bautizados y un verdadero ministro de Jesucristo nos ha impuesto las manos (Hechos 2:38-39; 19:5-6).
El Espíritu Santo es el elemento más esencial para cumplir el propósito final de Dios (que fue el tema de la parte 1 de esta serie): desarrollar una relación con los seres humanos, incorporándolos a su familia (Hebreos 2:10; Romanos 8:16). El Espíritu Santo es el poder de Dios que nos fortalece y nos capacita para vencer el pecado, acercarnos a Dios y desarrollar su carácter en nosotros (Gálatas 5:16-17, 22-23).
El panorama general del arrepentimiento
Los tres puntos anteriores muestran, de forma muy breve, qué es el arrepentimiento y por qué es tan importante. Es un proceso que comienza cuando Dios nos muestra la necesidad de arrepentirnos (Hechos 11:18) y nos conduce a una vida transformada, una vida que da “frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8).
Sin arrepentimiento, los seres humanos son “extraños y enemigos” de Dios a causa de sus “malas obras” (Colosenses 1:21). Desde que Adán y Eva rechazaron la guía de Dios en el jardín del Edén, la mayoría de las personas han seguido el mismo camino y se han alejado de la relación con su Creador (Génesis 3:22-24). Afortunadamente, Dios ofreció al ser humano la posibilidad del arrepentimiento. Esto sólo es posible a través del sacrificio de Jesucristo (Colosenses 1:22).
¡Los seres humanos —y eso nos incluye a todos— necesitamos arrepentirnos!
El propósito final de Dios es poner fin a todo el sufrimiento y la maldad que han surgido del pecado de la humanidad. Este cambio es un tema central de las Escrituras y también es el tema de la última parte de esta serie de tres artículos. No querrá perderse la publicación final de esta serie: “El Reino de Dios pondrá fin al sufrimiento y la maldad”.
Fecha de publicación: Febrero 3, 2025